Era 31 de agosto de 1972 en Shanklin Old Village, Londres; Un pequeño pueblo rural situado en una isla al sur del Reino Unido y conectado a tierra por ferri desde Portsmouth.
El verano estaba tocando a su fin y los primeros vientos del otoño ya acariciaban las copas de los árboles y columpiaban los carteles de las tabernas a partir de las ocho. Los días anteriores habían estado surcando el cielo de Shanklin cientos de lechuzas mensajeras en busca de los hogares de la nueva generación de magos y brujas del lugar; Y es que el pueblo se caracterizaba dentro de la comunidad mágica por ser el segundo en Reino Unido con menos habitantes muggles (Detrás de Hogsmade, con un 0% de población muggle entre sus calles). De esta manera, para los pocos a los que no les llegaría su carta cada año, no les parecía extraño el hecho de que cientos de lechuzas sobrevolaran los cielos en agosto anualmente, pues era de lo más común desde hacía casi un siglo, tiempo en el que el fenómeno de magos y brujas empezó a extenderse por el lugar.
Steve Rowbottom, una chica de 11 años, había recibido su carta hacía tres semanas al igual que lo había hecho toda su familia desde hacía siglos. Sus habilidades mágicas empezaron a aparecer como era de esperar entre su gente a la temprana edad de 6 años y sus padres empezaron a prepararla para lo que le esperaba a una bruja al cumplir su décimo primer cumpleaños. Todo sucedió una tarde, 5 años atrás, en la que Steve se encontraba en el jardín de su casa. Su madre acababa de recogerle los rizos color caoba en una cola de caballo alta atada a un lazo Turquesa que hacía juego con el color de sus ojos. El vestido que llevaba había sido perfectamente elegido para la ocasión, la boda entre su tía, Juno Rowbottom, y el señor McLaggen. Era blanco, con encaje de flores y cintas turquesas a los lados de la cadera. Le llegaba por las rodillas, dejando ver unas medias transparentes con brillos y unos zapatos azul bebé.
No cómoda con su nuevo vestido, una vez lejos de su madre, Steve intentó reajustarse las cintas a su gusto para poder moverse con mayor facilidad; Estas no se soltaban, de modo que comenzó a tirar de ellas con más fuerza y cada vez más enfadada hasta que soltó y gruñido de frustración y...
Las cintas de su vertido se transformaron de repente en serpientes, desenredándose con facilidad de los nudos de la madre de Steve y deslizándose por el jardín.
Una vez alejadas de Steve, las múltiples serpientes aumentaron de tamaño, aun que aún conservaban su color turquesa. Miraban a la niña con repentino interés mientras enseñaban sus colmillos y se entrelazaban entre ellas, cada vez con más longitud y grosor en sus cuerpos de escamas turquesas brillantes.
Steve corrió a esconderse; Se metió dentro del cobertizo y acurrucada se tapó los oídos hasta que pocos minutos después su madre corrió en su ayuda, sacándola de allí y abrazándola para que dejase de temblar. Pero Steve no temblaba, quería saber que había pasado con las serpientes. Se separó del agarre de su madre y se asomó con cuidado donde antes hubieron estado esas criaturas brillantes; Sin embargo, allí ahora se encontraba su padre, mirando con semblante serio hacía el final de la calle, ni rastro de las serpientes.
"Creo que las he hecho yo" fue lo único que dijo Steve. Sus padres se miraron unos segundos con una expresión en el semblante que ella no supo interpretar pero que se le quedó grabada por mucho tiempo.
En los años siguientes, a Steve le enseñaron que hasta que aprendiese a controlar su magia, debía dominar sus emociones, en especial las más fuertes, como la furia, que fue la que le llevó la primera vez a aquel incidente. También le hablaron de Hogwarts, el colegio de magia y hechicería para magos y brujas de a partir de 11 años, al que asistiría dentro de no mucho, al igual que lo habían hecho sus padres. Aprendió a cerca de las cuatro casas que componían el colegio; Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff. Las cuatro con sus características propias y sus respectivos fantasmas y magos famosos. Desde que Steve tuvo uso de razón acerca de esto, supo que su destino era estar en Ravenclaw, ya que su padre, Geoffrey Rowbottom había sido un alumno ejemplar de esta casa, además de asumir el cargo de prefecto a partir de su quinto año; Y su madre, Seelia Rowbottom, a pesar de tener características de Slytherin, fue colocada en Ravenclaw para sorpresa de todos y fue una de las decisiones más defendidas por el sobrero seleccionador, que duró 4 minutos valorando las posibilidades de Seelia en ambas casas.
De manera que trató de familiarizarse con esta, sus características, magos relevantes, sala común ( a través de las descripciones de libros ) y su fantasma.
No obstante, sus padres siempre le hablaban de Slytherin. Alumnos astutos, orgullosos, con cualidades de líder, sin tapujos.... Y por supuesto, algunos hablantes de pársel.
El pársel, como ya muchos sabrán, es el idioma de las serpientes y los pocos que han podido hablarlo a lo largo de la historia han pertenecido a Slytherin. De hecho, el fundador de esta casa, hablaba pársel y podía comunicarse con serpientes de todo tipo. Steve prometió a sus padres que no les dijo nada a las serpientes, y que tampoco estas le hablaron, tan solo las escuchó sisear aquella vez y jamás volvió a toparse con una. Su padre, por algún motivo que la chica desconocía, creyó a su hija, pero su madre siguió insistiendo con ahínco en Slytherin durante 5 años más...
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