Symphony - Zara Larsson ft Clean Bandit
«—¿Qué es esto? —pregunté mientras miraba con curiosidad tu regalo.
—Un DVD —respondiste como si no lo supiera y, tal vez por la mirada que te dediqué, añadiste:— Yo... no sabía que darte y... quería que sea especial y...
Estabas tan nervioso que las palabras parecían no querer salir de tus labios. Tu rostro se tiñó de un ligero color rojo y tus manos comenzaron a jugar entre ellas.
Te veías adorable.
—¿Y...? —te animé a continuar.
—Te compuse una canción —confesaste tomándome por sorpresa. El rojo de tu rostro aumentó, los nervios seguían atacándote, pero continuaste:— Para que le des vida con tus pasos... Pero solo si quieres, o si no puedo llevármelo y...
—Sí quiero —te corté y mis palabras parecieron calmarte. —Gracias, es el mejor regalo de cumpleaños.»
Un pequeño botón triangular da inicio a la canción que me regalaste en mi duodécimo cumpleaños.
Las notas empiezan a pasearse por el cuarto, colándose en mis oídos de la mano de una alegría melancólica y recuerdos que amenazan con romperme.
«—Baja al suelo y sube al cielo, dale vida a esta canción, ¡baila, Sophie! —me animaste mientras mis pies se movían con la música.
La emoción bañaba tus palabras, a veces hasta parecías más emocionado que yo cuando me veías acariciando las notas en mis movimientos.
Te encantaba verme bailar.
Me encantaba bailar para ti.»
Últimamente, es tu canción lo único que escucho, lo único que bailo, lo único que me hace sentir que aún estás conmigo.
Mientras mis brazos y piernas se mueven al compás de tu canción, siento que estás ahí, mirándome embelesado, amando cada salto, cada giro, cada movimiento.
Pero abro los ojos y no estás.
Te has ido y no volverás.
«—¿Está ocupado? —preguntaste hace algunos años, señalando la silla junto a mí.
—Sí —mentí. Quería pasar los minutos de descanso sola. Cómo siempre.
—No importa —respondiste sentándote.— ¿Eres nueva en el colegio?
—Dije que estaba ocupado —recalqué, perdiendo la paciencia.
—Sí, eres nueva, las amargadas no pasan desapercibidas —respondiste a tu pregunta, ignorándome por completo.
Fuiste tan grosero y tan molesto... Pero te quedaste. Estuviste a mi lado incluso cuando yo te alejaba.
Y sin darme cuenta, dejé de buscar la soledad, para buscar tu compañía.
Y la encontré.
Y me encontraste.
Y el amor nos encontró.
Cuán caprichoso es el destino.»
Las lágrimas caen sobre mis mejillas, una detrás de otra. Mis movimientos se vuelven torpes y caigo.
Incluso amabas mis caídas...
«—¿Si gano el concurso me llevarás a comer helado? —te pregunté alguna vez.
Reíste mostrando tus dulces hoyuelos antes de responder.
—Te llevaré a comer lo que quieras —prometiste.
Aplaudí entusiasmada como niña pequeña, pero luego el miedo me atacó:
—Y sí caigo y hago el ridículo frente a todos... —comencé insegura— ¿Me abrazarás fuerte y no me soltarás?
Bajé la mirada, pero con tus dedos levantaste mi cabeza obligándome a mirarte.
—Si caes, te levantarás con la cabeza en alto y seguirás bailando, callándole la boca a todos. Después te abrazaré y te besaré hasta que se te olvide hasta tu nombre —respondiste subiendo y bajando las cejas en un gesto que me causo risa. Luego añadiste:— Estaré contigo en cada caída, siempre contigo Sophie, siempre contigo.»
Me quedé en el suelo esperando que vengas.
Esperando un abrazo que no llegaría. Un beso que no daría. Una persona que no vendría.
Dijiste que siempre estarías conmigo, ¿por qué no estás aquí?
¡¿Por qué me dejaste?!
¡¿Por qué te fuiste con ella?!
¿Por qué permitiste que la muerte te llevara consigo?
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Cuéntame una canción
De TodoExiste una historia detrás de cada canción, de cada acorde, de cada nota. Y yo quiero contártela. Te lo advierto, las historias escritas aquí son basadas en mi interpretación y tal vez sea distinta a la tuya. Dejando esto en claro, te pregunto: ¿Me...
