Miro mi reloj. Ya es la hora.
En estos momentos empiezan a sonar los coros entonando esa vieja canción que se pasa en las bodas.
No veo la hora de que ella entre en esta antigua iglesia y que la llene de alegría como es normal que haga.
Las damas de honor están entrando. Todo parece un sueño. El aroma de aquellas flores por todos lados, sus flores favoritas. La hermosa voz de las personas del coro, que resuena por todo el lugar como un cántico de ángeles. Los amigos y familiares, algunos lloran de la emoción, otros sonrien orgullosos de la muchacha que va a entrar por aquella puerta.
Estoy increiblemente ansioso. Ya quiero ver entrar aquel cabello ondulado que me vuelve loco y aquellos ojos brillantes que fueron capaces de entrar justo en mi corazón. Esa hermosa cara llena de pequeñas pecas que parecían contar anecdotas sobre aquellos años en los que jugabamos como niños pequeños. Esos años en los que me enamoré completamente de esa chica, y a día de hoy siguen haciendo eco en forma de sentimientos que no puedo arrancar de mi cabeza.
Ahí la veo, está entrando. Se ve completamente hermosa.
En su rostro, hay una sonrisa perfecta que vuelve cada vez más armonioso el lugar. Su vestido, impecablemente blanco, le da forma a su hermosa figura. El peinado, con pequeñas flores y mariposas blancas incrustadas en su tiara, que sostiene el velo.
Nunca la había visto tan preciosa como lo estoy haciendo ahora. Una sonrisa está dibujada en mi rostro. Ella me mira unos segundos y sonrie también a la par que camina.
Nunca había estado tan enamorado de ella como lo estoy justo ahora.
De verdad me volvió loco desde el momento en que la vi. Crecimos juntos, esos sentimientos jamás se fueron de mi interior. Y pienso que no se van a ir nunca.
Ya está en el altar.
Siempre me va a parecer increible lo mucho que luchó por estar donde está ahora. Con un vestido blanco, en un altar y a punto de decir la palabra más importante de su vida.
La miro mientras el cura recita uno de sus tantos sermones para boda. Ella está nerviosa por estar ante tanta gente. Como es costumbre, sus mejillas se tornan rosadas, y sus pupilas se agrandan notoriamente.
Le sonrío al darme cuenta de aquello.
Se la nota tan contenta. De verdad soy muy feliz de verla así, es el amor de mi vida, y jamás voy a dejar que le pase algo...
"Puede besar a la novia"
Aunque, claro, me gustaría ser yo quien está en el altar vestido de traje junto ella en primer lugar.
Fue lo último que pienso antes de verla besarse con su, ahora, esposo. Que, por obvias razones... no soy yo...
Me levanto como el resto de las personas. Y me limito a aplaudir, mientras limpio una lágrima de tristeza que sale de mi ojo y cae por mi mejilla...
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Puede Besar A La Novia
RomanceUna hermosa boda La novia en camino Y sentimientos que, después de tantos años, aún resuenan... (Todavía no hay portada) Espero les guste... -F.
