Leve corriente

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1996, no podría recordar ese año de una peor forma, el comienzo de noches sin dormir, solo podía ver los rostros de quienes entraron ese día a la mina y no lograron salir, todavía puedo escuchar la leve corriente de gas que salía de la manguera. Nikolay, Dimitry, Nicola y Andrey son los pocos que quiero recordar para no revivir esos segundos. Ellos eran buenas personas, habían trabajado en esa mina desde que eran niños, los conocí a ellos y a sus padres, todos muy humildes, aunque les esperó la muerte más sencilla y rápida. Muchos desearon haber muerto ahí para no vivir el resto. El 23 de septiembre, me levante con el pie izquierdo, tomé mi taza de café habitual aunque sentía que no sería igual que otros días, tenía esa sensación en la piel de cuando algo malo pasara, eso que le llaman piel de gallina. Con libreta en mano para tomar la asistencia, uno por uno en fila como si fueran esclavos, ese día volvía Samanta al trabajo, la secretaria favorita de todos, no solo por su cuerpo, sino por su cara, era la razón de trabajar de muchos, porque las minas no solo se necesita de trabajo bruto. Recuerdo que se me había quedado mi lapicero negro y mi jefe me entrego uno rojo, del mismo rojo que la sangre, nada parecía normal, nada era normal. De un momento a otro ya no estaba mi jefe, ni Samanta, los trabajadores de la fila habían desaparecido como si de magia se tratara, me sentí en soledad ese momento, pero también sentía paz, como si ese fuera el destino que me esperaba, sacudí mi cabeza y volví a la realidad, todos viéndome como si se tratara de un abejorro en mi cabeza.

No solo quería que ese día terminara, pero es que ni siquiera había comenzado. Eran las 7:42, mi reloj se detuvo en ese instante, escuchaba por la radio comunicadora a Ralph pidiendo que cerraran la manguera de gas, de fondo se escuchaba la leve corriente de gas que se escapaba de la manguera, --"esta rota" repitió varias veces, fui lo más rápido que pude a avisar en la zona de válvulas, especificaron que todo estaba cerrado y sellado, era imposible que fuera gas, pronto no se escucho nada por la radio, solo se escuchaba la leve corriente que poco a poco se hacía más fuerte, fueron los segundos más largos de mi vida, no permití que nadie más entrara a la mina, no era segura, y pronto afirmaría mi suposición. La mina colapso por un fuerte estruendo que se escucho a kilómetros a la redonda, pero estoy seguro de que eso no fue lo único que se escucho, se sentían los gritos de los trabajadores, sus quejas y sus lamentos se iban con el sonido de la explosión.

No podía hacer nada, todo estaba sobre ellos, las rocas, las barras, sus vidas, la de sus compañeros, la esperanza de la vida y si se les caía perdían. La estación de policías y de bomberos se encontraban en la otra esquina de la ciudad aunque la ciudad fuera pequeña, tardaron unos minutos que fueron eternos, para ellos y para sus pequeñas almas, no pudieron salvar a ninguno y ahora deben estar agradeciendo en el otro mundo. Si es que hay algo después de la muerte. Fueron 6, esos 6 quedaron ahí, nunca los sacaron su alma y su cuerpo quedaron atrapados bajo las rocas, puede que su espíritu allá salido claramente hacia arriba no hacía debajo dónde está el mío desde ese día, sin ninguna salvación, sin ningún testigo. Se supone que no se sabe todavía que pasó ese día, no encuentran un origen de explosión.

Todos estamos un poco locosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora