No recuerdo cuando fui consiente de él.
De su presencia.
De lo cómodo que me sentía a su lado, de lo bien que me hacía sentir.
Al verlo, casi podría jurar que veía a la felicidad en carne y hueso, porque eso era para mí.
Aún recuerdo cuando comenzaron a cambiar las cosas.
Casi de un momento a otro, pasamos de ser amigos a algo más.
Algo hermoso.
Fue un domingo por la tarde, ya estaba oscureciendo, él se encontraba sentado en mi sillón, vistiendo su pantalón de mezclilla azul claro, su camisa blanca y su habitual gorra, cualquiera lo vería normal pero yo quería pasar mi lengua por todos los rincones de su bello cuerpo.
Tuvimos suerte al tener la casa sola, pero ahora que lo pienso, tal vez era el destino.
Él se encontraba tan inmerso en su celular que no noto mi mirada en él, podía mirarle todo lo que quisiera por un buen rato.
Aún no entendía como alguien como él estaba sólo, a mí me parecía tan sexy que cada vez era más difícil no saltar encima suyo.
Lo amaba.
Estaba seguro de que lo amaba.
Odiaba verlo con alguien más, ya no quería callarlo, quería decirle que sea solo mío, que me ame y mire solo a mí. Pero no sabía que diría, podía rechazarme y dejar de hablarme, las reacciones eran infinitas, pero mi amor por él lo era mucho más.
Mi actividad favorita es fingir que estoy viendo algo en el celular pero en realidad estoy contando cada una de sus pestañas, memorizando cada espacio de su rostro, de su cuerpo.
- Te amo.
Esas palabras salieron de mi boca sin ser consciente de ellas. Seguía admirándole, me inquiete cuando de pronto me miro a los ojos con una sonrisa picara, se puso en pie y camino hacia mí, yo no entendía que pasaba pero quede más consternado cuando él de pronto me besó tiernamente en los labios.
No sabía que pasaba pero no quería que parara. Le respondí el beso de la misma forma, estaba tan feliz, mi corazón latía a mil por hora. El beso fue haciéndose más salvaje, tanto que tuvimos que separarnos unos segundos para tomar aire y volver a lo nuestro.
Lo deseaba, y él lo sabía.
Volvió a besar mis labios y a acostarme lentamente el el sofá, yo me deje llevar y me di a la tarea de empezar a acariciar su cabello lentamente. Él comenzó a desabotonar mi camisa y a tocarme lentamente. Sentía que estaba en el cielo, lo tenía tan cerca que podía sentir su respiración en mi cuello al besarlo, sus palpitaciones que eran tal vez igual de rápidas que las mías, y podía sentir su erección en mi muslo. Sí, Mauro estaba erecto y yo lo había puesto así, me hizo feliz que no fuera sólo yo el que estuviera excitado.
Sentía sus manos recorrer mi pecho, mi abdomen, mi espalda. Lo amaba, lo deseaba, lo quería en mí. Estaba tan feliz, pero nada me hizo más feliz que el escuchar esas palabras saliendo de esa boca.
- Yo también te amo, tonto.
Por un segundo pensé hacer escuchado mal pero su tierna mirada me decía que no mentía. Lágrimas salieron de mis ojos las cuales secó con sus manos y continuó diciendo.
- Te he amado desdé hace mucho tiempo, jamás imagine que tú sintieras lo mismo. Te amo José. Te amo demasiado.
Las palabras no me salían, estaba feliz. Él me tomó en brazos y me llevo a mi habitación, me recostó en la cama y sacó un condón de su pantalón.
Fue una noche mágica, nuestros calores corporales a tope, simplemente fue hermoso el haber hecho el amor tan apasionadamente con Mauro.
Ya han pasado diez años y aún seguimos juntos, y seguiremos juntos se los aseguro, la única diferencia es que no estamos solos. Adoptamos a una preciosa niña el año pasado, la llamamos Isabel, tiene 5 años. Ellos son mi vida entera.
