Era una mañana de julio otoñada y seca, con ganas de disecarme en la oledad del pajar. El tiempo parecia telaraña y su alma sin rumbo, en busca del sentido que no encontraba.
Las mañanas y la noches se hiban volando, como páginas de libros, sin predecir el futuro solamente los días transcurrían, y el sabía que ella ya no estaba a su lado. Desde entonces él sentía que su mundo se detenía poco a poco, hasta que un viejo ciego trataba de cruzarse de calle. Inmediatamente después el joven actuo y se dirigió hacia el ciego, diciéndole; - haber déjame ayudarte, con el bastón en su manos caminaba con ayuda del joven, el viejo ciego. Al llegar a una esquina opuesta del semáforo el ciego le agradeció, y le dijo; " en estos tiempos todo se creen perfectos, sin conocer el futuro para poder saber el mañana."
- El muchacho solo observo el pobre ciego, que calzaba unos tenis blancos altos que ya estaban rotos, su camisa blanca manga larga, rasgada de la espalda y con un color amarillento de lo detoreada. - El ciego para finalizar le dijo; el ser humano es un ser inconformista, esta conformado por complejidad, valoramos cuando es tarde y apreciamos cuando todo es innato. El viejo siguió su camino.
- Él joven se quedo con una nube en su pensamiento, seguramente estoy demasiado confundido se dijo a sí mismo. Paso sentado horas en un muelle preguntándose. - ¿Soy feliz? En ese momento pensó que si lo que iba decir era cierto, en realidad no estaba seguro de estarlo.
La tarde transcurría y quería pasar todo ese momento a solas, lo cual le parecía agradable. Y de la nada cayo en ese lugar una lluvia tan fresca, decidió quedarse un momento mas disfrutando el ocaso con la disipación de la nubes que le daban un enfoque panorámico al lugar. Se saco una banana que traía en su mochila y se la empezó a comer sintiéndose tranquilo, ya que las bananas según él expresaban, tranquilidad. El agua cada ves era mas densa que caía perpendicularmente sobre todo el lugar, provocando que las aves de todo el muelle se movieran cantando en aquella lluvia sonora, y llovio sorprendidamente esa tarde de julio.
Aun no se habia dado cuenta que el ciego fue para él señal de esperanza, no se dio cuenta hasta que un dia recibio otra señal en los dias quizás mas frios y oscuros.
Todo pasaba y pasaba y parecia simplemente solo pasar sin sentido, no cambiaba nada, todo era igual y todos los dias eran vacios. Hasta que un dia volvio a recordar la vez que se encontro al ciego, y le dijo que el ser humano es un ser inconformista. En ese momento se encontraba subido en un techo y solo veia las constelaciones, y ese instante vio la constelacion venus en aquel cielo desértico, ya que ultimamente habia estado nublado lo que impedia que ni si quiera se mirara Sirios que es la estrella mas brillante. Pero en esa efimeridad de ver a Venus abstrajo la belleza y el amor en su interior, esa noche hubo un eclipse en su alma.
A partir de ese momento se alejo del borde del abismo, se dio cuenta asi mismo que el abismo es uno, y no es el exterior, todo esta en uno mismo. Parecia una noche de constelaciones con besos perdidos queriendo encontrar su destino.
Ese dia su alma abrio la puerta, para todos los deseos de las estrellas sin abrigo.
La tranquilidad se sentia en la aurora del amanecer.
Esa noche de julio parecia retoñar, la libertad paria salir de la atmosféra, de la caberna en la estaba presa, salir del obsoleto vacio en el que vivia.
Llego a pensar que el infierno era la pobreza del no pensar. El ser tiene que morir y nacer para volver al retorno de la vida. El devenir esta en una constante dialectica entre el ser y el no ser. Pero solo el alma busca el destino, el sentido de la existencia. Somos cuando somos lo que queremos y no somos cuando no queremos, cuando no hay voluntad, cuando no abrimos los ojos en la oscuridad.
El abismo esta en una consonancia latente, pero cuando abrimos y pensamos en el horizonte nos alejmos del abismo.
