Me despierto media hora antes de lo normal, me ducho y me visto antes de bajar al salón. Allí, mi madre está fumando algo que no tiene buena pinta. Tiene los ojos rojos y parece muy enfadada, como si le hubiese lanzado la mayor ofensa de su vida. Me sigue con la penetrante e insana mirada hasta que cruzo el umbral de la puerta que comunica con la cocina. «Estoy harto de esto», pienso mientras me preparo el desayuno.
«Todos los días igual, mamá se droga y no aguanto más los puñetazos de papá. No he estudiado nunca ni pienso esforzarme en hacerlo; mis notas no subirán» me susurro en mi mente.
De pronto, tomó una decisión. No es algo que haya estado reflexionando durante mucho tiempo. Sin embargo, no es la primera vez que la idea se me presenta. Lo único nuevo es que esta vez decido llevarla a cabo.
Me dirijo a mi cuarto y, una vez allí, vacío los libros de mi mochila y meto dos botellas de agua dentro. Cojo de la cocina suficientes barritas energéticas como para quitarle el hambre a un caballo —las compré yo mismo el otro día—, meto un bocadillo grande de ayer y doblo una sudadera y un par de camisetas. Todo entra a la perfección y una leve sonrisa, casi involuntaria, asoma en mis labios. No recuerdo la última vez que sonreí de esa manera.
Me hago un par de sándwiches rápidos y los meto en una bolsa con una botella más de agua, lanzo dentro una manzana y le hago un nudo a la ya mencionada. Me pongo unos pantalones cortos y unos largos sobre los primeros —no tengo otra manera de llevarlos— y agarro el plumas del perchero.
Ya con la mochila puesta y la bolsa en la mano, echo a andar con paso rápido hacia la puerta. Cuando mi madre me ve le suelto:
—A clase, mamá. Es lunes.
Ella se queda con la palabra en la boca y yo agarro el pomo de la puerta principal. Me quedo quieto unos instantes, debatiéndome entre si coger las llaves o ignorarlas y dejarlas donde están. Termino por cogerlas y, con un gesto veloz, las meto en mi bolsillo, donde llevo además 20$ que he ahorrado a lo largo de este mes.
Ahora sí, agarro el pomo de la puerta y la abro, en dirección a un viaje del que espero no regresar nunca.
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Yawerlock
AdventureLas apariencias engañan... Por desgracia para Alukah, aún no ha reparado en ello. Harto de soportar a su alcohólica madre y los tortuosos abusos de su padre, decide escapar y dejar atrás su problemática vida. Impulsado por la rabia y sin tener hac...
