Pensar en los recuerdos de una alegre infancia dan esperanza a mi alma, la amarga realidad de cada día mata esa pequeña luz que intenta sobrevivir en este mundo.
Tal vez sea por la indiferencia de los padres a los deseos de los hijos que dan prioridad al trabajo y consumen los sueños de un niño que idealiza un mundo mejor en su futuro.
O quizá sea la falta de justicia en un país que compra la verdad con sobornos y falsas noticias para aparentar frente a un pueblo que con vendas en los ojos no ven lo que pasa.
No aceptar la idea de la libertad en el amor nos vuelve más ignorantes porque negarles la felicidad a dos amantes que son atormentados, solo por ser del mismo sexo es cobarde.
Hay tantas razones para perder la esperanza, en este mundo tan caótico en que las personas te señalan porque tienen el alma negra por perder dicha luz que los guiaba.
Dicen que sólo los fuertes sobreviven que no es del todo cierto, porque hay hombres y mujeres fuertes muriendo por dentro, las buenas acciones son tan escazas entre seres humanos.
Que en cada alma ya no hay esperanza, pero pensar que los culpables de todo esto somos nosotros que no nos quitamos la venda de los ojos y hacemos un cambio.
Triste realidad que no podemos cambiar porque la iniciativa de cada uno no se da, la solución está en nuestros manos pero preferimos no hacer caso y dejar morir la esperanza.
Mi alma no soporta ver los casos en los que nuestra moral es un juego para los demás, mi esperanza en algún momento se acabará y solo me queda aceptar esta triste realidad.
