Nunca se me dió bien inventar historias, y eso que al aprender los 4 idiomas que ahora marcan los límites de mi expresión oral y escrita, tuve que escribir desde cartas formales, hasta novelas cortas. Pero esta no es una historia inventada, no. La historia que os voy a contar ahora, es la mía, tan real como yo puedo llegar a ser en vuestras mentes . Pero ¿qué es real y qué no? Yo hasta el día de mi muerte pensé que sabía distinguir entre la realidad y el mundo de los sueños, pero parece ser que para la inmensa mayoría me equivocaba...lee mi historia y luego dime: ¿Sabía yo cuál era la realidad?¿Mi realidad?
Comienzo de la historia
Me despierto bruscamente y miro el despertador, las 9 y 45 minutos. ¡Sabía que llegaba tarde! Me visto corriendo con el primer vestido y botas que logro alcanzar y salgo como alma que lleva el diablo de mi casa.
-¡Adiós mamá y papá!¡Me voy al trabajo!- alcanzo a decirles antes de desaparecer por la puerta.
No se cómo en menos de un minuto, logro cruzar las seis manzanas que me separan de la entrada al trabajo y entro sin perder tiempo.
-¡Aria!¿Dónde estabas?-pregunta mi compañero Agus.
-Tranquilo, sabes que siempre llego a tiempo.
Asiente y ambos nos dirigimos a la compuerta de entrada a la arena. ¡Cierto! No lo he explicado aún...mi trabajo tiene todo que ver con el mundo en el que vivo. Brevemente: este mundo se divide en cuatro tipos de personas: con poderes de fuego, agua, tierra y aire. Pues el trabajo (o mejor dicho, concurso de libre participación en el que ganas dinero) más popular, es el mío. Consiste en librar batallas entre los clanes (tipos de persona). Es un juego individual y en equipo, que se gana noqueando al resto, haciendo uso de los poderes. Los 10 últimos en quedar de pié, consiguen un premio individual y el ganador otorga a su clan ganancias por persona. Simple.
Vamos al portón de nuestro clan y después de una breve cuenta atrás, las puertas se abren, justo al tiempo en el que todo se vuelve negro para mí.
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Me despierto y una mujer está mirándome fijamente. Esa es mi "psicóloga". Odio este sueño...siempre es igual de aburrido. Como todos los días, me ayuda a levantarme, hace unas preguntas sobre mi estado anímico que no respondo, y me lleva ante un doctor que me hace diversas pruebas. De verdad es aburrido. Como no respondo como quieren, me llevan a la sala eléctrica. Es curioso lo que duele que te electrocuten en sueños.
Después de un tiempo eterno allí sufriendo, me sacan en camilla debido a mi paulatina invalidez y continúa el interrogatorio en mi habitación.
-¿Dónde estás?
En un sueño, pero precisamente porque sé eso, no voy a contestar.
-Sigues creyendo que sueñas-la felicitaría por esa elocuente afirmación, pero me limito a mirar la ventana-. Ignorarme no solucionará tus problemas...
"Responderte tampoco", pienso para dejar de prestar atención. Finalmente acaba el día y me voy a "dormir". Justo antes de meterme a la cama, me tiende una pastilla que me hace tragar. Le resto importancia y me dirijo a mi lecho.
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No tardo mucho en volver a la realidad. Aunque ya no estoy en el portón, sino detrás de unos arbustos en medio del campo de batalla.
-¡Aria!-me susurra Agus, sin embargo sé que me quería gritar-. Has estado medio en trance por una hora. Aunque no sé como has logrado acabar con cinco personas a la vez...-me informa.
-Sabes que puedo hacer esto dormida-me sonríe asintiendo-. ¿Cómo vamos?
-Segundos, nos gana el clan de tierra-dice mirando su reloj, que también indica las personas en pié, además de la hora.
