Prólogo

29 5 0
                                        

Londres, Inglaterra; 1805

El sol se mostraba imponente sobre aquellos parajes, donde un grupo de sirvientes recogían los múltiples sembradíos, paseaban los caballos y limpiaban las innumerables caballerizas. Un aire expectante reinaba en el pequeño patio cercado por altas murallas en el castillo Stark, al norte de Camelot. Regina, la niñera del hijo del Conde Stark, luchaba una batalla perdida por mantener al pequeño heredero entretenido, mientras los sonidos y los olores de las preparaciones festivas competían por la atención de él.

En algún lugar en el pueblo cerca del castillo, los carpinteros martillaban las maderas para armar los puestos y colgaban alegres banderines, mientras los cocineros se ocupaban de asar carne y los panaderos mantenían los hornos encendidos día y noche para preparar suficiente pan y tortas para nobles y campesinos. Algo muy común, en un lugar bajo las órdenes de un viejo y muy rico ex-capitán del ejército. En este lugar donde la ley es impuesta por el que más tiene y sobre los que menos pueden.

El castillo Stark, era uno de los más elegantes e imponentes del reino norte de Camelot, tenía las mejores estructuras, la mejor defensa en caso de algún altercado o guerra y la familia Stark era una de las más reconocidas y adineradas. No era de sorprenderse que las familias de los alrededores estuvieran interesadas en arreglar acuerdos matrimoniales para cuándo el pequeño Stark creciera. Todos aspiraban a llegar al trono.

Lamentablemente eso no iba a ocurrir. El Conde Stark jamás iba a permitir que su único hijo contrajera nupcias con cualquier noble o alguna hija de un simple peón. Él ya tenía en mente a la que sería una esposa ideal para su hijo. La pequeña hija del Conde Potts, Virginia.

En la lista de las familias más importantes, la primera era sin duda los Stark, después seguían los Potts, bajo ellos los Banner, seguidos por los Odinson, los Ross y por último, pero no menos importante, los Foster. Éstas eran las familias más unidas de todo el norte, las que tenían alianzas entre ellas y las más poderosas. Entre ellas, creaban un tipo de Nación conocida como 'Shield', dónde se tomaban todas las decisiones con respecto a la economía y defensa del país, siempre tomando en cuenta sólo la parte norte, dónde se tenía acceso a las cosas y equipamiento de mejor calidad, así como a los mejores servicios de agua, comida y salud. Nadie que no fuera parte de alguna de esas familias tenía acceso, el pueblo simplemente aceptaba lo que se le daba y veía como los más altos disfrutaban de grandes fiestas y banquetes.

Los arreglos matrimoniales estaban todos arreglados entre las mismas familias, los Stark con los Potts, los Banner con los Ross y los Odinson con los Foster. Así se había estipulado desde el nacimiento de los tres varones, un año o dos antes del nacimiento de las mujeres de las otras familias y todos estaban de acuerdo. No había mejor opción que mantener los apellidos entre ellos mismos.

- Regina - la voz del Conde se hizo presente en el pequeño patio destinado al disfrute del pequeño - Los invitados no tardarán en hacer acto de presencia, llevate al niño a su habitación y encargate de que se encuentre presentable para cuando sea hora de la reunión.

- Como ordene - la joven niñera hizo una pequeña reverencia y tomó al niño de la mano para adentrarse al castillo.

Si por fuera el castillo parecía bello, por dentro era completamente hermoso. Los muebles estaban hechos de la piel más fina que había en el país, los pisos estaban todos cubiertos por un mármol impecable que parecía que nadie los pisaba, las paredes tenían algunos cuadros de pintores famosos de esa época y uno que otro retrato familiar hecho por los mejores dibujantes del reino. Las escaleras que conducían a las habitaciones, tenían cristales por todo lo largo y estaban bañadas levemente en oro. Las puertas de las habitaciones eran blancas, la más grande era, obviamente, al alcoba matrimonial de los Condes. El cuarto del hijo del matrimonio estaba lleno de juguetes y una pequeña cama con un edredón beige. En el ropero había ropa para cada momento del día, para la mañana, la tarde y la ropa de dormir. Todo era digno de la realeza.

Amores de CamelotWhere stories live. Discover now