Ese preciso instante en el que descubres una verdad que sabías que existía pero no querías verla
Duele
Y hoy entendí, que está situación no da para más, que tanto tú y yo merecemos paz
Y no la hallaremos así.
Uno evitando al otro, así que lo mejor será más olvidarme de tí y de lo que siento, enterrarlo en el jardín de sueños olvidados.
Y yo yaceré en el Cocito, surcando todo el Hades, pensando en lo que pudo ser pero no existirá.
Musas, siendo testigos de mis lágrimas y mis penas, guarden mis escritos, que nunca se olvide este sentimiento que tengo atorado en la tráquea.
Moiras, ustedes que me han llevado hasta este punto de inflexión, les ruego tengan piedad con esta alma que solo sufre por un amor no correspondido.
Fabonio, ahora que estás apunto de llegar, encomiendo que le digas a Eros o Cupido, cómo él así lo prefiera, que perdí, que luchar más seria una guerra sin sentido.
Qué no hallo fuerzas para poder seguir está Odisea, porque no hay Penélope que me espere.
Qué Virgilio me abandonó en esta selva oscura, dónde las fieras terminaron por despedazar todo lo que quedaba de mi.
Que ahora que abrí esta caja de Pandora otra vez, la esperanza olvido quedarse.
Perdido en este laberinto, dónde un fauno intenta guiarme.
Termine hundido en el tormento de mi mente.
Y a ustedes, dioses olímpicos, brindo en su gloria, esperando algún día ser digno de vuestra bendición.
Y tú, Dios que me acoje cuando siento que estoy desvanecido, lamento decir que estoy aquí otra vez, en este pequeño rincón de mundo.
Esperando el momento de continuar, de poder desprenderme de lo que siento, aunque esté cocido a mi piel, impregnado a mi mente y enraizado a mi alma.
Sólo te pido dos cosas, Dios, que cuides a los míos y que hoy veles por mí.
