Era una tarde apacible. Maria y Elizabeth se adentraron cautelosamente en la habitación de Rodha sin mover de más sus pertenencias, revisaron la habitación en busca de un diario íntimo o algo que les llamara la atención sobre la vida de la niñera.
-Buscaré bajo la cama. -Dijo Maria en un susurro.
-¡Lo encontré! -Dijo Eli arrojando un vestido hacia el otro extremo de la habitación.
-Deberíamos dejar todo como lo encontramos sino, se dará cuenta de que alguien estuvo aquí. -Dijo Maria recogiendo el vestido y dejándolo en su lugar en el armario. Eli arrojó el libro hacia el mismo lugar y Maria suspiró acercándose a levantarlo procurando que nadie haya escuchado el golpe de éste sobre el piso.
-Eso no es un diario íntimo. Solo hay frases tontas y dibujos raros. -Dijo cruzándose de brazos. Se dispuso a salir de la habitación pero Maria la llamó.
-¡Mira! Quizás son cuentos. -Propuso Maria mientras hojeaba las páginas del libro.
-"Grandes son las puertas de mi casa, grande la ilusión que me traes. Déjame ver lo que ocultas cruzando el umbral de tus ojos." -Leyó Eli con emoción
-¿Se trata de un romance? -Preguntó la niña mientras se acariciaba el pelo cuidadosamente trenzado.
-Eso no es lo que importa, creo que quiere irse de la casa -Dijo segura Eli cerrando el libro de un golpe- A nuestros padres no les agradará la idea.
-No quiero que la señorita Rodha se vaya. -Dijo Maria casi en un susurro- Hay que llamarlos antes de que sea demasiado tarde.
Se levantaron de la cama y salieron de la habitación, no sin antes dejar todo como lo encontraron. Al llegar al pasillo que se dirigía al jardín, vieron cómo la puerta de madera destellaba con colores en sus extremos y el miedo se apoderó de ellas. Dieron la vuelta dispuestas a ir a sus habitaciones, pero Rodha las miraba intrigada en la entrada del pasillo sin entender qué hacían las niñas despiertas tan temprano. La mirada de la niñera cambió completamente cuando dirigió la vista hacia la puerta, el terror se leía en sus ojos. Ellas, ya asustadas, corrieron sin mirar atrás. Al subir las escaleras, entraron a su habitación y lloraron en sus camas hasta que alguien abrió la puerta luego de cerrarla suavemente tras ella. Hilda, una de las empleadas de la casa, entraba a la habitación dispuesta a despertarlas pero se sorprendió al ver la situación. Ella trabajaba hace años con los padres de las niñas, encargándose de limpiar y cocinar. Cuando nacieron las niñas, ella ya era una persona mayor y la casa era muy grande así que contrataron a Rodha como niñera para que ayudara a Hilda cuando las niñas estaban en el colegio o durmiendo. Aquel verano se estaba haciendo largo ya que los padres de las niñas no habían podido tomarse vacaciones en sus trabajos y ellas no tenían el descanso que normalmente tenían cuando los padres estaban en casa.
Hilda miró extrañada aquella situación. Lloraban como si tuvieran miedo y pensó que quizás habrían tenido una pesadilla, pero que las dos hubieran tenido un mal sueño la hizo cuestionárselo. Quiso preguntar por qué lloraban pero algo la interrumpió. El sonido de pisadas fuertes fuera de la habitación.
-¡Niñas! -Gritó Rodha al entrar a la habitación. Se la notaba preocupada y... ¿Asustada? -Oh... Hilda, mis disculpas. Me llevaré a las niñas a su clase de piano. Jovencitas, después de ustedes. -Abrió la puerta por completo y se colocó a un lado para que salieran. Hilda no emitió palabra alguna y solo asintió con la cabeza en forma de saludo antes de ponerse a ordenar la habitación.
Mientras se dirigían a la sala de juegos, intercambiaban miradas ya que esperaban un castigo al llegar o que Rodha se enojara con ellas y no les dirigiera más la palabra. Uno de los peores miedos de las niñas sería perder a su preciada niñera.
-Van a tener que explicarme qué pasó y quiero cada detalle, por favor. -Dijo Rodha al llegar al salón y cerrar la puerta.
Lo pidió con tal serenidad que las niñas se tranquilizaron y comenzaron a contarle todo. Desde sus preocupaciones, el por qué buscaban su diario íntimo y las disculpas necesarias por haber invadido su privacidad. No dejaron de lado lo consternadas que se sentían porque ella se alejara y las abandonara. La niñera insistió en saber qué habían leído en ese libro y dónde lo habían guardado, cosa que confundió a las niñas porque no estaba asegurando quedarse en la casa y solo le estaba preocupando un libro.
-Por favor, necesito saber qué leyeron para poder arreglarlo. -Insistió Rodha mirando el techo ya sin expresión en el rostro.
-No queremos que te vayas Ro, por favor. -Dijo Maria con lagrimas en los ojos.
-NADIE SE QUEDARÁ EN ESTA CASA SI NO ME DICEN QUÉ HA PASADO.
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Los libros de Rhoda
FantasíaLa vida de dos hermanas cambiará para siempre desde que encuentren esos libros. Maria y Elizabeth desearán haber obedecido a su niñera. ¿Cómo dice el refrán? "La curiosidad mató al gato" ¿No?
