Hacia frió en una noche de invierno, estaba sola, alrededor no había nada, no sabía dónde me encontraba, estaba confundida. Me desperté y yacía ahí, si ahí, en ese frió lugar, cubierto con nieve,mis manos se congelaban, mi corazón latía a mil por horas, palpitaba tan fuerte, que la aflicción y desesperación se apoderaban de mí. ¿Qué hacía ahí? En medio de la nada, lo único que se observaba a mis alrededores eran árboles, cubiertos con poca nieve, pues acababa de comenzar a nevar. Mi respirar cada vez se volvía más agitado, pero percibía un olor extraño, sentada totalmente confundida, puse mis manos en la nieve y me levante, mire nuevamente a mis alrededores con mucho miedo; a lo lejos percibí una mancha diluida, parecía de color rosa. Decidí acercarme.
Quizá haya sido la peor decisión que tome en mi vida, pero la curiosidad me mataba, no por saber lo que había en ese lugar, si no por saber a lo que me enfrentaba. Estaba sola o al menos eso creía.
Con mucho miedo y con escalofríos recorriendo todo mi cuerpo comenze a caminar y con el pecho en la mano y a punto de gritar por el miedo que invadía mi espíritu, y con mis manos temblorosas, me acerque cada vez más. Me detuve. Gire mi cabeza y una pequeña niña me miraba, con ojos grandes y mirada fija.... se sonreía macabramente. Me sentí su presa.
La niña no dejaba de sonreír de forma hipócrita y descarada; paralizada por el miedo no sabia que hacer si correr o gritar del miedo, su aspecto no era normal.
