¿Alguna vez has sentido que no encajas en un lugar?, ¿Qué no es lo que esperabas que fuera?, ¿Qué todo el mundo parece estar en tu contra?, eso es lo que yo siento cada día de mi vida, en todos estos 18 años que tengo, jamás he sentido que pertenezco a algo, no sé que hacer de mi vida.
Todo es tan complicado, tengo una madre que no me quiere y que solo se acerca a mi cuando necesita algo, siempre me deja sola y tengo que vérmelas por mi misma y los días que esta en casa solo es para hacerme la vida miserable y recordarme que hubiera estado mas feliz si nunca hubiera nacido; pero que podía hacer yo, nada. Para ella yo no tenía voz ni voto, solo soy un estorbo en su vida.
Así que para no estar soportándola me levanto temprano para ir a la escuela, aunque no me gusta ese lugar, todos son unos perdedores que solo piensan en tener sexo con todo aquello que le encuentran un agujero. Solo quedaba soportar sus tonterías, así que me baje a la cocina y para mi sorpresa mi madre estaba ahí, sentada sobre la mesa.
—podrías hacerme el favor de bajarte de la mesa —dije mientras me dirigía por un plato.
—que forma de recibir a tu madre.
—discúlpame —dije sarcástica —¿acaso quieres que te reciba con un ramo de flores? O mejor aun, con un gran desayuno y un enorme letrero de bienvenida querida madre irresponsable.
—tengo derecho a divertirme, no todo son obligaciones en esta vida —se bajó de la mesa y se fue contoneando hasta que llego al marco de la puerta y al llegar a las escaleras me gritó—¡no quiero ser una aburrida como mi estorbosa hija!
Preferí quedarme callada y opté por prepararme el desayuno.
Miré hacia el reloj rosado que estaba pegado a la pared y ya eran las 8:00 a.m., genial, ya se estaba acercando la hora de la tortura escolar; subí a mi cuarto me puse unos jeans ajustados de color azul rey y una camisa negra con mangas largas, tejida a mano. Tomé mi mochila y me la colgué en el hombro. Al salir de casa no podía faltar mi café así que pase a un Starbucks y me compre un café colombiano.
Al salir del establecimiento estaba tan apurada que al abrir la puerta solo sentí como golpeé en algo duro y el sonido de mi café golpeando el piso.
—FÍJATE, MOCOSA —gritó mientras se limpiaba un poco.
—¿disculpa? —dije sarcástica mientras salía por completo del establecimiento.
—te disculpo, pero deberías salir de tu burbuja.
—el que debería de salir de su burbuja es otro, ¿crees que puedes hablarle a la gente de esa forma?, ¿Quién te crees para gritarme?
—¿Cómo quieres que te hable?, si me has manchado con café, estúpida.
—escúchame idiota...
—tú escúchame, estúpida, vas por ahí sumergida en tus pensamientos, provocando accidentes a los demás, ya estas muy grande para ir fantaseando.
—sabes que, no voy a estar perdiendo mi tiempo con gente como tú —levanté mi vaso de café y lo puse en el contenedor de basura. Pero al querer marcharme algo me detuvo, ese despreciable chico me tomo por la muñeca —suéltame —dije molesta.
—tienes que pagar por lo que hiciste.
—yo no voy a pagarte nada, es tu culpa por meterte en el camino de la demás gente, así que suéltame —exclame molesta mientras forcejeaba para soltarme.
—no te voy a soltar hasta que me pagues por los daños que causaste —dijo mientras apretaba un poco más mi muñeca.
—estas lastimándome, así que suéltame y deja de comportarte como un niño que no consigue lo que quiere.
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Del odio al amor
RomanceNo todas las historias de amor comienzan de la mejor manera, pero siempre se puede aprender de ellas.
