En el conticinio de la noche susurraré tu nombre para que haga eco en las paredes de tu hogar, de mí alma.
Te amo con lo inmarcesible de mí alma, de mí ser.
La vida magnánima te entrego a mí y el destino cruel no me dejó alborozar más que el tiempo de un suspiro.
A donde quiera que vaya, te llevo conmigo.
Tu tan nefelibata y yo tan circunspecto.
Aún así, por ti sería el peor díscolo impertérrito.
Pero ahora, mí soñadora, ahora que te marchaste ..
Me encuentro solo en estado decumbente, del cual nadie podrá sacarme.
Del cual nada podrá salvarme.
