Kirkland, Washington
A mediados de los '90.
La primera vez que vi a Layne, ambos teníamos diez años. Era la niña nueva en la escuela por lo que, me convertí en el blanco de todas las burlas. Hasta que él me ayudó, protegiéndome de todos.
Layne era alto para solo tener diez años e intimidaba a todos los demás niños, provocando que nadie quisiera acercarse a él. Parecía estar bien con eso, si los gruñidos que lanzaba a quien se acercara, no eran un indicio.
Desde el día que me salvó, Layne y yo nos convertimos en mejores amigos, éramos inseparables y nadie se atrevía a joder conmigo, gracias a él.
Una sonrisa real se formó en mi rostro al pensar en él.
Tantos recuerdos buenos y felices junto a él, no pudieron borrarse a pesar de lo malo.
Todavía recordaba nuestras tardes a orillas del Lago Washington, en Marsh Park, en nuestra adolescencia.
Layne se sentaba, tomaba su guitarra y tocaba con un cigarro colgando de sus labios. Observaba cada detalle de él con fascinación. Sus talentosos dedos, rasgaban las cuerdas de su guitarra con la mirada puesta en el cielo, tarareando alguna canción que venía desde lo más profundo de su ser.
Algún día, sería importante. El mundo lo reconocería. Su legado, sería su música. Lo sabía. Las cosas increíbles que podía lograr con sus voz... Sí, era el mejor. Era todo para mí. Su sueño de convertirse en cantante, tener su propia banda, se haría realidad. Estaba destinado a cosas grandes. Todo lo contrario de mí.
Se había dejado crecer el cabello, cayendo suaves ondas sobre sus hombros. Le quedaba bien, lo hacía verse más... ¿Imponente? Le daba ese toque rockstar que tanto anhelaba.
Su mirada se encontró con la mía, sin dejar de rasgar las cuerdas. Sus ojos celestes, brillaban mientras cantaba con su intensa mirada fija en mí.
Layne exudaba talento. Tenía un don maravilloso. Su voz, de un tono ronco, oscuro y melodramático, le daba a su música, la emoción perfecta. Transmitía toda esa angustia, dolor e ira que guardaba en su interior. Escucharlo me provocaba mariposas en mi estómago y mi pecho aleteaba. Cada una de mis terminaciones nerviosas se avivaban cuando lo escuchaba.
Lo adoraba, besaba el suelo por el cual caminaba, y él también lo hacía. Hasta que un día, ya no lo hizo.
Él cambió, yo cambié.
Nuestras vidas cambiaron.
Es irónico como cambia la vida de un día para otro, tus planes ya no significan nada y la gente que creías importante, ya no está.
Y todo lo que te queda es un corazón roto y un vacío imposible de llenar. Por él, porque lo necesitas casi tanto como el aire que respiras. Y poco después, te encuentras hundida hasta el fondo en tu propia mierda, incapaz de ver más allá de tu mierda. Sola, sin nadie a tu alrededor para aliviar el dolor...
Y en todo lo que piensas es en hundir las cuchillas que sostienes con tus manos en la tierna carne de tus muñecas y terminar con la pena.
Pero eres demasiado cobarde para eso. Y porque aún guardas la esperanza de que vuelva por ti y sane el dolor de tu alma.
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Love, Hate, Love.
RomanceLayne era la única persona importante en mi vida. Fuimos inseparables por mucho tiempo. Éramos uña y carne. Beth y Layne, juntos contra el mundo. ¿Qué haces cuando estás enamorada de tu mejor amigo pero no puedes decírselo porque sabes que eso l...
