Capitulo I- Intrínseca Atracción.

67 9 0
                                        



"El poder inexplicable de la imaginación, logrando transformar las ideas mas descabelladas, emergiendo desde lo mas profundo de mi subconsciente, elevándome a un nivel inmensurable de libido...

Sus manos en mi cuerpo, sus labios en los míos, mis manos tocado su sedoso cabello..."

-Solo sueños húmedos.- suspiro con vehemencia en susurro.

-Audrey, otra vez estas murmurando cosas sin sentido...- escucho a lo lejos pero no respondo.

"Su cuerpo desnudo y tórrido pegado al mío, sentir querer hundirse uno en la anatomía del otro; pasar mi lengua por su labio inferior dejando una delicada pero firme mordida, seguir mi camino por su torneada barbilla, luego su cuello, su pecho, su abdomen, su..."

Presa de una profusa e ígnea imaginación, olvidando el lugar en el que me encuentro un gemido involuntario se escabulle de entre mis labios.

-Audrey ¿Se encuentra bien?

-Me encuentro bien, siempre lo estoy. - respondo al fin, regresando a mis 5 sentidos.

Debo con dificultad manejar mis medios, mantener el profesionalismo, mantener mis criterios, siempre firme, no flaquear.

-No puedo dejar que me vuelva loca...- susurro otra vez de manera involuntaria.

-Audrey, De veras me asusta,  ¿Esta segura de que se encuentra bien?

-Estoy optima, Sidney, si estuvieras más pendiente a tu trabajo y no monitoreando cada acción que emito probablemente no te asustarías, ahora, vuelve a tus asuntos; inmediatamente. - dije en tono seco, bajo, controlado pero autoritario.

-Sí, disculpe. 

- Disculpas aceptadas.

Pretendía continuar mi trabajo, pero esa presencia tan imponente que siempre logra encender mis sentidos, lo percibo en el área, aunque no pueda verlo; ese olor que me hace querer tener un orgasmo todo el tiempo, como la música es para la audición, su aroma es deleite para las fosas nasales.

-Carácter. - Dice con su voz sensual que desprende majestuosidad y masculinidad.

Su voz pone todas mis hormonas en alerta máxima, una electricidad desconocida se concentra justo en donde se conecta las uniones pelvianas, me estremezco interiormente,  pero me controlo, como siempre . 

Mi mente comienza a producir un mantra: Profesionalismo, control, criterios, siempre firme, no flaquear; y se repite como jingle publicitario una y otra vez, para convencerme. 

-Tu Carácter, Audrey. Me encanta, simplemente, con más personas con tu carácter para el trabajo en esta empresa, seríamos más multimillonarios que en la actualidad. Buen trabajo, como siempre.

"Escuchar mi nombre de sus carnosos, rojizos, apetecibles, besables, sensuales, mordibles labios es tan..."

¡Audrey!

Recuerda tu mantra; Profesionalismo, control, criterios, siempre firme, no flaquear...

-Gracias Señor Wells, No tiene que.

-Te necesito en mi oficina en 10 minutos. - dijo mientras dando la vuelta marchaba elegante a su oficina.

Otra vez, ese cambio a tonos fríos y condescendientes. Un momento cálido y hasta podría decirse amable y al otro instante, simplemente vuelve a ser el jefe, temible y oscuro Señor Wells.

Pero el problema es que me encanta de todas maneras...

-Sí, Señor Wells.

"Su oficina, escenario de muchas de mis fantasías mas promiscuas; cuanto me gustaría que me besara con fuerza hasta secarnos el paladar, que me sostenga ardiente, me arrancase las ropas y me hiciera suya sobre su escritorio..."

-Si no fuera porque la expresión de su rostro  siempre es neutra,  que pienso seriamente en que lo que ocurre a su alrededor no le afecta en lo absoluto y que es un híbrido entre témpano de hielo y una hermosa muñeca biónica diseñada únicamente para trabajar de manera extraordinaria, diría que está desnudando con la mirada al Señor Wells, Señorita Audrey .

"Esa chiquilla tan... ocurrente."

-Sidney, si verdaderamente valoras tu trabajo en esta empresa es mejor que mantengas tus ocurrentes opiniones en un estado de reposo, ahorra la capacidad del diez por ciento  que tienes para pensar y utilízalas en tu labor. ¿Estamos de acuerdo? - No respondió. - Me alegra que podamos concretar un trato cordial, ahora, a trabajar.

-Con esa cara, no parece alegrarse. - susurro.

- Te escuche.

Y dejando a una Sidney callada y pendiente a sus asuntos, al fin, me puse en pie y camino a la Oficina del Señor Wells.


For You, Your AssistantStories to obsess over. Discover now