(...)
Sus masculinas y morenas manos fueron descendiendo por mi espalda en una sensual caricia, hasta posarse sobre mis nalgas, me apretó contra su cuerpo macizo haciéndome sentir su poderosa erección.
-Sientes Adela, puedes sentir cómo me tienes. Es por ti, sólo por ti. Quiero hundirme en tu coñito húmedo y caliente, quiero probarlo, quiero mimar, lamer y morder tus tetas. Quiero tantas cosas de ti. Gimió levemente mientras lamía mi clavícula.
-Por favor Kiril, hazlo. Quiero sentirte conmigo. Quiero sentirte dentro de mí. Rogué mientras acariciaba su cuello y lo atraía hacia mí, besándolo con ardor. El sabor de su boca junto con los movimientos de su lengua, eran increíbles.
-Oh nena, te voy a coger tan duro y tantas veces que olvidaras lo que es no tenerme dentro. Quiero que mañana cuando te cueste sentarte recuerdes que ha sido por mí. Que después de hoy, siempre necesites sentirme en tu interior. Habló con voz ronca por la excitación.
Sus manos viajaron a mis glúteos y me alzaron para depositarme en la mesa de la cocina; quitó rápidamente mi camiseta para dejarme completamente desnuda ante él, con el cabello suelto tapando mis pechos.
–Oh joder, eres hermosa nena. Por favor dime que estás segura de que quieres esto y que lo quieres conmigo. Murmuró acercándose lentamente a mí. Su boca bajó directamente a mis pechos y sin contenerse los lamió con placer, y su manos se deslizaron por mis muslos, acariciando mi piel con la punta de los dedos. –Por favor, dímelo. Odiaría que mañana te arrepintieras de estar conmigo.
Yo sentía que estaba en una dimensión desconocida, un lugar donde no podía hablar o pensar, en donde me costaba llevar aire a mis pulmones. Sólo podía sentir como las manos y boca de Kiril moldeaban mi cuerpo a gusto y placer. Tiré mi cabeza hacia atrás y cerrando mis ojos gemí cuando sentí las caricias de sus dedos en mi húmeda intimidad.
- Jamás me arrepentiré de nada de lo que haga contigo. Dije en un suspiro.
-Kiril… Si… más... Por favor, no pares. Gruñí cuando comenzó a follarme con dos de sus largos y gruesos dedos, mientras su palma frotaba mi clítoris.
Estaba a punto de correrme, de alcanzar un increíble orgasmo cuando se detuvo de repente. Dando unos pasos hacia atrás, comenzó a desvestirse lentamente mientras me observaba. Se quitó la chaqueta, seguidamente las botas y la camiseta, dejando al descubierto un torso perfecto desde sus hombros anchos y esbeltos, pasando por sus brazos cubiertos de tatuajes, sus pectorales y estómago poblados de una mata de vello oscuro y con músculos bien definidos. Mi boca se hacia agua por las ganas de pasar mi lengua por todo esa piel libre de ropa.
–Si pudieras verte ahora nena. Te ves tan hermosa. Tus piernas abiertas para mí, dejándome apreciar ese tesoro hinchado y húmedo de deseo, sólo por mi. Tus pechos mojados por mi saliva y marcados por mis besos. Tu boca entreabierta y jadeante es tan apetitosa que apenas puedo contenerme de tomarla también. Pero tus ojos cariño, brillan como dos luceros y nada me excita más que ver tu mirada en este momento. Eres increíblemente erótica y femenina Adela. Y haré que te corras y chorrees, pero quiero estar dentro tuyo cuando eso pase. Detalló con la voz cada vez más ronca mientras terminaba de sacarse los pantalones, quedando como Dios lo trajo al mundo. Lo miré de arriba abajo una y otra vez pensando en que Dios fue muy generoso al darle un pene increíblemente grande y grueso. Mis ojos se abrieron impresionados por la belleza sexual y sensual de Kiril, era masculino y con una atractiva rudeza que podía notarse en cada perfil y terminación de su cuerpo. Su erección era increíble y no sabía si podría acoger algo así en mi apretado y estrecho canal.
Sin embargo las ganas de tenerlo conmigo, pegado a mí, dentro mío eran tantas que las dudas desaparecieron enseguida. Lo atraje hacia mí enganchando mis piernas en sus caderas y mis manos en su nuca, buscando su boca de nuevo.
