Kerem Haktanir encuentra de una forma peculiar a Reyhan Göksu. Son tan diferentes que no se dan cuenta de lo que realmente los une. ¿Podrán realizar su historia de amor?
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COMO EL AGUA Y EL ACEITE
Un incidente imprevisto reúne a dos jóvenes con muy diferentes formas de actuar y de pensar. Él, un joven intrépido, inteligente y despreocupado que vuelve a su hogar tras haber estudiado en el extranjero. Ella, un joven de pueblo que tras llegar a la ciudad, tiene que ganarse la vida al no encontrar a una amiga de su madre. Ambos aprenderán el uno del otro logrando una unión fuera de serie.
Capítulo 1 El incidente
Acababa de llegar del aeropuerto. No esperaba que alguien fuera a recogerlo. Era mejor darle una sorpresa a su madre, a su hermana y a su cuñado. Kerem Haktanir había vuelto después de mucho tiempo a Estambul, tras haber estado estudiando en Estados Unidos. Era hora de volver para recordar los viejos tiempos, retomar a los amigos y ¿por qué no?, tratar de identificar lo que realmente sentía por aquella joven llamada Parla. Era una amiga de su hermana pero que insistentemente frecuentaba su casa.
Ahora sólo quería llegar y aprovechar el tiempo para saludarlos a todos.
Su auto esperaba en el hangar. Tenía la llave a mano. Era hora de dirigirse a su casa.
Estaba por arrancar, cuando alguien irrumpió violentamente y se subió sin avisar.
- ¡Hey, ¿qué te pasa?! Bájate de mi auto.
- Arranca rápido, por favor.
Kerem miró a la joven que estaba a su lado. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso estaba loca? ¿Cómo se le ocurría subirse al auto de un desconocido y precisamente al suyo?
- ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Bájate ahora mismo, no soy taxista.
- ¡Ya te dije que arranques ahora, por favor!- siguió gritando asustada.
Kerem se sorprendió. La joven realmente estaba asustada.
- Vamos a ver, ¿de quién huyes? ¿Acaso eres una ladrona o qué?
- ¿Ladrona yo?- preguntó ya molesta.- ¿Por qué piensas que soy una ladrona?
- Si no es así, ¿por qué huyes? Por cierto, ¿qué llevas en esa maleta?
La maleta que la joven portaba era algo voluminosa.
- Ni sueñes, se trata de mis pertenencias.
- ¿Y piensas que voy a creerte? Tal vez ahí traes el contrabando. Será mejor que te bajes o llamaré a la policía.
Sin embargo, la vio tan nerviosa que pensó que era mejor moverse de lugar.
Arrancó el auto y se desplazó por las calles casi sin saber a dónde se dirigía.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien, qué?- preguntó él.
- ¿A dónde vamos?
- ¿No me pediste que condujera? Así que vas a tener que soportar que te lleve a otro sitio.
Avanzaron en círculos hasta que Kerem salió hacia un bosque.
- Bien, ahora sí la hemos hecho- dijo el joven Haktanir- andamos quién sabe en qué terrenos, vamos a salirnos de la carretera.
- ¿Y a dónde se supone que me llevas? -insistió la joven.
- Pues me pediste que condujera, ni yo mismo sé a dónde.
- Tienes que volver. O acaso, ¿estás pensando hacerme algo?
Kerem casi se carcajea.
- Eres la última mujer por la que me interesaría. Estás equivocada.
- Sí, ahora veo- dijo la muchacha- eres un pervertido que quiere estar a solas y llevarme quién sabe a dónde.
- ¡Oye!- insistía Kerem- ¿cómo se te ocurre semejante tontería? Ya te dije, no te haría nada porque no tengo ningún interés en ti.
- Será mejor que te detengas de una buena vez- dijo la joven.
Kerem se detuvo.
- Bien, ya estamos en medio de la nada- advirtió- esto era lo que querías, ¿no?
- No, esto es lo que tú querías- comentó la joven molesta.
- Oye, recuerda quién fue la que se puso como loca y además se subió a mi auto.
- ¿Ah, sí? Pues será mejor que me baje antes de que intentes hacerme algo.
- ¡Loca! Estás trastornada. Espero no volver a verte en mi vida.
La muchacha se sintió como abandonada. Pero de pronto un taxi asomó por la carretera.
Un par de horas después, Kerem llegó por fin a su casa.
Su madre, la señora Macide, salió a recibirlo.
- Hijo mío.
El joven besó la mano de la madre y la colocó sobre su frente.
- Gracias, madre- dijo el joven- me moría por volver a verte.
- Nosotros también. Humeyra y yo esperábamos tu vuelta.
- No digas mentiras, madre. – dijo en tono de broma- Humeyra sólo tiene ojos para Tariq, además seguramente disfrutaba sentirse hija única.
Humeyra llegó en ese momento.
- Te escuché, ¿eh, hermanito?- sonrió.- Bienvenido.
- Gracias, hermana. Yo también te extrañé.
Lo hicieron pasar. Todos estaban muy contentos por la vuelta de Kerem.
-
Quien arriba después de varias horas de camino era aquella pobre pueblerina llamada Reyhan.
Había ido a buscar a una amiga de su madre pero lamentablemente no la encontró.
En cuanto pudo descansar lo hizo al fin. Encontró una gran casona. ¿Quién viviría ahí?
Se sentía como esas pequeñas de cuento de las que su madre siempre le hablaba.
- Uf, Alah, espero poder llegar a un lugar decente. Ya estoy muy cansada.
Sin que pudiera tocar la puerta, una mujer la recibió.
- Qué bueno que llegaste, ya era hora.
- ¿Perdón, señora?- preguntó la muchacha.
- Nada, nada, pasa. La señora te está esperando desde hace horas. En un rato hablará contigo. Pero ahora debes venir a la cocina conmigo.
La joven Reyhan no tenía idea de lo que estaba sucediendo.