En la colina se hallaba una casa, demasiado grande para ser de algún campesino y demasiado vieja para pertenecer a un noble señor. Su aura era sombría, todo alrededor parecía insípido, carente de color y de vida. Desde el inicio del sendero que ascendía hasta dentro del mismo jardín no había más que tierra; ni flores, ni rocas, ni siquiera pasto. Estaba tan apartado del pueblo que nunca se llegó a saber si alguna vez vivió alguien, lejos de toda interacción humana. Nadie salía y definitivamente nadie entraba.
Nadie sabía que esa residencia era el hogar de Dio Brando. Se había asegurado de viajar en silencio y con gran discreción, al punto de que ninguno de sus más acérrimos seguidores sabía con exactitud su localización. Él, Dio, pensaba que la casa era demasiado pequeña e insignificante, sin embargo tendría que conformarse por el momento, los puertos y caminos serían vigilados por guardias, policías y toda clase de enemigos. La desaparición de Jonathan Joestar y su hijo Giorno no pasaría desapercibida.
Raptarlos había sido la parte sencilla: estar en silencio un par de meses, viendo y maldiciendo desde la sombras como Jonathan era feliz con Erina y su hijo. Había enviado a sus seguidores para que observaran atentamente, con sus rutinas memorizadas logró encontrar el momento oportuno. Mantener a Jonathan encerrado, por otra parte, había sido todo un calvario.
Permaneció en una habitación, amordazado, viendo a su hijo sólo cuando no intentaba matar a su sirviente y escapar por las ventanas. Luego de un mes de comprender que esto no serviría más que para empeorar su situación, comenzó a adaptarse a su extraño estilo de vida.
Giorno le temía. No pudo evitar sentirse decepcionado cuando el bebé, con su último esfuerzo de volver con Jonathan Giorno se atrevió a rechazar estar en sus brazos, de sentir el afecto de él, Dio, rechazó su aura encantadora, pataleaba y lloraba con un terror tal que, por un segundo, temió que los gritos llegaran ala aldea cercana. La conexión que sintió al conocer a Jonathan volvió a renacer, más pura y con una ternura inexplicable. Sus destinos habían estado ligados desde el primer momento, ¿Se podía tener más de un alma gemela? Sentía que sí, en su olvidado corazón sintió, después de mucho tiempo, el sentimiento genuino del amor, como un débil rayo de luz en las tinieblas.
Una vez que la actitud de Jonathan mejoró, Dio lo trató de una manera más amable. Había logrado que se refiriera a él como "mi señor esposo" y tenía casi los mismo privilegios como dueño de la residencia Brando. Era una vida feliz para Dio.
Todos los días, como una siniestra rutina, el señor Dio Brando salía de su ataúd a medio día, llamaba a su sierva favorita para que le ayudara con su vestimenta, su lugar de descanso entonces se encontraba en el sótano , el único lugar seguro donde no entraba ningún rayo de luz , pasaba el rato leyendo o respondiendo alguna carta de sus allegados sirvientes.
A la hora de la siesta enviaba buscar a su esposo e hijo, quienes regularmente se encontraban en la habitación del segundo piso. Jonathan Brando (como ahora lo llamaba) descendía las escaleras con el pequeño Giorno en brazos, lucía aun más frágil cuando estaba con su padre, como un muñeco de porcelana que se rompería al menos golpe. La habitación estaba establecida de tal manera que era fácil pensar que alguien realmente vivo la habitaba, era un cuarto bastante grande que se componía por una lujosa cama con dosel, una mesita de noche al centro, donde habitualmente se colocaba una vela o lámpara de gas, en el rincón que se figuraba más oscuro y alejado de la escalera se hallaban varios libreros y un escritorio con montones de papeles con un orden bastante pulcro. Sólo el ataúd desentonaba.
Giorno y Jonathan tomaban en esta habitación la merienda y posteriormente la siesta. Dio, como se podrá imaginar, no dormía, sólo contemplaba sus rostros serenos mientras descansaban, acción que incomodaba a Jonathan enormemente. Apenas soportaba la presencia de "su esposo", tener su horrenda mirada sobre él, sus gélidas manos acariciando su cara, besando sus mejillas, tener sus brazos rodeando su cuerpo mientras besaba la frente de Giorno, le causaba tal repugnancia que pensaba inútilmente en maneras de asesinarlo, de escapar y mantenerse lejos de él por el resto de su vida. Dio era la personificación del mal y él su enemigo declarado.
Cuando Giorno despertaba se producía una situación que a Jonathan le causaba una vergüenza inigualable que al instante trataba de no rememorar nunca más. La sierva favorita de Dio bajaba de nuevo sólo para llevarse al infante a la primera planta para su hora de juegos. A su señor esposo no le gustaba esperar, en cuanto los dejaran solos lo usaría hasta saciarse de él, algunas veces lo hacía hasta el anochecer. Lo tomaba sin tregua ni consideración alguna, y Jonathan se perdía en sus perdía en pensamientos banales que le distraían del dolor y en ocasiones del placer. Las primeras veces lloró, debía admitirlo, derramaba lágrimas amargas hasta dormir, pero la costumbre trae sus consecuencias, con el tiempo, cualquier cosa que no perjudicara directamente o estuviera relacionada a su hijo Giorno le era indiferente. Añoraba a su esposa y extrañaba a su hijo. Fueron muchas las ocasiones, después de haber descubierto que tenía poder sobre la opinión de Dio en la intimidad, en las que trato de obtener su libertad, no se enorgullecía de sus métodos pero lo intentaba cada vez con más determinación pero Dio Brando se rehusaba cada vez más rotundamente. Era su esposo y Giorno su hijo, tenían que estar con él. Eran una familia.
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Hey, creo que debo pedir una disculpa por no haber publicado nada en tanto tiempo. No soy constante con lo que escribo, entre otras cuestiones que me dificultan un poco mi proceso creativo(???). Sin embargo, ahora que sé más del fandom y he elegido algunas parejas voy a tratar de traer más historias. Tengo muchísimas ideas no escritas por el momento.
Se suponía que este fic sería un one-shot, pero las cosas se me fueron de las manos (de lo cual no me arrepiento en cierto modo) así que no sé exactamente cuantos capítulos tendrá. Me encantó el resultando final y la nueva idea, aunque un tanto cliché, no deja de animarme a seguir escribiendo.
Gracias por leerme, personita, me siento honrada y espero que disfrutes de la historia.(Sería genial si comentaras sugerencias u opiniones *guiño, guiño*).
P.D. N. Corregí una pequeña parte de la historia, gg, sorry. Esperen nuevo capítulo pronto.
P.D: Sigo corrigiendo errores lol
All the love.
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La familia Brando
RandomDio logra reunirse con su familia. (AU. No hay hamon ni stands para los Joestars)
