Era un martes por la mañana, acababa de terminar mi turno de noche en el hospital y me encontraba cansada. Así que me fui a casa. Cuando abría puerta, ahí estaba, mi marido, de rodillas pidiéndome que me casara con él. Me quedé sin saber que decir. Pero antes de decir el "sí quiero" mi cabeza viajó al pasado y empezó a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos.
Por la cabeza me vino el día en que nos conocimos.
Me levanté a las 10 de la mañana, y como tenía el día libre, fui a tomar un café a la cafetería de debajo de mi casa. No era una cafetería como cualquier otra, allí fue donde conocí al hombre de mi vida. El home que me estaba pidiendo que me casara con él. Desde ese día, quedamos un día tras otro.
También recordé ese día inolvidable: 23 de Abril. Me vino a buscar a casa de mis padres. Luego me vendó los ojos y me llevó a un restaurante con música romántica, buena comida y la mejor compañía. Él y yo. Nunca me había sentido tan feliz.
Luego mi cabeza siguió viajando en el pasado... nuestro viaje a las Maldivas. Lleno de anécdotas. Ese día, nuestro vuelo salía pronto y teníamos mucho sueño. No pudimos dormir nada porque en medio de nuestros asientos del avión había un extraño que no paraba de roncar y de moverse. A pasar del mal comienzo del viaje, nuestros días allí pasaron rápido. Estuvimos una semana en las Maldivas y visitamos playas maravillosas y transparentes. El último día cogimos el avión y nos fuimos para nuestros hogares.
En ese preciso instante, mi cabeza volvió al presente. Así que por todo lo que habíamos vivido juntos le respondí con una sonrisa de oreja a oreja un sí quiero.
