1- Estoy aquí. ¿Puedes verme?

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Tera caminaba rumbo a su casa, a ver a su mamá por cuarta vez en el día. En McCoins no hay mucho que hacer, cuando literalmente no puedes hacer nada.

Ya había caído la noche, estaba algo nublado y con bastante niebla, a penas se veían las estrellas, que luchaban por salir a brillar, y la luna, casi ni existía. Típica noche de Tera. Ya no recuerda la última vez que vio la gran luna y el cielo despejado o incluso el sol.

Caminó unas dos cuadras más, y entró a su casa. Allí, en el sofá de la sala se encontraba su madre, viendo unas cintas viejas familiares, con un almohadón en su cara, mientras lloraba sin hacer ruido para no despertar a Hugo, su esposo, ni a Mathias, su hijo. Tera se sentó junto a ella, la observó, intentó acariciarla, claramente no pudo, y miró el televisor.

En la cinta aparecía ella, de unos ocho años, junto a su madre, su padre grababa. Era pequeña, con grandes rulos pelirrojos, jugaba y reía junto a Ester, su madre, quien llevaba puesto un vestido floreado, y su largo cabello pelirrojo transformado en una trenza. Jugaban a las princesas, Tera llevaba su gran vestido blanco con un velo color dorado con gran volado, y una tiara de juguete en su cabeza, su madre hacía de portero, mientras esperaban al príncipe. La risa de su padre detrás de la cámara, era hermosa.

-Ve a abrirle la puerta al príncipe, madre.- habló Tera mientras terminaba de servir el té en las tacitas.

Su madre caminó hasta la portera y abrió la puerta de hierro negro, dejando pasar al príncipe invisible.

Ester toma el control y adelanta la cinta. Ahora su padre se acerca con la cámara a ellas, mientras la misma, enfoca hacia su rostro, reflejando una sonrisa perfecta, de unos dientes grandes y blancos, y unos ojos celestes, iguales a los de su hija. Se arroja al suelo, y las mujeres de su vida se ponen a su lado, besan sus mejillas, y la cinta termina, con una imagen de los tres riendo a la cámara, con sus ojos achinados y una sonrisa enorme.

Tera observa la imagen, y sin decir ninguna palabra aún, varias lágrimas ruedan por sus mejillas. Su madre no ha parado de llorar desde que ella entró en la sala.

-Cariño- se siente una voz somnolienta, Tera se gira hacia la puerta, y ve a su padre, con una remera blanca, y en calzoncillos, fregándose los ojos-, deberías dormir- camina hacia su madre, y le extiende la mano, ella la acepta y se tira a sus hombros en busca de un abrazo, mientras continúa llorando.

Hugo solo la abraza y acaricia su cabeza.

-Ya, tranquila, vamos a la cama, son las dos de la mañana, cielo.

Ester no contesta, y cuando Hugo comienza a caminar abrazándola ella solo le sigue el paso.

-Buenas noches.- suelta Tera mientras los ve irse hacia su habitación.

En el televisor quedó la imagen final de la cinta, ninguno la ha apagado. La chica continúa apreciando ese momento, hasta que Hugo vuelve a aparecer por la puerta, toma el control, y antes de apagarlo, observa unos minutos la imagen, sonríe melancólico, y sus ojos se humedecen, rápidamente se pasa la mano por ellos, se acerca a la televisión y acaricia la cara de su pequeña hija, vuelve a sonreír, y la imagen se vuelve negra. Deja el control sobre la televisión, y a paso lento se vuelve a marchar a su habitación.

Se levanta del sofá, antes de irse, pasa por el cuarto de su hermano, la puerta está cerrada, casi nunca puede verlo por la noche. Pero sabe que su ventana está abierta. Sale de la casa y se dirige al fondo, y entra por la ventana de su hermano.

Lo observa, y ríe.

-Duermes como un oso, insecto.- va hasta él, y toca su cabeza, cierra los ojos.

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