El despertador sonó puntual a las 5:00 a.m, pero sus ganas de levantarse no iban en consonancia con la escandalosa alarma que le recordaba el inicio de lo que debería ser un gran día.
—¡Entrevista de trabajo! —recordó Kibum para animarse a abrir los ojos y desembarazarse de las cálidas cobijas en las cuales se hallaba envuelto, inmerso en un sueño agradable del cual ya no recordaba nada.
Kibum se estrujó los ojos y lentamente hizo acopio de sus fuerzas para sentarse en la cama. El sol no destellaba detrás de las persianas que ocultaban la ventana de su habitación, un signo favorable de que todavía era muy temprano. Tendría tiempo de sobra para arreglarse y llegar a tiempo, a las 8:00 a.m según le habían indicado, para entrevistarse con la encargada de empleos de la empresa que lo esperaba.
Se trataba de una oportunidad importantísima y crucial en su carrera tras haber pasado menos de 5 años estudiando administración de empresas, graduándose en tiempo récord a los 23 años primero que la mayoría de sus compañeros de clase.
Habían pasado cinco meses desde su graduación y ninguna entrevista de trabajo resultó en un contrato inmediato, sino en los titubeos de los entrevistadores que admiraban su entusiasmo y buenas calificaciones obtenidas en la universidad, pero acusaban la falta de experiencia ya que aún no había tenido su primer trabajo.
Se trataba de una injusticia, esperar que un joven recién graduado y con el futuro por delante tuviera experiencia laboral. Todo este tiempo se había preparado para trabajar y destacarse. Por lo tanto, ¿cómo era posible que creyeran que podría trabajar en ese tiempo?
Su padre al verlo preocupado sugirió que le diera su currículo para dárselo a un amigo y compañero de juegos del club deportivo al cual asistía, el cual dirigía una gran empresa de telecomunicaciones. Kibum, dudoso, cedió a la propuesta de su padre considerando que era una empresa muy grande y difícilmente querrían contratar a un novato, en tanto otras empresas pequeñas y con mayor necesidad de personal no lo habían hecho por la misma razón. Para su sorpresa a los tres días de haber conversado con su padre, recibió una llamada por parte de una secretaria de Sinhwaui, tal como se llamaba la empresa, preguntándole amablemente si contaba con tiempo e interés para realizar una entrevista de trabajo al comienzo de la semana siguiente.
—¡Por supuesto! —respondió Kibum, sin poder ocultar su alegría; lo cual lamentó luego imaginando que le convenía parecer estar evaluando una de muchas propuestas—. Allí estaré, el lunes a primera hora.
—No tan temprano —sugirió la secretaria con una voz melodiosa y seductora—. Después de las 8 de la mañana es buena hora. Gracias por responder, lo esperamos.
Antes de que Kibum pudiera agradecerle a ella, ya la secretaria había colgado la llamada. A partir de ese momento fue un manojo de nervios y apenas pudo disfrutar su fin de semana, animándose a acostarse temprano el domingo en la noche, aunque no tuviera indicios de sentir sueño, observando la pintura del techo hasta que consiguió dormirse.
Y, finalmente, ahora había llegado el día convenido. Por supuesto, sus nervios eran mayores que en los días anteriores. Eran muchas las razones que alimentaban ese miedo a presentarse: la reputación y prestigio de la empresa en cuestión, el hecho de no encajar dentro de ella por inexperiencia, decepcionar a su padre si su ayuda no conseguía exitosos resultados y una razón secreta que no se admitía a sí mismo en voz alta, pero que probablemente representaba el origen fundamental de su nerviosismo y de que le temblaban las piernas de sólo pensarlo.
Se trataba de Jonghyun, el amigo de su padre y presidente de la compañía, el cual siempre le había resultado tan intimidante como atractivo. Tenía 32 años, pero conocía a su padre porque ambos frecuentaban el mismo club deportivo, lo cual había acabado convirtiéndolos en compañeros de tenis, un deporte que su padre adoraba y practicaba desde que era un niño. Las pocas veces que Kibum acompañó a su padre al club deportivo, permanecía distante viéndolos jugar desde las gradas sin participar, ya que era el tipo de persona al que le aburrían los deportes y no practicaba ninguno. Durante esas jornadas que representaban horas de aburrimiento, la mayor distracción que encontraba Kibum era observar los cuerpos atléticos de los deportistas que deambulaban por el club deportivo y eso incluía a Jonghyun, cuyas piernas robustas, brazos fuertes y pecho duro se adivinaban por debajo de su ropa. Por supuesto, Kibum evitaba verlo detenidamente cuando estaba cerca de él y éste lo saludaba estrechándole la mano con fuerza, y hablándole luego directamente a su padre e ignorándolo por completo, lo cual resultaba un providencial alivio porque ya no tendría que disimular un posible rubor en su rostro si su mirada se hubiera posado fijamente en su presencia durante un tiempo superior a los pocos segundos que duraba su saludo.
CZYTASZ
PROHIBIDO-JONGKEY [ADAPTACIÓN]
RomansJonghyun es el jefe de la oficina, siempre distante, sentado en su despacho y enfundado en su estirado traje de ejecutivo agresivo. Mientras tanto, Kibum acaba de llegar a la empresa, y mientras que por un lado respeta a su jefe, por otro lado es el...
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