Melany
El Doctor nos ha hablado de sitios inimaginables
Pero Ingrid no le ha prestado demasiada atención, porque estaba pensando en su querido novio.
El Doctor habla de cosas que nadie puede imaginar, de sitios que parecen inventados por un loco, y de seres que parecen sacados de una película. Se ríe al ver mi expresión de desconcierto y de incredulidad, pero en el fondo sé que todo lo que me dice es verdad. Yo lo he visto con mis propios ojos.
De repente, la Tardis deja de funcionar. Lo sé porque el pilar que hay en el centro ha dejado de hacer ruido.
-¿Qué ha pasado?-pregunto-¿Se ha estropeado?
-No-responde, simple y llanamente.
-¿Entonces? ¿Qué es lo que pasa?
Como no obtengo respuesta, me cabreo, alzo la voz y le digo:
-¡No te hagas el misterioso, dímelo!
-Alguien está planeando algo contra la raza humana.
-¿Estamos en peligro?
-No. Pero tenemos que detenerlo.
El Doctor sale de la Tardis, se para enfrente de la puerta, pone los brazos en forma de jarra y respira el aire, como si fuese algo agradable.
-¿Dónde estamos?-pregunta Ingrid, que se levanta sollozando y se encuentra con el panorama que hay fuera.
-En La Tierra-le responde.
-¿Pero en qué lugar?
-Tucson, Arizona, año 2014.
-¿Han pasado cinco años en veinte minutos?
-No, ya te dije que la Tardis viaja por el tiempo.
-Qué fuerte.
-Qué frío hace, ¿no?-pregunto, arropándome con mis manos, intentando entrar en calor moviendo mis palmas sobre mis brazos- Para tratarse de Arizona, digo.
-Pues sí-responde el Doctor-. Mira, ya tenemos una pista de por qué hemos venido a aquí.
Ingrid y yo avanzamos unos pasos, y el Doctor cierra la puerta de la Tardis que, por cierto, llama mucho la atención en medio de la arena.
A medida que me adentro en Tucson me voy dando cuenta de que no hay gente en la calle. Hay algunos coches varados en medio de la carretera, y algunos objetos indican que la gente ha tenido que huir sin poder llevarse nada.
Hay un edificio que me llama mucho la atención. Es de hormigón y sus puertas son de cristal. Hay ventanas por gran parte de la fachada, y su sobriedad hace que destaque entre las calles, que están plagadas de detalles y palmeras ornamentales. Pero lo que más me extraña es que en la entrada principal hay una serie de hilos negros de aspecto pegajoso que conectan el techo con la acera.
-¿Qué es eso?-le pregunto al Doctor. Él se gira inmediatamente, porque estaba mirando en dirección contraria.
-No te lo puedo confirmar-me responde-, pero diría que no es algo bueno.
-¿Por qué no hay gente en las calles?-pregunta Ingrid.
-No lo sé, ¿por qué no preguntamos a alguien?
El Doctor pica al timbre de una casa y espera paciente, con una sonrisa, a que le respondan. Pierde la paciencia, pero mantiene la sonrisa, al saber que no hay nadie. Prueba lo mismo con todas las casas del callejón, e ídem.
-Estoy empezando a pensar que han desaparecido-dice riéndose, e Ingrid se sorprende ante se expresión.
De repente, el suelo tiembla. El Doctor nos ordena que nos sentemos, así no tenemos el riesgo de caernos y hacernos daño. Una vez en el suelo, el temblor para y nos levantamos para examinar la zona y averiguar que ha pasado.
Se escuchan unos pasos en uno de los callejones colindantes a este. Nos dirigimos sigilosamente a él para ver si haya alguien que nos pueda ayudar a descubrir qué pasa, pero lo único que vemos es un árbol.
-A lo mejor me lo estoy inventando, pero juraría que había escuchado pasos-nos dice el Doctor.
-No, yo también los he escuchado-le digo.
Examinamos el callejon, que debe medir como un coche de ancho. Es bastante lúgubre y huele a moho. Hay pequeños baches en el asfalto y esto hace que se formen pequeños charcos. Las paredes que lo rodean son todas grises, como si el propio callejón la shubiese pintado así. Y el sol parece que teme alumbrar este oscuro corredor.
Me acerco al árbol y lo examino. No tiene hojas, es decir, sus ramas están desnudas. Su tronco es relativamente ancho, y sus raíces crecen por encima del pavimento, dominándolo, destrozando todo lo que se encuentra.
Lo que más me ha llamado la atención es el hecho de que las raíces no crezcan bajo la tierra. Examino una de ellas, tocándola las manos: está húmeda y su textura es dura. De repente, el suelo empieza a temblar.
El Doctor me coge y me aparta de ahí rápidamente. El árbol cae al vacío hasta una planta que está bajo tierra, llevándose un círculo de tierra.
Examino el boquete que ha dejado el árbol: hay una altura de treinta metros, aproximadamente. es una galeria que se ensancha a medida que llega al suelo, y se bifurca en dos pasillos.
-Hay que bajar-me dice él.
-Lo sé, pero, ¿cómo?
-Eso es lo de menos. La pregunta es el qué.
-¿El qué?
-Qué es lo que encontraremos ahí abajo.
El Doctor retrocede hacia la Tardis, y nosotras le seguimos por miedo a algo, sin saber el qué. Una vez al lado de su máquina del tiempo, sale con una cuerda bastante larga, que creo que pretende utilizar para bajar a las galerias subterráneas que hay bajo el árbol.
Volvemos otra vez al boquete que el árbol ha dejado. El Doctor lo examina con la mirada, depsués se acerca y se pone de cuclillas para investigarlo con las manos.
-Las paredes son muy débiles-dice-. Si no bajamos ya, puede que se acabe cayendo todo el techo.
Al principio me lanzo y acepto que tengo que bajar, pero una vez miro el boquete pienso quee me voy a matar.
-Creo que no puedo-le digo-. No creo que pueda bajar.
-Oh, venga ya, te has estado haciendo la dura todo el tiempo, ¿y ahora no puedes bajar?-me pregutna el Doctor, que está a medio camino.
Me mentalizo diciéndome a mí misma que antes, si no hubiera sido por él, me hubiera caído, así que bajar no debería costarme tanto. Debo asumir que mi destino era estar ahí abajo, que el medio daba igual: si cayéndome o bajando con una cuerda. Tengo que decidir: o caer y matarme, o descender y llegar sana y salva.
Despejo mi menta y dejo de pensar en la altura. Me cojo de la cuerda, justo cuando Ingrid ya ha llegado abajo. El Doctor está abajo para que, si me caigo, no me haga tanto daño.
Menos mal que estaba allí, sino me hubiera matado. El suelo se ha resquebrajado, y la cuerda se ha soltado de donde estaba cogida, así que yo he caído al vacío. Afortunadamente, he aterrizado en terreno blando.
-Lo-lo siento-digo, tartamudeando, y mirando a los ojos al Doctor.
-No pasa nada-responde, sonriendo-, pero agradecería que te levantaras. Me estás aplastando las piernas.
Una vez me levanto, me dijo en que Ingrid se ha quedado atónita al ver este sitio.
-¿Dónde estamos?-pregunta.
-En las galerías de investigación-responde el Doctor.
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Raíces
Science FictionPoco a poco e inexorablemente, el mundo en el que habita Eric va cayendo en un declive. Pronto se dará cuenta de que esto no lo han causado humanos, ni tan sólo la misma Tierra. ¡Alerta por spoilers! Este libro contiene fragmentos de la trama de To...
