La tétrica luz blanca le daba una tonalidad totalmente frívola al quirófano, el cirujano y sus asistentes corrían de un lado a otro al rededor del cuerpo totalmente inerte de una niña que aparentaba tener no más de dieciséis años y desde afuera un par de personas vestidas de blanco observaban todo lo que ocurría con suma atención, a través de un cristal que les otorgaba una vista panorámica del lugar, una imagen holográfica dividida en dos, la pantalla 1 mostraba cada uno de los movimientos del cirujano y la pantalla 2 el resto de la sala de operaciones.
Un corte justo detrás de la oreja y todo estaría listo para insertar el experimento salvation, el cual, una vez conectado con el cerebro enviaría ondas a lo largo del sistema nervioso central y tomaría el control total de cada una de las actividades realizadas por el paciente, pensamientos, signos vitales, ubicación, todo quedaría totalmente expuesto, ¿Ante quien? Ante las autoridades, si se planeara una rebelión ellos serían los primeros en enterarse.
Las personas observando a través del cristal permanecían totalmente quietas, ambos sabían que era lo correcto, se suponía que era lo correcto, su hija sería ahora parte del sistema. Se tomaron las manos y esperaron a que el proceso fuera iniciado.
El hombre al mando tomó un dispositivo alargado, el cual incrustó con sus hábiles manos en la parte trasera de la oreja de la menor, pulsó un botón y el chip en menos de un segundo ya estaba activado. Alzó la mirada ante la cámara encargada de registrar todo y con un movimiento de cabeza anunció que la operación había sido un éxito. Los padres de la niña le respondieron con una sonrisa, una de completa alegría y otra que escondía cierto sentimiento totalmente contrario a ello.
La herida se cerró sin más, un par de gotas del suero sanador fue suficiente para que el tejido se uniera por sí solo, dejando no más que una fina línea. Estaba todo listo para comenzar.
— Operación número quinientos ochenta y seis. — Indicó el cirujano a la vez que tatuaban aquel número en el antebrazo de la menor, una pequeña marca que demostraría que no era una rebelde, una marca que anunciaba que ahora era una humana más bajo control.
— Jaqueline Linder. — Dictó, esta vez mirando a una de sus asistentes, la cual se encargaba de completar todos los datos en un formulario. — Dieciséis años, un metro sesenta y cinco.
Todos miraban atentos al cirujano y cada tanto uno que otro desviaba la mirada al rostro de la paciente tumbada, en cualquier momento iba a despertar y la transformación se dejaría ver, los aprendices esperaban esto con ansias.
Por un momento el silencio reinó en la habitación, se suponía que era momento de que la doctora de turno dictara los datos siguientes, pero esta ni se inmutó.
— ¿Doctora Meller? — Cuestionó uno de los aprendices, pero no hubo reacción.
— Algo anda mal... — Dijo una voz masculina, el nuevo, quien se encargaba de observar la actividad cerebral de la muchacha en la pantalla de una computadora.
El cirujano alzó la vista y comenzó a quitarse los guantes, con la vista fija en el rostro de la doctora Meller. Quizá solo era un fallo en el sistema, pensó, aunque nunca había presenciado uno de cerca.
— ¿Crees que todo vaya bien ahí adentro? — Cuestionó la madre de Jaqueline tras notar que todo se había detenido, pero no obtuvo respuesta, el padre de la niña tenía la vista fija en la puerta de entrada a la sala de espera.
— ¿Qué sucede Hammer? — Habló el cirujano nuevamente, dirigiendo la vista hacia el chico, pero este no respondió, todo estaba en completo silencio. Sus ojos se encontraban fijos en la pantalla de la computadora, como si alguna especie de imán le impidiera despegarse de ella, y el hombre de mayor edad, curioso por saber qué estaba ocurriendo se acercó a él por la espalda.
— ¿Joseph?
— Shh, calla.— Le dijo el anciano a Hellen, otra de sus asistentes.
Un patrón, números y letras se deslizaban por la pantalla del monitor, y estos mismos se reflejaron en los ojos de ambos y a través de las ondas cerebrales se instaló en el experimento salvation. Sus rostros palidecieron. Todos se miraron confundidos y comenzaron a acercarse a toda prisa para ver lo que sucedía, nadie comprendía nada.
—¡No vean las pantallas! — Gritó uno de los funcionarios que acababa de entrar empujando la puerta, sin embargo ya era demasiado tarde. La doctora Meller no tardó en desplomarse y seguido de ella Joseph, el nuevo y todos los que habían alcanzado a ver la transmición, incluyendo la madre de la menor.
La fiesta había comenzado.
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¡Hola, hola! ¿Qué tal están? Espero que estén muy bien.
Hace bastante tiempo que quería escribir esta historia, pues llevaba tiempo perdida en mi imaginación y algunos fragmentos que encontré en mis notas me han obligado a traerla a la vida, espero que esta pequeña parte les haya gustado y que se queden para continuarla.
Si es que quedaron con ganas de más, ¡Lamento dejarlos con la intriga!
Dentro de poco subiré el primer capítulo y pues nada, espero que me acompañen en esta travesía.
¡Besos para todos! Y nos vemos en el siguiente capítulo. ♡
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Control
Science FictionEl futuro siempre fue algo incierto, sin embargo algo se sabía y era que tarde o temprano todos terminaríamos bajo control.
