Esta historia es de género yaoi (chico x chico) con contenido para mayores de +18 tiene contenido muy explícito
si eres una persona sensible no lo leas 🚫
la historia va en base a dos hombre que trabajan en la misma empresa pero nunca se habían vi...
Hola mi nombre es André y está es mi historia como de ser un millonario solitario y el soltero más codiciado de la ciudad. Termine en un romance con un empleado, un mensajero,que jamás Pence que podía provocar tantas cosas en mi. Odio, pasion, amor, lujuria y muchas cosas más con una simple mirada.
Todo comenzó, era un día como cualquier otro yo me la pasaba trabajando en mi oficina que se encuentra en el piso 18 de el edificio Marchal, en este lugar soy el dueño de esta empresa y del edificio, y todos, y cada uno de los empleados están a mi disposición aqui no se hace nada que yo no diga que se haga.
Este día en particular tube que permanecer en la empresa hasta altas horas de la noche, el edificio estaba vacío solo quedaba yo, o eso pensaba.
Al terminar mi trabajo pedí el elevador, pulse el botón para ir al piso 1 pero antes de llegar el elevador se detuvo en el piso 8, en el cual entró un hombre al elevador no lo ví con detenimiento ya que yo estaba muy entretenido en el celular. De repente se para el elevador y se apagaron las luces.
Todo se quedó en completo silencio, hasta que empece ha sentir unas manos las cuales recorrían todo mi cuerpo de cabeza hasta los pies. Una mano se detuvo y abrió mi camisa su rostro se acercó ya que aunque no veía nada sentía su respiracion. Su lengua bajo por todo mi pecho pasando por mis pezones y hasta llegar a mi miembro el cual lo saco con rapidez y eficacia de mi pantalón. Lo metió a su boca y lo empezó a chupar. Después de tanta excitación mi miembro estaba totalmente duro a tal grado que me dolía. Ya no podía contener mis ganas así que lo agarre con mis manos al chico y le baje el pantalón y los boxers. Lo acomode en cuatro, me inque, y lo embestir con fuerza a tal grado que solo sentía como se movía de todo el placer que le proporcionaba y los gemidos, terminamos haciéndolo tres veses.
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Sin saber quienes éramos, ni sin saber si nos conociamos. Sacando nuestro instintos más primitivos. En un éxtasis de placer.
De repente se prendió la luz del elevador y sin poder ver quien era se abrieron las puertas del elevador y desapareció el chico sin saber, ni su cara, ni su nombre.