"La Esmeralda Perdida del Oeste", es un simpático pueblo, ubicado a 300 km de la ciudad Capital, allí se encuentra una escuelita a la que concurren muy pocos alumnos dentro de los cuales está Raúl.
Raúl es un chico muy inteligente, sus notas son sobresalientes y sus modales excelentes, pero su mirada tiene cierta tristeza porque padece una discapacidad congénita. Nació con una pierna más corta que la otra y por tal razón, está limitado para practicar deportes como el fútbol, el básquet o el vóley.
A él le gusta mucho los deportes, y hace caso omiso a las burlas, juega igual, pero no siempre fue así... les contaré lo que sucedió hace algunos años atrás, cuando la señorita Teresa era su maestra.
Una tarde de primavera, los chicos participaban de la jornada deportiva intercolegial, a pesar que el lema era: "Jugar por jugar, por pura diversión", sus compañeros sólo querían ganar todos los torneos, por eso cuando perdieron varios partidos por "culpa de Raúl", comenzaron a burlarse de él y le achacaron los malos resultados a causa de su renguera.
Los días martes, en los que se practican los deportes en la escuela, escuchaba las mismas burlas de siempre:
- " Ja, ja, ja, ojo, miren, ahí viene el discapacitado, seguro que perderemos"
Uno de esos días llegó a su casa muy triste, llorando y ahogado, Marta, su madre, al verlo así lo consoló y al preguntarle por qué lloraba tanto, se enteró que desde la jornada deportiva sus compañeros de escuela, se burlan y lo acusaban de todos los malos resultados, a causa de su discapacidad.
Al día siguiente Marta, fue a la escuela a hablar con la señorita Teresa, quien escuchó con atención el relato de la mamá y asombrada contestó :
- ¡Nunca escuché nada! ¿En qué momento pasa eso? ¿Por qué Raúl no me lo dijo, nunca se quejó de ese mal trato?
La señorita Teresa tranquilizó a Marta diciéndole que ella hablaría con los chicos y le aseguró que esa situación iba a cambiar.
Pasó el tiempo y ante la inminente jornada intercolegial vuelven a acontecer las burlas y las quejas nuevamente, pero más graves, con palabras realmente ofensivas.
Raúl entonces se sentía muy solo, desprotegido, y comenzó a aislarse tanto de la escuela como de su casa. Pensó que nadie lo quería, que sobraba en todas partes porque no era igual a los demás niños. Se sentía muy triste y decaído, comenzó a no querer salir, a ausentarse de la escuela por cualquier motivo, hasta llegó a mentirle a su madre. Le aseguró que la señorita Teresa sacaría licencia una semana, entonces le pidió permiso para faltar a la escuela para ir a pescar con su tío a la costa. El miércoles la maestra llamó por teléfono a Marta para preguntar por las inasistencias de Raúl, eh Inmediatamente la verdad había salido a la luz y Marta llamó a su hermano y le preguntó por Raúl, él sorprendido le dijo que nunca llegó a su casa.
Ahí se dieron cuenta de que estaban ante un hecho grave. Rápidamente llamaron a el 911 denunciaron la desaparición de Raúl. Se dispuso la inmediata búsqueda, por la costa, por la escuela, por la casa de sus compañeros. Todo el pueblo se movilizó para encontrarlo.
En una casa abandonada, en medio de la oscuridad, tirado en el piso, solo, hambriento, llorando y completamente destruido, lo trasladaron al hospital. Después de examinarlo le aconsejaron a su madre el tratamiento con un psicólogo.
La terapia no fue nada fácil, pasaron tres largos meses y Raúl seguía encerrado en sí mismo. La señorita Teresa también realizó unos talleres en la escuela para que sus compañeros cambiaran esa actitud discriminatoria y lograran aceptar las diferencias. Entonces, le escribieron una carta, le hicieron regalos artesanales y fueron a visitarlo, pidiéndole disculpas y comprometiéndose a ser más tolerantes. En definitiva los resultados favorables o negativos es responsabilidad de todo el equipo.
Así desde ese día en la escuelita de "La Esmeralda perdida del Oeste" nunca más los chicos se burlaron de las imperfecciones, de las rengueras, de los lisiados, los enfermos, en definitiva de los que son diferentes.
Por eso, hoy por hoy, Raúl, sabe que es muy importante, primero como persona, segundo como alumno, y tercero como compañero de todos. Porque aprendió que el valor de una persona se mide por su esencia, no por una discapacidad física.
Aprendamos a respetar y respetarnos, somos personas con defectos y virtudes con buenas y malas siempre hay problemas que no le encontramos 1 solución... pero todo a su tiempo porque el apoyo lo tenemos.
No le busquemos lo malo a los demás, no intentes ser mejor que otros, tal vez puedas lograrlo pero el vacío q tienes por dentro por tener defectos también tú! Jamás se llenara
Somos iguales... no en personalidad ni en el físico, pero si peleamos por un mundo mejor y por igualdad te aseguro que nos necesitamos unos de otros sin mirar abajo arriba o a los costados siempre al frente dando lo mejor y agradeciendo por estar vivo!
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Lo que pasa en tiempos de hoy...
Aléatoireun chico como cualquier otro pero con una preocupación que deja un vació por el decir ser "diferente"
