Parte 1. Súbito y nada profesional.

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Hace apenas un mes que me mudé a Boulogne-Billancourt, cuidad cerca de París, Francia. Siempre fue mi sueño trabajar en algún lugar cercano a París, y ahora no solo trabajo y vivo aquí, sino que también tengo mi propio consultorio de psicología. A pesar de titularme en México, tuve la oportunidad de estudiar inglés y un poco de Francés, lo suficiente como para poder comunicarme con mis pacientes para entenderlos.
Tengo la suerte de que mi consultorio está ubicado en el mismo edificio en el que vivo, solamente bajo las escaleras y ¡Voila!, Llego a mi trabajo inmediatamente.
Esta ciudad es muy vasta y ruidosa, o sea que está llena de vida, por lo que se puede decir que tengo un trabajo envidiable que me da para mucho más que solo comida y vivienda.
Todos los días son diferentes, conozco a diferentes personas, todas tan especiales y con mil historias que contar, pero también están aquellos que tienen miles de problemas, y aquellos con los que incluso una profesional como yo no puede tratar. Pero a pesar de esto me gusta mucho mi trabajo, es fácil y muchas veces se tratan de problemas simples como peleas familiares y apatía.
Hoy me dirigí nuevamente a mi oficina, bajando las escaleras de mármol y abriendo la puerta que conecta directamente con la banqueta de la calle exterior, la cual está estéticamente colocada al lado del río. Mis vecinos dicen que lamentablemente la dirección del viento nunca hace que la brisa entre por mi puerta, y pues yo nunca la he sentido así que supongo que dicen la verdad. Abrí la segunda puerta donde está mi consultorio (anteriormente solo tengo la sala de espera). Abrí mis cortinas y acomodé mis papeles para empezar a recibir gente. Normalmente llega gente a partir de las 10am, pero esta vez tuve que esperar hasta las 12 para recibir a mi primer paciente.
Fue muy rápido que apenas entro al consultorio llegó otro paciente, colocándose detrás del primer asiento de la sala de espera, yo le di poca importancia y comencé con la consulta. Cuando terminamos, acompañé a mi paciente hacia la puerta, y justo al abrirla sentí como la brisa tocó todo mi cuerpo, aquella brisa que nunca había encontrado su camino adentro de mi oficina. ¿Como era esto posible? Este pensamiento se fue rápidamente cuando noté algo peculiar; otro paciente se había sentado en la sala de espera, pero este estaba justo al frente del paciente que había llegado primero, lo que se veía claramente que la persona de atrás estaba muy molesta.
-¡Oye, respeta mi lugar, yo llegué primero!
Dijo el hombre detrás de él.
-Con todo respeto, anciano, fue su culpa por no tomar el asiento que claramente está dedicado para aquellos que llegan primero.
Fue ante el sonido de la voz de ese hombre que finalmente le puse atención.
Me quedé sin aliento, apreté mi propio brazo con mucha fuerza al ver la magnitud de su cuerpo, pero principalmente su largo cabello y sus ojos azules.  Parecía que la brisa había entrado gracias a él, de hecho todo el lugar se sentía más agradable con su pura presencia. Sus palabras fueron las que finalmente me sacaron de mis pensamientos.
-Dejemos que la señorita decida, ¿eh?
Pensé por un segundo, obviamente quería que pasará el primero pero eso sería demasiado infantil y se vería mal, pero simplemente no pude resistirme.
-Pase
Procedi a hacer una invitación ante ese hombre gigante de piel más blanca que la nieve.
Al parecer se puso muy feliz por eso
-Jajaja! ¡Gracias Madmuasel!
El hombre que llegó primero estaba claramente más furioso que antes.
Ya dentro de la habitación, no pude evitar sentirme un poco nerviosa, era una persona muy bella pero tenía que comportarme como una profesional.
Al principio tomó asiento y apartó su mirada, puedo compararlo con un pequeño niño de escuela cuando está a punto de ser regañado por un maestro.
-¿Cuál es su nombre?
-Soy Jean Pierre, Polnareff.
Anoté su nombre rápidamente, pero de extraña manera, eso hizo que mi corazón se acelerara un poco.
-Digame, Jean Pierre, cuál es su...
Fui interrumpido por él.
-Señorita, por favor, no seamos formales, siento como si estuviera a punto de recibir un gran regaño.
Fue bueno que me lo dijera desde un principio, pues yo estaba muy perdida que probablemente no me habría dado cuenta que eso era lo que quería.
-Oh, lo siento, Polnareff, mi nombre es_______.
Fue cuando dije mi nombre que finalmente me miró a los ojos, hubo quizás diez segundos de silencio mientras me observó, yo no intenté apartar la mirada.
Polnareff se sentó recto en la silla y simplemente parecía más cómodo.
-En respuesta a lo que ibas a preguntar,_________, me da mucha vergüenza hablar sobre mi problema, es un problema que un caballero como yo simplemente no podría soportar tener.
-Te pido que confíes en mí- Me sentía como si le estuviera hablando a un superior, a pesar de que claramente era solo mi paciente- Yo estoy aquí para escuchar problemas graves como esos, y te prometo que juntos podemos resolverlos.
Polnareff apartó la mirada por unos segundos.
-Está bien, pero promete que no te dará risa, ¿vale?
-Si Polnareff, lo prometo.
Se tomo unos segundos para respirar y finalmente decirlo.
-Tengo una tonta adicción al tabaco, a los cigarrillos de alta "calidad".
Su problema era grave, pero gran parte de su cara se tornó rosada y trato de amortiguar el problema con una sonrisa demasiado cómica, por lo que tristemente no pude evitar reírme un poco, tapando mi sonrisa con mi mano, esto lo hizo sonrojarse aún más.
-EHH! ¿¡T-Te estás riendo de mí problema?!
Yo respiré pero era muy dificil aguantarme la risa.
-No! ¡Te juro que no me estoy riendo!
El apuntó a mi mano con su dedo.
-Se ve claramente como te estás riendo detrás de tu mano, ¡Oye!
Finalmente me pude tranquilizar, pero era muy tarde para mi rostro, que al igual que el suyo estaba totalmente rosado.
Cuando quité la mano de mi boca, sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a reírse en carcajadas.
-Jajaja! ¡Pareces un tomate!
Yo no pude evitar reírme, aunque todo este ruido podría estar afectando a los otros pacientes, después de reírnos juntos por unos segundos decidí disculparme.
-Te pido perdón Polnareff, simplemente no sé qué me ocurre esta mañana, estoy con buen humor, supongo.
-No te preocupes _______, ahora pienso que fue una buena idea venir aquí. Nunca pensé que sería tan, informal, definitivamente esa es la manera con la cual tratas un asunto como el mío.
-Me alegra Polnareff, pero eso significa que tendrás que contarme cómo comenzó tu problema.
-Sabes...- El juntó sus manos y más puso debajo de su barbilla- Me encantaría contarte todo,________.
Nuestras miradas se cruzaron, yo me puse sería y el tenía la expresión más coqueta que había visto en mi vida.

(Quisiera alargar más este episodio pero no tengo mucho tiempo, Ciao)

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