El susurro en mi oído no cesaba, era como un zumbido estridente que amenazaba con joderme el tímpano. Tendré que buscar el café por mi cuenta, la noche olvidó traer tu presencia, pero si me trajo cortisol. Desde que comenzamos el juego de mentiras y te creos, este amiguito y yo somos tan unidos. ¡Esa bella mitomanía!
La capacidad de poder acarrear de entre la noche los más profundos y "sensatos" sentimientos era lo que me adhería a él de maneras cada vez más fuertes. Él me creía cuando le decía que la verdad se me hacía presente en cada una de sus miradas. Bastaba solo con tocarme para que la mentira se manifestará disfrazada de verdad y ahí estaba yo, jugando a creerle. Recuerdo cuando le vi por primera vez. Aparcando un coche en la espesura de la noche. Las nubes oscuras amenazaban con dejar caer uno de esos chubascos que anuncian en los corridos populares, tan fuerte y a la vez heroico. Así quise que fuera aquél momento: Era un día de invierno y ahí estaba él, con su porte apropiada, su jersey café, bien alineado, desesperado por dentro y relajado por fuera. En ese instante cuando le vi por primera vez, supe que quería verle el resto de mis días desde aquel momento, sus ojos, Dios... Que me mirara así me mataba, y me revivía en un segundo, era un éxtasis mirarlo.
¿Mirar a Dios? ¿Dios podría caber en sus pupilas? Sabía que estaba enamorada. Me lo dictaba el corazón a una velocidad incesante, me lo dictaban los párpados y ese maldito TIC nervioso, me lo dictaban sus labios que entre el silencio me imploraban besarle, me lo dictaba la humedad de mi entrepierna, me lo dictaba el cielo en forma de truenos y relámpagos varios. Era obligación del clima volver este momento un momento heroico, Un momento heroico, un momento unico, irremplazable, INEVITABLE. Llegué hasta él con un pánico interior y me odie por sentirme así, me le pare enfrente y sonreí.
-¡Hola!
Luego le bese y abracé como jamas saludas a un "extraño"; si extraño, entre comillas, porque como llamar completo extraño a quien sientes conocer ya, a quien deseas entregarte con pasión, a quien estas amando ya. Así fue como aquella tan esperada tarde nos cruzamos. Y es que, ¿que acto más heroico que la brusquedad de la honestidad vívida en la piel? Porque en definitiva fue honesto aquél gesto, de algún modo mi piel se erizaba por culpa de aquella sensación de pasión. Ya le amaba, ya le esperaba.
Parecía un milagro sentir cómo es que mi alma por completo le reconocía, Parecía un sueño, su piel, rayos, ¡Su piel! Aún no se como expresar lo suave y deliciosa de su piel: Sus manos, sus grandes y firmes manos, cuanta seguridad me dieron, su boca, sus labios, su lengua. Besarlo, besarnos, conectarnos, sentirnos, mojarnos, inevitable: ¡UNA EXPERIENCIA INEFABLE! Mi alma le reconoció. Pero hoy; hoy nació el deseo de saber de él.
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La llegada del insomnio sin café
RomanceDe pronto la vida nos coloca en caminos extraños, en días raros, en amores pasajeros que al mismo tiempo son eternos. Imagina de pronto, encontrar al amor de tu vida en otros ojos, otro rostro, otra voz y quizá, otro tiempo. El café siempre es indis...
