Capítulo 1

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Durante la guerra y a lo largo de los años, aprendí que los presentimientos no hay que pasarlos por alto. Ser una de las primeras doctoras fue prueba de ello, aún nos trataban como enfermeras a fines del siglo XIX, quien iba a imaginar que al comenzar la guerra ser doctora tuvo su importancia. Las masacres descritas por los historiadores no se comparaban con el escenario de aquel lugar. La sangre de muchos, era derramada cada día, en ese entonces quise seguir ayudando con mis habilidades profesionales, pero como dije antes.

"no hay que pasar por alto los presentimientos"

Ese día ocurrió un ataque en el hospital de campaña, gracias a ello quedé con una "herida de guerra", que con los meses se volvió un dolor crónico en la pierna derecha, y para mi mala suerte enfermé de fiebre tifoidea, logrando recuperarme un poco, pero debido a esto fui llevada a casa.

Al principio me auto convencí que todo iba a estar bien en casa, retomé mis consultas médicas, mi marido no estaba como de costumbre. Gracias a su trabajo como doctor de tiempo completo y digo "gracias" porque tenerlo en casa era un verdadero caos, ya no era cómodo estar cerca de él desde que sus ideales de la "esposa perfecta" empezaron a recaer sobre mí.

Tiendo a sobrepensar demasiado, haciendo que mis pensamientos me jueguen una mala pasada, como por ejemplo, el tiempo, ya se estaba haciendo tarde y debía revisar a un paciente que estaba postrado debido a su vejez. Traté de apresurarme y no llegar demasiado tarde, pero como siempre el destino no está de mi lado.

Me acababa de estrellar contra alguien, un hombre específicamente, era alto, de cabello oscuro y bien peinado, de nariz fina y aguileña. Se notaba de alta alcurnia, sin embargo, sus zapatos a medio lustrar me provocaba confusión. Tenía prisa, era obvio, pero por alguna razón sus ojos no decían lo mismo.

—Perdón señor, iba con un poco de prisa— expresé avergonzada, lo había analizado de pies a cabeza y estaba claro que "la prisa" ya no era válida—.

—Perdóneme usted mi bella dama—dijo aquel hombre desconocido tomando mis manos y plasmando un beso en el dorso de las mismas como gesto de saludo— perdone por haberla importunado en su camino, pero de casualidad ¿Está usted ligada al área de la medicina?— preguntó mirándome directo a los ojos como si esperara con urgencia mi respuesta—.

—Efectivamente señor, soy doctora, pero si me disculpa...—conteste con prisa, pero automáticamente me interrumpe —.

—Como lo imaginaba, sus manos son parecidas a la de los médicos de guerra, además, su forma de caminar me lo asegura, al parecer sufrió de tifus debido a las malas condiciones en el campo y la enviaron a casa ¿no? —.

—¿Acaso me está investigando?¿Quién es y qué es lo que quiere de mí? — pregunte algo exaltada, tal vez después de la guerra mandaron a espías para vigilar cada uno de mis movimientos o aún peor espías del bando contrario, es una época peligrosa después de todo y ser mujer no se si se considera una ventaja —De donde saco tanta información ¿Quién lo contrató? ¿James? — el hombre que estaba delante mío no generaba ningún tipo de desconfianza, sin embargo, en situaciones así uno debía estar alerta, ser mujer en la sociedad actual conllevaba riesgos, y yo no me disponía a correrlos menos cuando mi marido se había vuelto practicamente un extraño en mi vida, tal vez exagero, pero no conozco al James actual—.

—No se alarme señorita... disculpe no le he preguntado su nombre —dijo el hombre desconocido—.

— Jeanne, Jeanne Watson—conteste, le agradecia que me llamara señorita, hace algunos años no lo escuchaba hacia mi persona—.

—Bueno señorita Watson, no fue mi intención intimidarla solo me pareció ver un buen potencial en usted, de hecho, creo que es usted justo lo que necesito—dijo sin titubear—.

Jeanne Watson [COMPLETA]Stories to obsess over. Discover now