Capítulo único

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Normalmente el cielo es celeste; las flores le brindan alegría a la gente con sus cálidos colores mientras que el verde del césped las acompaña. La sangre corriendo por sus venas, un rojo carmesí intenso. Las lágrimas, por más que poseen un tono indefinido, uno las asimila con el azul opaco. Claro, esto lo tomamos en cuenta ahora pero, ¿Se imaginan un mundo sin colores?

Cuenta la leyenda que siglos antes de los diversos tonos y el brillo, la vida transcurría en blanco y negro. Antes de lo ocurrido, nadie imaginaba algo diferente.

Se rumoreaba que en una isla lejana existe un arco iris, brillando con sus siete colores. Incluso dicen que extranjeros visitaron el lugar para reafirmarlo, sin embargo nadie regresaba con asombrosas anécdotas, o quizá simplemente guardaban el secreto.

Al ser personas con dificultad para distinguir los tintes, ver el arco iris sería un sueño, ya que para ellos es la única maravilla del mundo colorida. Es el único arcoiris con colores.

-¡Saldré a jugar, no tardo! -Exclamó Lía mientras saludaba a sus padres con un movimiento de mano. La niña, pequeña, alegre y curiosa, vivía en la diminuta isla de la que frecuentemente se hablaba; la isla de Ailew. Al igual que todas las mañanas, la jovencita de seis años de edad comenzaba su recorrido por los senderos del pueblo, solo que esta vez decidió guiarse por el petricor producido por la lluvia de la noche anterior cayendo sobre el seco suelo, el aroma que tanto adoraba.

Era temprano y las gotas de lluvia aparentemente iban cesando, pero aún así permanecían. De repente, algo llama su atención. Creyó delirar, pues acababa de observar sentimientos similares a la alegría invadiéndola, al igual que cuando le obsequian un dulce, la esperanza de que sea su sabor favorito y la tristeza, lo cual experimenta cada vez que su hermano menor se lo arrebata de las manos. Era imposible, ¿sentimiento dibujados en el cielo? Aquello, mi querida Lía, no solo son sentimientos, son los actualmente denominados colores. Ella acababa de encontrarlos. El celeste del cielo, el verde de la naturaleza, el rojo de la sangre. Todos ellos y muchos más lo dibujaban, completándolo.

A pesar de que sus ojos ardían levemente, valía la pena, y sin saber exactamente qué hacer, se acercó a lo que comenzaba a parecerle maravilloso. Escuchó los susurros del viento sin querer pestañear en exceso; temía que fuera un sueño. El mensaje era claro, el viento le preguntó que había sentido al ser la única persona en verlo y la niña contestaba con calma. Claramente mentía, pocas personas se encontraron con el arco iris, solo que nadie se atrevió a compartir la maravillosa vista.

Lía lo meditó por tan sólo unos segundos; jamás experimentó sentimientos tan fuertes como los que sintió al ver el arco iris. Ella anhelaba que todo el mundo lo disfrute a su manera, que todos tengan esa posibilidad, al igual que ella.

Acercándose hasta la fuente de color, le sonrió al viento por última vez antes de rozar la yema de sus dedos con lo cálido del amarillo. Y así fue como Lía se convirtió en arco iris. Su vista recorría la colorida tierra. Por supuesto, no solo es un arco iris, sino un arcoiris con color, quien le dio el origen al mismo.

Se dice que el fenómeno del arco iris colorido se transformó en un paisaje en blanco y negro. El mundo entero tiene color, excepto él. Pero también se dice que en los días soleados tras la lluvia, Lía visita a su pequeña isla, sonriendo con el resto de sus habitantes.

La isla de Ailew [🌈]Stories to obsess over. Discover now