-Hola -Lo saludé con timidez, parada frente a él, con mis manos entrelazadas frente a mí. Mordiendo mi labio de manera nerviosa.
-Hola -Saludó en respuesta, sus ojos se clavaban en mí, y su voz salió tan ronca y masculina al pronunciar una simple palabra.
Por un momento, el silencio reinó.
Intentaba mantenerme tranquila ante su mirada, pero él estaba ahí, frente a mí, después de tres años de ausencia. No podía estar tranquila con eso.
Él también comenzó a morderse el labio,señal de que estaba tan nervioso como yo, aunque intentaba disimularlo. Me reí para mis adentros, aún éramos tan parecidos.
-No deberías estar acá -Comentó él, dando a entender que el hecho de verlo, de hablarle, estaba prohibido.
No quería sonar desesperada, pero no pude evitar responder :
-Ya lo sé, pero, ha pasado tanto tiempo...Necesitaba verte, quería verte, hablar una vez más. -
-¿Por qué? -Preguntó de una manera cortante.
<<Porque te extraño >>.
-Porque quería saber como estabas, que había sido de tu vida. -Dije en cambio.
¿Es que acaso él no me había extrañado? ¿No se había preguntado por mí en ningún momento?
Pero yo lo conocía, tan bien como a mí misma, porque éramos tan parecidos, casi iguales.
-No hay un “para qué ”,simplemente quería saber.-Me límite a responder.
No aguantaba la agonía, su frialdad absoluta. No aguantaba el hecho de tenerlo a unos pocos pasos, y no poder abrazarlo.
-Estoy bien. Estoy mejor que antes. Estoy trabajando y estudiando.-Contó serio, mirándome fijamente.
-¿Sos feliz? -Pregunté frunciendo el ceño, porque deseaba que fuera así.
Sus ojos se suavizaron, y pude ver aquel hombre del que me enamoré. Aún estaba ahí, sus restos, sus partes quebradas que se habían vuelto a unir, pero habían dejado cicatrices.
-Sí, supongo que sí. -Respondió. Había inseguridad en su voz. Nadie podía darse cuenta de eso, pero yo lo conocía mejor que nadie y sabía que estaba inseguro ante su respuesta.
-¿Qué te hace falta para ser feliz? -Me atreví a preguntar.
Quería llegar a él, a su alma, a lo que sabía que escondía dentro de su frialdad hacia mí.
Tragó nervioso y volvió a morderse el labio. No pude evitar sonreír.
-¿Por qué haces éstas preguntas? -Dijo en lugar de darme una respuesta.
Ahí estaba, como hacia siempre; intentando cambiar el tema de la conversación.
Sonreí mostrando mis dientes.
-¿De qué te reís? -Preguntó y,de pronto, él también sonreía.
-De vos, de nosotros. Cuando te conocí también hacías eso, de querer cambiar el tema de conversación cuando te sentías acorralado. -Comenté con nostalgia.
-Vos también lo hacías.-Respondió sonriendo. Su sonrisa… Todavía era tan hermosa como la recordaba.
No podía esconderle las cosas no a él.
Me acerqué tan rápido como pude, y entonces tenía su rostro a tan sólo centímetros. Él intentó alejarse, pero lo tomé de sus mejillas.
-La verdad es que te he extrañado demasiado -confesé,mirándolo a los ojos, con dolor. -Y todavía te necesito.
-Luz… -Susurró él. Suspiró.
Ya no había frialdad en sus facciones, había dolor. A mi también me dolía.
-No. No, otra vez. No volvamos a eso. Ya lo superamos. -
-¿Lo superamos? -Pregunté frunciendo el ceño,sin soltarlo -Vos no me superaste, y yo tampoco te superé.
-Si te superé, superé toda esa relación. -Respondió.
Estaba mintiendo. Podía darme cuenta de eso, incluso a kilómetros de distancia.
-Eso es mentira, y los dos lo sabemos, Franco. -Dije segura de mis palabras -No quiero tener esa relación, otra vez. Simplemente, necesitaba verte, hablarte, estar con vos, porque el mundo se me va a la mierda, a veces y,necesito de vos.
Tardó varios segundos en silencio, mirándome. Y entonces, sus manos tocaron mis mejillas.
-¿Qué pasa? -Preguntó suavemente.
Le conté mis problemas, mis dudas, mis miedos, aquellos viejos que él ya conocía bien, y otros tantos que eran nuevos.
Cuando me di cuenta, habían pasado unas cuantas horas, y estaba sentada en sus piernas,en aquel sofá dónde solíamos sentarnos. Y él secaba mis lágrimas con sus dedos, me escuchaba atentamente y me consolaba con su voz y sus palabras.
-Te extraño tanto. -Susurré pasando mi dedo índice por su labio inferior.
-Yo también te extraño -confesó -Pero sabemos cómo son las cosas.-Tomó mi mano y la alejó de él,con suavidad.
Quería besarlo, quería quedarme con él, pero no me lo permitió, y yo sabía que él tenía razón.
Volví a casa, sola, como siempre, intentando no volverlo a pensar, otra vez.
Pero, entonces, mi celular sonó. Un mensaje de un número que no conocía, llegó a mi teléfono. Lo abrí con la esperanza de que fuera él, y sí, lo era.
"Vos sabes QUIEN me hace falta para ser feliz. "
Sonreí, pero al mismo tiempo me dolió.
Ninguno de los dos íbamos a ser felices, jamás.
*Basada en una historia real.
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Love of my life
RomanceDesde niñas, la televisión y las películas hacen que soñemos con el príncipe azul. Ese que tiene un castillo, lleno de miles de sirvientes y nos rescatará de cualquier cosa mala que enfrentemos para darnos nuestro final feliz. Pero a medida que crec...
