El inicio de un problema.

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Desde que era niña siempre creí que el personaje principal de la historia sería yo. Fue un grave error haber confiado en eso, bien, tenía bastante relevancia, pero era por que sería la última en morir.

...

Un día más del aburrido e intento de colegio, que realmente es mi hogar. Soy Dayane Broken, sinceramente tengo mejores cosas que hacer. Estudió la preparatoria en casa, por condiciones psicológicas de mi madre.

—D-dayane... E-ella vendrá por ti... ¡Lo sé!—Su gritos me dejo algo aturdida, desde hace ya varios meses había comenzado a tener visiones no reales del mundo a su alrededor, más conocido como esquizofrenia. Me causaba tristeza el pensar que ella jamás volvería a ser la de antes, ya no reiría, ya no me daría aquellos buenos concejos, prácticamente la había perdido a mis dieciséis años.

—Mamá, necesitas un calmante. —Hable sirviendo un vaso de agua de la jarra del buró. Segundos después tome unas pastillas recomendadas por el médico. La cuidaba con lo que podía, había investigado de su enfermedad y sabía mínimamente lo que se debía de hacer.

—No las necesito. —Su imponente y fría voz me dejo aturdida. No la hacia desde que comenzó a tener esas alucinaciones, ahora solía ser bastante precavida con lo que decía o hacia. Pero ahora parecía alguien nueva, parecía estar cuerda y eso me solía, saber que en unos minutos dejaría de actuar de aquella forma tan madura.
Estaba a punto de decirle algo pero en el momento que iba a decir algo alguien llamo a la puerta, la mirada de mi madre comenzó a cambiar lentamente. No sabía por que, pero me daba miedo la respuesta, me daba miedo que ella no estuviera loca y lo que decía fuera real. Aunque eso era imposible.
Camine decidida hasta la entrada, mi madre negaba consecutivamente con temor, por un segundo dude en abrir la puerta, pero los golpes se volvieron cada vez más fuertes.

—¡Ya voy!—grite molesta ante los golpes de la puerta. Con molestia fui a abrir, encontrándome solamente con una pequeña tarjeta, corrección: una carta. —Solo querían dar esto. —Un gruñido escapo de mis labios. Sin gana alguna tomé el sobre entre mis manos. Observando con desden el sobre, solo para ello habían golpeado así a la puerta y habían salido corriendo.

—¡No, no lo abras!—Su voz volvió a ser la misma de hace unas horas, asustada y nerviosa. Mi mirada se poso lentamente sobre mi madre y el sobre, cambiando la visión de mis ojos constantemente. Dudaba unos segundos de leerla, pero no quería lastimar a mi progenitora.

—Tranquila. —Intente calmarla sin resultado alguno, pude ver perfectamente sus lágrimas. —Mamá, no la abriré. —Camine hasta ella acortando los metros entre nosotras, tomé sus hombros suavemente intentando que se relajará. La sensación era bastante incomoda por la carta, pero sabía muy bien que ella no me dejaría en paz hasta que le obedeciera. Así que es mejor decidirse por la opción más fácil.

Unas horas más tarde pude ver por fin a mi madre dormida sobre el colchón. Mi padre no llegaría hoy, o por lo menos no ahora, tal vez, sólo tal vez en unas horas. Había algo menos de que preocuparme por ahora.

—Bien, a leer la carta. —¿Sé nota lo obediente que soy?. Me senté cerca de la chimenea, sentando mi cuerpo en el suelo de madera castaña oscura. Tranquilamente empecé a abrir la carta, al leer el primer párrafo la tire al fuego observando como este se volvía cenizas lentamente. —¿Q-qué?—Mi voz temblaba y mi cuerpo se estremecía ante las lúgubres y escalofriantes palabras.

Decidí ignorar ello por lo menos unos minutos, tome un el vaso de agua que anteriormente había servido y me lo tome entero.

—¿Te encuentras bien, Dayane?—La voz de mi padre sonó detrás de mi. No quise voltear a verle por miedo, temiendo que sea sólo un producto de mi imaginación.

—S-si... —Tome el valor de girar mi vista y cuerpo hasta él en dos segundos más, encontrándome con la nada. —Que extraño. —camine escaleras arriba, tal vez él se haya ido después de mi respuesta y aquellos dos segundos fueron realmente minutos.
Entré a mi habitación, encontrándome una nota de mi padre. Lo supuse por el tipo de papel y el lugar situado.
Sin mucho preámbulo abrí la cara y les su contenido.

"Hoy no llegaré a dormir, nos vemos mañana"

Att: Gregory Broken.

Algo paso por mi columna vertebral, el miedo y el desespero pasaron por mi cuerpo, sentía ganas de arrancar mi cabello.
Tal vez él pudo haber olvidado algo, y se fue al no recibir mi respuesta. Tal vez eso fue.
Pensando de aquella forma me adentre en mis sabanas, el que él no hubiera sido me hacia erizar la piel, y pensar de la peor forma posible. Con estos pensamientos me termine durmiendo.

Al día siguiente decidí hacer el almuerzo, dos ricas pizzas compradas. No era muy creativa con los desayunos. Aun así desayune bien.

—Dayane, ven. —Dijo mi madre con la voz tranquila, abrazaba lentamente su peluche de oso. Caminé hasta ella con precaución, estoy segura que me preguntará algo sobré el sobre.

—¿Qué sucede, mamá?—Ella sólo suspiro, tal vez por que tenia miedo o por que sabía que la había desobedecido. Y no ayudaba que yo estuviera nerviosa.

—Leíste la carta. —Negué levemente con la cabeza. —Decidme lo que decía. —Ordenó molesta, pero también parecía asustada.

Comencé a contarle lo que decía el único párrafo que leí, basto con eso para que mi madre comenzara a llorar asustada.

—¡No debías saberlo!—Calló al piso de rodillas, llorando y gritando palabras que yo no entendía. Sobre todas las cosas quería que parase de llorar, pero por más que lo intentara no lo hacia, dejando en mi pecho un gran dolor.

—M-mamá... —Guarde silencio al ver su mirada fija en mi, mostrando su decepción en sus preciosos ojos verdes olivo. —Lo siento. —Termine la frase con el poco orgullo que me quedaba.

Y la primera
en despertar...

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⏰ Last updated: Jan 04, 2019 ⏰

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El terror de amar.Where stories live. Discover now