Estimada: Peyton Van
Nos complace informarle que se le ha concedido una plaza en el colegio Hogwarts de magia y hechicería.
Adjunta a esta encontrará la lista de los libros y el material escolar necesario para el año.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos recibir su lechuza no más tarde del 31 de julio.
Atentamente:
Minerva MacGonagall
Directora adjunta.
Roberth Van, terminó de leer la carta que encontró, en una de las gradas que se encaminaban hacia su pórtico, frunció el ceño y miró a ambos lados de la calle, esperando ver a un cartero o a alguno de los compañeros del colegio de Peyton, sin embargo, no encontró a nadie.
(El señor Van, dueño de una firma de abogados, caracterizado por ser un hombre justo, tan justo, que para ser abogado, no contaba con un buen estatus socioeconómico. El señor Van vive en el centro de la ciudad de Norwich, en compañía de su única hija de once años Peyton .
El señor Van, es un hombre de aproximadamente 1.75 m, cabello castaño, común diría él, es un hombre gordo, no fofo. "Atractivo" si le preguntan a la vecina de enfrente.)
<<MacGonagall>> pensó, <<Directora adjunta>>, lanzó nuevamente una mirada hacia la calle, un leve aleteo hizo que se sobresaltara , el sonido provenía de uno de los pilares del balcón de su pórtico, era una lechuza vieja y desplumada, El señor Van retrocedió lentamente, hasta entrar en su casa, tomó la puerta y la cerro de un portazo, aún con la carta entre manos se dirigió rápidamente a la mesa que se ubicada en el centro de su sala, en ella había un directorio de teléfono, lo cogió entre manos y pasando deprisa las hojas, llegó a la letra "M", inició:
-Mabed
-Mabelly
-Mables
-Mac...Mac...Mac.- decia entre dientes, mientras pasaba el dedo sobre la hoja, arrastrándolo lentamente.
-MacBrady
-MacCarhy
-MacCodden
-MacDermot
<<Ninguna MacGonagall>> pensaba, mientras cerraba el directorio telefónico.
Tomó entre manos la carta, mientras la guardaba en su sobre con sello y membrete, la lechuza que aún aguardaba afuera emitía un casi inaudible ulular.
-¡Bah! Tonterías- gruñó, arrugó la carta y la lanzó al fuego. Segundos antes de que el fuego alcanzara a tocar la carta, llamaron a la puerta. El señor Van quedó parado ante la chimenea, donde ardía, con unas llamas azuladas la carta.
Dio media vuelta y se encaminó, cruzando la sala, tomó el picaporte de la puerta, la abrió, sin oportunidad de siquiera preguntar quién llamaba a la puerta o de al menos saludar y decir "buenos días". Una señora baja, de cabello canoso y con ojos amarillos como halcón, cruzo la puerta sin preguntar.
-¡Que demonios! ¿Quién rayos es usted? -dijo exaltado el señor Van.
-El placer es mío, Señor Van- replicó la señora de ojos amarillos.
Estaba parada, del lado derecho del sofá más próximo a la chimenea, portaba pantalones negros y una chaqueta negra, la combinación de ambos, hacía que sus ojos amarillos se vieran más grandes y penetrantes.
La carta aun ardía en el fuego, aunque las llamas azules eran mas tenues y empezaban a escasear.
El señor Van, se puso la mano derecha en la cintura y se pasó la mano izquierda por la cara, e inicio a revolverse el cabello.
-Disculpe...señora...¡eh! ... Se podría saber ...cuál es el motivo de su visita. - dijo el señor Van, haciendo un intento fallido de disimular su disgusto.
-Como se nota que a los muggles no les enseñan modales.- dijo la señora con cabellos blancos entre dientes y arrastrando las palabras.
-¡perdón! ... ¿mo...? ¿mogg...? ¿qué?, ¿esto es una especie de broma? ¿no?, primero la carta, ahora esta extraña visita, ¿es usted Minerva MacGonagall?
-¡Valla Señor! Para ser muggle lo ha comprendido todo bien, me ha costado mucho más tiempo explicarles a otros esta situación...y no, no soy "Minerva MacGonagall", mi nombre es Rolanda Hooch- dicho esto, le tendió la mano, como una muestra de saludo, pero el señor Van, simplemente la ignoró.
-Aun no me ha dicho el motivo de su visita, ni una explicación de su burda carta- dijo el señor Van sin quitarle la mirada de encima.
La señora Hooch entrelazó los dedos y empezó a caminar alrededor del sillón más próximo. - Verá señor Van, no hay nada que explicar, la carta era muy explícita, fácil de comprender, incluso para los muggles, ¿y el motivo de mi visita?, muy sencillo, vengo por que usted ha tenido la osadía de arrojar la carta que Minerva MacGonagall le ha enviado a su hija Peyton, al fuego.
- Me perdonará usted señora, pero esa es la carta más absurda que he leído en toda mi vida, ¿un colegio de magia y hechicería? ¿enviar una lechuza? - replico el señor Van, al borde de estallar de furia.
La señora Hooch, siguió caminando, rodeando lentamente el sillón, haciendo caso omiso a lo que el señor Van le decía. - En el colegio Hogwarts, Peyton recibirá la educación que necesita... Peyton es diferente, ella realmente necesita una educación que usted no puede darle, una educación que no recibirá de ninguna escuela muggle.
-Peyton no es diferente, ella es completamente normal, la conozco, ella...
-No señor Van- lo interrumpió la señora Hooch - Peyton sí es diferente, en sus venas corre sangre magica, ella es una bruja, pertenece a un mundo diferente a este...
-¡Una bruja! - dijo el señor Van, con una sonrisa de sorna- sabe que... ¡muy cordialmente, le hago la invitación de largarse de mi casa!- decía mientras caminaba hacia la puerta - ¡sangre mágica! - bufaba el señor Van, sin parar de caminar - ¡la magia no existe! - decía, dirigiéndose a la señora Hooch y tomando entre sus manos el picaporte.
-¡ah! No- dijo la señora Hooch, mientras sacaba de su chaqueta negra su varita y apuntando hacia la puerta, hizo un movimiento de varita.
El señor Van abrió la puerta, se quedo perplejo ante lo que apareció frente a sus ojos. En lugar de ver las gradas de su pórtico y la columna donde unos minutos atrás ululaba la lechuza ó al menos el resto del balcón y la calle de enfrente.
En lugar de eso, el señor Van pudo ver una habitación, una habitación que él ya conocía, en ella se podía apreciar una chimenea que ardía con el fuego tenuemente azulado, era una habitación muy bien iluminada, habían dos personas allí dentro, era una mujer y un hombre, ambos estaban de espaldas, a la mujer la reconoció de inmediato, ¡Era la loca mujer que vino a hablarle de todos esos absurdos! Pero...
¿quien era el hombre parado frente a la puerta que se dirigía a la calle?, el señor Van incrédulo de lo que pasaba frente a él, avanzó e ingresó a la habitación, el hombre del otro lado imito su movimiento y cruzó la puerta. Ya adentro el señor Van, la puerta detrás de él se cerro sola, resonando con un fuerte portazo, el otro hombre en la habitación desapareció.
Él señor Van estaba parado atrás de la mujer en la habitación, palideció y sus manos empezaron a temblar, estaba absorto ante lo que acababa de suceder. ¿acaso el hombre que desapareció, el hombre que estaba al otro lado de la habitación era... era él? , tenia la boca abierta y miraba de soslayo a la mujer, que inicio a caminar con un as de triunfo hacia la chimenea.
-Con que.... La magia no existe ¿no señor Van? - decía, mientras sostenía su varita y apuntaba a la chimenea.-reparo-susurro.
Y la carta que había quedado reducida en cenizas empezó a recobrar su tono amarillento, fue como si fuese una especie de cámara, que fuera de retroceso, cada uno de los trozos de la carta iniciaron a unirse. La carta salio despedida del fuego, intacta, hacia las manos de la señora Hooch.
La mirada de desconcierto del señor Van provoco una sonrisa en la señora Hooch, en su rostro pudieron notarse hoyuelos muy marcados. -estaré aquí, mañana a la misma hora- dijo la señora Hooch, extendiendo la carta a el señor Van y él correspondía tomándola entre manos.
Ella caminó hacia la puerta, con aquel aire de decisión en sus pasos, tomo el picaporte entre manos y abrió la puerta de un tirón, se volvió, dirigiéndose a el señor Van.- procure mantener el fuego de su chimenea apagado.
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Peyton Van Figg
Fanfiction1990, año en el que ingresa Peyton Van, al colegio Hogwarts de magia y hechicería. Miembro de la casa de Hufflepuff, ella demuestra que Hufflepuff no es sinónimo de "carencia de talentos".
