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Mi primer historia sobre Lorenzo ajajjajsjs está ambientada en El Ángel, pero ya leyeron la aclaración. Saludinesss

Carlos y Ramón caminaban por una calle oscura y silenciosa en plena madrugada.

Estaban charlando en voz baja y buscando alguna casa donde meterse.

En la vereda de enfrente, una chica de cabello negro lacio, vestida de oscuro y con la cabeza agachada. Salía de su casa sin ánimos de vivir.

Sus padres la habian abandonado y la pareja con la que vivía, no le prestaba atención. No tenía amigos y sentía que su vida no valía la pena.

Cruzó hacia el frente cuidando de que ningún coche pasara y empezó su caminata sin rumbo.

En cuanto vió a los muchachos, metio su mano derecha en el bolsillo de su campera y sostuvo su navaja con fuerza.

Ramón frenó a su amigo y se quedó mirando a la chica alejarse.

-Ni se te ocurra eh- le dijo Carlos.

-¿Por qué?- preguntó sin comprender Ramón- ¿desde cuándo te importa?.-

La pregunta de Ramón medio lo descoloco, pero era evidente para él que esa chica llevaba algo encima, que podía dañarles.

-¿Vos sos boludo?... ¿No ves su mano?... A parte no puede ni con su vida. No tiene nada para robarle o interesante- concluyo dandole una mirada mortal a Ramón.

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-¡Al fin te dignaste a venir!- le grito Laura a ella, cuando entro con los ojos hinchados por el llanto.

-Hasta mañana...- murmuró dirijiendose a la escalera, pero antes de lograr poner un pié en ésta, sintió cómo la agarraba del cabello.

-¡¿Dónde estabas?!- le gritaba sacudiendola de un lado a otro.

-Solamente di una vuelta alrededor y ya- explicaba ante su "madre adoptiva".

-¡Ahora por eso, tenes prohibido salir de tu cuarto hasta que yo lo ordene!- la castigaba soltando su agarre.

-¡Perfecto!- respondía histérica- ¡al menos no tengo que aguantar a un borracho y una como vos!- dijo corriendo a su habitación y cerrando la puerta con llave.

Y es que éstos dos eran un descontrol. José siempre se ausentaba todo el día y llegaba ebrio, con un olor insoportable a alcohol. ¡Para colmo, se hacia el violento!.

Laura... un amante, no se encargaba de la casa y dejaba todo para que lo haga la chica. De vez en cuando estaba a los gritos como si se acabara el mundo.

Exacto... Era un infierno.

En fin... Los Pérez no creyeron que Miriam sabía escaparse desde la ventana a gran altura.

El balcón daba justo al árbol, era genial para ella (en ese momento) ocupar tal parte de la casa.

Y así llegó al césped y empezó a correr por la vereda, sintiendose más libre que nunca.

No tenía dinero, ni más ropa u otro lugar donde alojarse, pero se iría sí o sí abandonando todo sin vuelta atrás.

Ya a un gran número de cuadras recorridas se percató de algo: traía sus documentos, pero no su navaja.

Se maldijo miles de veces por dentro. Sabia que por más segura que parezca una zona, nunca se debe confiar.

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Los dos amigos y cómplices estaban andando en un auto, con un bolso con dinero en el asiento trasero.

Todavia tenían la adrenalina al máximo y la noche aún era joven.

-¡Tarada!...-gritó frenando de golpe, haciendo que Ramón se agarrara.

Casi atropellaban a una chica que estaba cruzando sin mirar.

Y resulta que ella era Miriam, que tenía la cabeza a mil por hora.

-¡¿Cómo mierdas me llamaste?!- exclamó acercandose enojada.

Carlos se bajo del auto y mirandola a los ojos le repitió-tarada...-con una gran tranquilidad en el rostro- te podría haber atropellado. ¿Qué querés morir?.- Preguntaba xon un tono frío y misterioso.

-Y vos sos un loquito...-decía- ¡Y sí, me quiero morir!- le gritó descargandose- ahora mejor sigo mi camino.-

-¡Che para!- le dijo Ramón saliendo de adentro- subí que te llevamos.

Carlos lo miró con cara de "¿estás loco?", sabía que su intención no era ayudarla.

-No tengo un punto exacto, me escape de donde vivo y ya no voy a volver más.-

-Deberíamos hablar dentro del coche e irnos igualemente. Dale Ramón vos manejas- le ordenaba subiendo a la joven en la parte de atras, subiendose él a su lado sosteniendo el bolso.

Al principio fue silencioso, Ramón conducía sin decir una palabra y prestaba gran atención al camino.

Carlitos miraba por su ventana, dejando a Miriam contemplar la supuesta serenidad, que reflejaban sus rasgos y sin poder evitar un suspiro.

Él se giro y pudo ver lo colorada que estaba- sos linda nena, eh- dijo sonriendole- ¿cuantos años tenés?- preguntó curioso.

-Diecinueve, los cumplí la semana pasada. Mi nombre es Miriam, aunque no me gusta. ¿Y ustedes?.-

La mataba esa mirada profunda. Parecía inocente pero a la vez, le acompañaba una extraña frialdad que no sabia descifrar.

-Yo tengo diecinueve y me llamo Carlos- contestó observando como se mordia el labio la chica, entre nervios y más.

-Me gusta tu nombre- comentó, pensando en si podría extenderle la mano o tocar ssu cabello.

-El mío es Ramón- su respuesta fue más cortante, pero a Miriam no le importó.

No sabia si quedarse callada o hablar de algo. Le pareció raro el bolso, sus miradas al exterior... Teniendo en cuenta de dónde venía, eso le daba señales de una cosa.

Se sentó mejor en el asiento y entonces largó la pregunta- ¿ustedes son... ladrones?- consultó asustada de que le hagan algo.

Ramón pareció tensarse y Carlos se le sento pegado a Miriam- vos llegas a decir algo... Chau todo- le advirtió seriamente.

Estaba tan cerca para ella- ¡No voy a decir nada!... Mi madre adoptiva lo hace, ¡no me mates!- pedía desesperada, viendo cómo la mirada de Carlitos cambiaba un poco.

Y como si estuviera calmando una bestia, se animo a agarrarle un rulo y acariciar su cabello lentamente.

-Habrías empezado explicando eso- empezó con su tono más "normal".

SentenciadaWhere stories live. Discover now