I

32 6 1
                                        

Estación de trenes de Barcelona. 3 de agosto de 2025. 8:30
He tenido que madrugar, apenas he podido preparar una maleta en la que he metido un montón sin ordenar de ropa arrugada. Ah. Y la sudadera amarilla. Nunca me olvidaré de llevarla conmigo.
Cuando me despido de mi momento de nostalgia intentando borrar al chico de mi cabeza, intento prepararme mentalmente para lo que va a suceder. 16 personas encerradas de nuevo en una casa, esta vez durante dos semanas. Debería alegrarme, tener ilusión de volver a verlos. Pero lo cierto es que tengo miedo de verlos. A todos. No sé lo que puede llegar a pasar. Quizá es que no quiero aceptarlo. No quiero aceptar volver a verlo. Pero somos adultos, joder. Sabemos dejar de lado los problemas y centrarnos ahí. Ya no es tanto como "cumplir un sueño" (la estúpida tontería que nos hicieron creer aquellos que luego nos dejaron de lado hechos polvo para tener que buscarnos la vida). Ahora es más trabajo. Me convenzo de ello y me doy cuenta de que el tiempo reflexionando esto ha sido más del que esperaba y que el tren ya ha llegado.

Subo un poco confuso puesto que no sé si viajaré solo o no, pero la respuesta a eso la encuentro 2 segundos después.

—¡RAOUL!
Una chica, para nada alta, de un pelo rubio brillante y una sonrisa por la que se derritiría España, viene a mi encuentro y me abraza con efusividad.

—¡Nerea! Joder, no llevamos ni medio minuto juntos y ya estamos haciendo escándalo.

Logro que la pequeña se relaje y la obligo a sentarse para dejar de llamar la atención.

—¿Llevamos 4 años sin vernos y lo primero que vas a hacer va a ser refunfuñar como buen gruñón que eres?—suelta el comentario junto a una carcajada. Pero lo cierto es que no me hace gracia, y no porque no tenga razón -no del todo-. Noto cómo se me tensan los hombros y a mi cabeza vienen momentos que, a pesar de darme ternura, odio recordar. Creo que Nerea de ha dado cuenta, porque apoya su mano en mi hombro y me mira sabiendo, solo con ver mi mirada, la causa de haberme puesto así. —Raoul, no quería... creí que lo habías superado...
A-además, no solo él te llamaba así...

Lo cierto es que lo había intentado y creía que sí. Creía que todo estaba bien, que ya había aceptado que no le importé ni le importo una mierda al que fue y siempre será el amor de mi vida. La verdad es que no lo hago. Y es cuando ni siquiera ha empezado este reencuentro que sé que esto va a complicarse, mucho.

2025. Geschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt