*Narra Danielle.
Me levanté la mañana siguiente sin ni un tipo de malestar en mi cabeza o estómago, realmente adoraba despertar así pero también adoraba estar fuera de mí, así que prefería pagar el costo.
Bajé las escaleras y al entrar en la cocina, me encontré con la extranjera mirando la televisión concentrada —Al parecer estaban pasando un noticiero de su región— con una taza de té entre ambas manos, estaba de espaldas a mí con una blusa blanca y shorts negros.
—¿Informada?
—Tus papás salieron con Alex y Chris al supermercado. —Me miró— Me parece adorable que vayan todos, ¿Por qué tú no fuiste?
—Ah, yo tengo cosas importantes que hacer. —Me acerqué al fregadero y me serví algo de agua.
—¿Dormir hasta tarde?
—Exacto, tú si sabes. —La miré y dudé un segundo. —¿Ya comiste?
—Sí. —Mintió.
—Vaya, no hay platos ni sucios ni limpios en el fregadero, buen intento. —Ella se ruborizó y frunció el seño, luego volvió la vista a la televisión. —¿Tan interesante es el clima allá?
—Está helado.
—Como siempre, Chicago es helado. —Asintió y no dijo más.
Creo que es la conversación más larga, estable y coherente que hemos tenido, y a su vez desagradable.
*Narra Amanda.
—Te asusto, ¿No es cierto?
Fijé nuevamente mi vista en Danielle y había relajado el rostro, no mostraba la misma frialdad que hace un par de minutos y al parecer estaba preocupada por lo que pensara de ella, he descubierto una nueva expresión.
—¿Tú?, ¿Asustarme?
—Sí.
—Oh, por favor. —Rodé los ojos. — Las arañas me asustan.
—Lo noté. —Bebió de su vaso— Pero aún así, no te agrado.
—¿Qué quieres decir?
—Eres muy obvia, Evans.
Negó.
Danielle sacó un tazón de el estante de arriba y rápidamente lo llenó de cereal y leche, tras eso se sentó de frente a mí en la barra de la cocina.
—¿Acostumbras a comer cereal en la mañana?
—No me gusta el pan.
—Vas a ser una bola dentro de un tiempo. —Jugué.
—Probablemente. —Siguió comiendo, ahora era ella quien evadía el tema.
—¿Yo te desagrado mucho?
—Tal vez…—Dudó. —…Tal vez no.
Suspiré y me levanté para dejar la taza en el fregadero. Opté por lavarla, así que largué el agua y no me había dado cuenta de que había caído un poco al suelo, era de esperarse que cuando terminé, resbalé.
