EFÍMERO

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"Cien años, mil años, no importa, de todos modos la vida del espíritu es una sola. La vida del cuerpo, en cambio, transcurre como un sueño efímero, es pura ilusión".

-El reino del dragón de oro,
Isabel Allende.

-¡Basta, concéntrate! ¡Baja la velocidad! -grita la parte sensata de mi conciencia al borde de un ataque de histeria.

-Toda buena historia se merece un gran final -le interrumpe una voz de soprano en un tono cantarín, restándole importancia.

No es la primera vez que escucho voces en mi mente, pero justo ahora es el peor momento para estar en medio de una discusión imaginaria. Decido ignorarlas como siempre. Me concentro en el corazón. Es su turno de decir algo. Al fin y al cabo es quien se ha roto en mil pedazos.

El silencio inminente es la única respuesta.

Con lágrimas en los ojos sólo puedo suponer que el trauma es demasiado severo; mi corazón y yo hemos perdido toda comunicación.

-¡Despiértalo, deja que se baje! -exclama de nuevo mi conciencia, ahora en un completo estado de neurosis.

-Es tuyo, no de nadie más -reclama la voz del cantante de ópera, subiendo el volumen a su extraño y chillón recital.

-¡De esta forma no! -grita mi corazón en un último suspiro.

Un corazón moribundo y la conciencia dividida son de poca ayuda, pongo toda mi atención en el volante: Ciento ochenta kilómetros por hora, autos en contra de mi dirección, una botella de tequila y un confeso copiloto infiel tampoco son una buena combinación.

O quizá sí... La mezcla perfecta para el desastre.

Como una bola de demolición, el inevitable impacto llega. De frente, sin piedad.

No sé qué es lo más sorprendente: la falta de dolor físico o esa horrible, chocante y cegadora luz blanca.

Entre la Tierra y la eternidadStories to obsess over. Discover now