I. Roc.

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Hacía meses que no daba a basto. Prácticamente se había acostumbrado a no tener tiempo libre entre su trabajo real y la ayuda que prestaba en la organización, pero el último mes estaba siendo insoportable. No sabía exactamente cuántos animales habían dejado abandonados durante la noche a las puertas de la nave, pero sumados a los que recogían después de que alguien llamara para avisar y los que encontraban por ahí, eran muchísimos más de los que podían hacerse cargo.

Había llegado a pagar alguna operación ella misma, con su dinero. Y no es que le sobrara, pero algunos llegaban tan demacrados que no había tiempo suficiente para recaudar el dinero.

Decidió sacarse el título de auxiliar veterinaria un tiempo atrás, cuando empezó a ayudar semanalmente en la organización y se dio cuenta de que podría hacer mucho más si ganaba conocimientos.

Hoy estaba sola y debía alimentarlos, sacar a los que no podían estar sueltos a pasear y bañar a unos cuantos que habían logrado dar en adopción y se llevarían esa semana.

Estaba sacando las correas cuando escuchó un ruido al otro lado de la sala en la que se encontraban.

-¿Hola? -escuchó preguntar. -¿Hay alguien?

-Sí. -contestó, dejando todo sobre una mesa y saliendo a atender a la chica. -Perdona, es que estoy sola hoy y tengo muchísimas cosas que hacer... -le explicó apresuradamente.

-No pasa nada. -respondió sonriendo. -Si quieres puedo venir en otro momento que no estés tan apurada... -La voluntaria negó con la cabeza, quizá con más ímpetu del necesario.

-No pasa nada, de verdad. Me estaba volviendo loca aquí sola y es demasiado trabajo, pero me viene bien desconectar. Soy Alba. -se presentó, estirando la mano.

-Natalia. -Dijo, apretándosela. -De verdad que no quiero molestarte. Puedo venir más tarde. -ofreció de nuevo.

La chica era morena, bastante alta e imponente. Llevaba el pelo negro azabache por los hombros, un septum en la nariz y un tatuaje bastante grande en la mano. Iba vestida con ropa deportiva, aunque parecía ser su estilo porque no tenía pinta de haber estado haciendo deporte.

-Mientras no vengas a abandonar un perro no me molestas, sinceramente. -dijo, con un tono un poco seco. -Lo siento. Es que lo de este mes está siendo horrible...

-Lo entiendo, de verdad. -sonrió y Alba supo que lo decía sinceramente. -He venido porque me gustaría adoptar a un perro, en realidad.

-¿En serio? -preguntó ilusionada. -Pues has venido al sitio adecuado porque hay un montón deseando conocerte. -abrió la pequeña puerta del mostrador y la dejó pasar.

Mientras andaban hacia las jaulas, Alba comenzó con las preguntas rutinarias.

-Imagino que siendo tan joven querrás un cachorro, ¿no? -Natalia negó con la cabeza. -Espero que no vengas buscando un perro de una raza determinada, me gustaría que me cayeses bien. -bromeó.

-No, Alba. En realidad busco uno que necesite que se lo lleven hoy mismo. No me importa si está mayor, si es un cachorro, si es grande, si le falta un ojo... Solo quiero ayudar a un animal al que no le quede mucho tiempo. -contestó, haciendo que la voluntaria se girara para mirarla. -Digamos que mi antiguo perro me salvó a mí y yo quiero devolverle el favor de la única forma que se me ocurre. -se explicó, antes de que la chica le preguntara nada.

-¿Falleció? -preguntó, con la voz entrecortada.

-Hace dos semanas. -respondió. -Llevaba conmigo desde que era pequeña y era mi compañero más fiel. Al que le contaba todo lo que me pasaba en el día y me miraba fijamente como si me entendiera. -sonrió levemente.

Alba no quiso preguntar más, pero algo le decía que por desgracia ese perro había escuchado más cosas malas que buenas.

-Creo que tu perro perfecto es Roc. -le dijo. -Es un mestizo de tamaño medio. Tiene 8 años y lleva aquí demasiado tiempo. Cuando llegó era un perro feliz, pero cada vez está más decaído y... aunque he intentado retrasarlo todo lo posible, el lunes se lo llevan a la perrera. -lo último lo dijo en voz tan baja que Natalia prácticamente no la escuchó.

-Roc. Tiene nombre de mejor amigo. -murmuró animada, siguiendo a Alba por el pasillo.

-Aquí está. -le explicó, abriendo la puerta de una de las jaulas. -Se pasa el día tumbado bajo ese banco. Si te lo llevas no va a ser fácil que vuelva a ser el perro que fue, pero algo me dice que lo conseguirás.

Natalia entró en la jaula y se arrodilló frente al banco. No se acercó demasiado y eso hizo sonreír a Alba. La morena le recordaba mucho a ella en cuanto a los animales. Presentía que aquello podía salir muy bien.

-Hola, pequeño. -la oyó decir, con una vocecilla simpática. -Vengo a ofrecerte un trato. -continuó, ya hablando normal. -Te ofrezco salir de aquí lo antes posible, una casa, comida y mucho amor, a cambio de que duermas conmigo todas las noches y me escuches un ratito al día. -Alba volvió a sonreír.

El perro miraba a Natalia con cara de no entender nada, pero la voluntaria se dio cuenta de que había empezado a mover el rabo sutilmente y animó a la chica a seguir hablando.

-¿Te quieres venir conmigo, pequeñín? -le preguntó, acercándose un poco más.

Roc se levantó del suelo despacio y comenzó a rodear y olisquear a Natalia. La chica sonreía pero no lo tocaba, esperando a que él marcara los pasos.

-Me estoy quedando flipada porque hacía semanas que no se acercaba a nadie. -le explicó en voz baja.

-Suelo caer bien a los animales. -Respondió, atreviéndose a acariciar un poco al animal.

El perro se estremeció al primer contacto, pero pronto agitó la cola con más entusiasmo y su siguiente acción dejó a Alba sin palabras. Se giró hacia Natalia y le lamió la cara. La morena soltó una carcajada.

-Sabía que Roc era nombre de mejor amigo. -Alba parpadeó varias veces, intentando evitar que se le escaparan las lágrimas. -¿Qué tengo que hacer para llevármelo a casa? -preguntó mirándola por primera vez desde que entró en la jaula.

-Si por mi fuera te lo llevabas ya, pero la política de la organización dice que tienes que rellenar unos cuantos papeles y venir a visitarlo una vez al día durante una semana. Así nos aseguramos de que vaya conociéndote poco a poco y acabe confiando en ti. -le explicó. -Puedes rellenar los papeles ya mismo y venir mañana a pasearlo un rato.

-Perfecto. -aceptó emocionada. -¿Has oído, Roc? Mañana vendré a pasearte y en siete días estarás conmigo en casa. -como respuesta, el perro volvió a lamerle la cara. -Te parecerá una tontería, pero voy a sufrir dejándolo aquí una semana más. -dijo mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.

Alba sintió una sensación extraña en el bajo vientre al apartarse para dejarla pasar, pero no quiso darle importancia. Sacudió la cabeza y caminó detrás de la morena hacia la sala.

La chica rellenó todos los papeles mientras Alba aprovechaba para bañar a los perros que habían adoptado.

-Creo que ya he firmado todo. -dijo, pasando al baño y soltando una carcajada al ver a la voluntaria tirada en el suelo llena de jabón mientras un perro corría empapado hacia la salida.

-Tenía que llamarse Travieso. -fue lo único que pudo decir la rubia antes de echarse a reír también.

Natalia se acercó a ella y la ayudó a levantar.

-Si has firmado todo ya puedes irte si quieres. ¿Puedes venir mañana a esta misma hora? -le preguntó, secándose las manos y comprobando que todo estuviera firmado.

-Si quieres puedo ayudarte.

Una vida nueva. Stories to obsess over. Discover now