Entre la Familia y el Trabajo

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Hace dos años me tocó viajar a España por cuestiones de trabajo. Ese cambio inesperado hizo que mi vida diera un giro de 180 grados. Lo que antes era de color rosa, se tornó oscuro y nublado. Tuve que dejar a mi esposo y a mi querida hija en Mexico. Ya son las 9:00 pm, y aunque debería irme a dormir, primero necesito llamar a mi esposo para saber cómo están.

El teléfono suena.

—Hola, amor —dijo Aurora.

—Hola, mi vida —respondió su esposo con una voz apagada.

—¿Cómo estás? —preguntó Aurora, intentando sonar animada.

—Bien, ¿y tú? —contestó él, casi con indiferencia.

—Bien... me alegro. —Aurora sintió que la conversación se volvía incómoda.

—¿Qué tal tu día? —preguntó su esposo, sin mucho interés.

—Bien, bien.

—Me alegro, cari.

—Amor, la niña quiere hablar contigo.

—Dale.

—Hola, mamá —dijo una voz infantil y dulce.

—Hola, cariño —respondió Aurora, sonriendo por primera vez en el día.

—Mami, ¿cómo estás? —preguntó su hija con curiosidad.

—Bien, ¿y tú, cariño?

—Súper, mami, pero te extraño mucho. ¿Cuándo vuelves a Brasil?

Aurora se quedó en silencio. Sintió un nudo en la garganta y el peso de la distancia se hizo más palpable que nunca.

—Mamá... mamá —insistió su hija al otro lado de la línea.

—Perdón, querida. Todavía no tengo fecha, pero te prometo que estaré a tu lado lo antes posible —respondió Aurora, tratando de sonar convincente.

—Bueno, mami... —dijo la niña con un tono triste.

—Chao, cariño. Pásame a tu papá.

Aurora escuchó un suspiro al otro lado de la línea.

—Tu hija te extraña y tú siempre pones tu trabajo primero. Si llegamos a separarnos, tú serás la responsable —dijo su esposo con dureza.

Aurora se quedó sin palabras. Quiso explicarse, pero solo logró balbucear.

—Pero... yo...

El teléfono se quedó en silencio. Él había colgado.

Aurora gritó con frustración.

—¡No puedo creer todo lo que hago por él! No es razón para que me trate así. Si no fuera por nuestra hija, no estaría más con él.

Se acostó en la cama, llorando, hasta quedarse dormida.

Al día siguiente, la alarma sonaba insistentemente a las 8:00 am. Aurora se levantó sobresaltada, aún sintiéndose agotada.

—¡Dios mío! Hoy me matan en el trabajo —pensó mientras corría al baño.

Se bañó rápidamente, se vistió y, tras guardar el celular en su bolsa, salió de la habitación cerrando la puerta con prisa. Bajó al garaje, sacó el carro y se dirigió a toda velocidad a su destino.

Horas después, llegó al trabajo.

—Señorita Aurora, ¿qué son estas horas de llegar? —preguntó su jefe con severidad apenas la vio entrar.

—Lo siento, señor. Ayer tuve una noche difícil —dijo Aurora, bajando la mirada.

—No me importan sus problemas personales. Lo único que le pido es que sea eficaz en su trabajo.

—Sí, señor.

Aurora sabía que el señor Juan era muy gruñón, pero también un buen jefe. Siempre esperaba lo mejor de sus empleados. Al llegar a su oficina, le pidieron que llevara unos documentos al señor Juan.

Mientras organizaba los papeles, un joven simpático entró en la oficina y se acercó a ella.

—Señorita, ¿esta es la oficina del señor Juan? —preguntó con una sonrisa.

Aurora no pudo evitar soltar una carcajada.

—JAJAJAJA, claro que no.

El joven frunció el ceño, visiblemente molesto.

—¿Esta es la oficina del señor Juan?

—Joven, ¿de verdad cree que el señor Juan estaría en una oficina como esta? —respondió Aurora, señalando el modesto espacio.

El joven respiró hondo, suavizando su tono.

—Disculpe, ¿sabe dónde puedo encontrar a mi padre?

Aurora se quedó en shock.

—¿Usted es Gustavo, el hijo del señor Juan? ¡Qué sorpresa tenerlo por aquí! Lamento mi reacción, no fue la mejor. Espero que no se lo diga a su padre.

—No se preocupe, no voy a confundir los gustos refinados de mi padre con los de una simple empleada —respondió Gustavo, mirándola de arriba a abajo con desdén.

Aurora puso cara seria, tratando de mantener la compostura.

—¿Dónde se encuentra la oficina de mi padre?

—En el tercer piso, a la izquierda.

—Muchas gracias por hacerme perder el tiempo.

Mientras se alejaba, Aurora murmuró para sí misma:

—Qué hombre tan insoportable...

Ya había llegado la hora de salida y Aurora aún no terminaba de organizar los documentos. Terminó de apilar los papeles y, justo cuando estaba a punto de irse, sonó el teléfono de la oficina.

—Señorita Aurora, los documentos que le pedimos, puede dejarlos en su oficina. Luego el señor Gustavo bajará por ellos.

—Sí, señor —respondió Aurora, colgando con un suspiro.

Cuando ya estaba lista para salir, vio una figura acercarse por el pasillo. Tocaron la puerta.

—¿Puedo pasar? —preguntó Gustavo.

—Adelante —dijo Aurora, ocultando su molestia.

—Aurora, ¿dónde están los documentos de mi padre?

—Aquí están, señor.

—Mi padre estuvo hablando conmigo sobre el rendimiento de sus empleados y le mencioné lo que pasó esta mañana contigo. Me pidió que te informara que mañana debes llegar antes de tu horario porque necesita hablar contigo.

Aurora lo miró con frialdad, conteniendo la rabia.

—Sí, señor.

Gustavo sonrió con suficiencia.

—Así espero que sea.

Aurora asintió con la cabeza, sin decir palabra.

—Bueno, ya puedes irte.

Hubo un silencio incómodo antes de que Aurora respondiera:

—Chao, señor Gustavo.

—Chao, Aurora.



"Contra Todo Pronóstico"Tempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang