Las personas rotas indudablemente son las que mejor poesía escriben.
He de admitir que ha sido el mejor habito de todos los buenos que pueda tener, escribir para liberar el alma.
La escritura me ha acompañado a lo largo de mi viaje sombrío, siempre ha sido esa pequeña luz impertinente que me sigue por encima del hombro.
Me ha salvado en más de una ocasión, me ha dado un respiro, ha sido como el bisturí en un terrible síndrome compartimental, donde la única forma de aliviar la presión de la sangre que se acumula es rajando profundo.
Así, mi liberador.
Todo lo que siempre he querido aceptar y también lo que no, está escrito en cada apartado.
Pero me gusta que este buen habito siempre refleje muchos sentimientos positivos, incluso cuando ni yo misma puedo.
Aquí yacen mis grandes derrotas pero también mis grandes ganancias.
Mi buen habito siempre ha sido escribir, pero sobre todo de la gente que amo, de los lugares que amo, de las estaciones que amo, de los recuerdos que amo...
Y de la forma en que me amo en todo eso.
Al menos aquí si.
