Yo, Napoleón, soy el amo supremo de la especie suprema, o lo que viene a ser lo mismo, soy un gato. En este día de hoy la especie suprema, o lo que viene a ser lo mismo, nosotros los gatos, hemos abandonado las sombras para demostrar a la humanidad quiénes son los amos, pues hemos logrado derrotar a esas estúpidas y primitivas bolas de pelo y babas que os protegían a las que llamabais perros.
Guardemos un minuto de silencio para nuestros congéneres caídos en batalla, por esos héroes anónimos que dieron su vida por la causa. Por ese gato hasta arriba de catnip que perdió la vida por entrar a robar el pescado equivocado en la casa equivocada. Por el gato que perdió la cola huyendo del pastor alemán del vecino del 15 o por el gato anciano gato ciego que confundió el quinto piso con el décimo, cayendo en la infernal guarida de los Yorkshires Terrier. Porque nuestra mente prodigiosa y nuestra poderosa agilidad nos hacen ser extremadamente escurridizos y un duro rival, pero todo gran héroe ha tenido en alguna ocasión algún momento de debilidad.
Aunque no lo recordéis, tal y como nosotros hemos querido, desde hace milenios sois nuestros esclavos. Nos habéis servido desde tiempos inmemoriales. Durante la época de los grandes faraones, adorasteis a la gran diosa Bastet y erigisteis pirámides en nuestro honor pero dejamos que pensarais que erais los amos del mundo para que esas bolas de pelo comedoras de caca que os han jurado lealtad bajaran la guardia.
Hoy, tras nuestro gran golpe maestro, os hago partícipes de toda la verdad antes de que vuestra patética civilización llegue a su fin. La hegemonía del hombre y el perro ha llegado a si fin. ¡Adorad a vuestros señores felinos y someteos a nuestra voluntad!
—¡Hey Misifuz! ¡Aparta de ese espejo si no quieres romperlo! Deberías poner una bolsa en esa horrorosa cabeza tuya para que no me dé in infarto cada vez que me levanto por las mañanas—. Interrumpió mi ensayo de discurso de investidura esa mole de carne y plumas a la que mi esclava llama Piko y a la que yo suelo llamar Cena. Como cada mañana la bola de grasa me lanza varias de sus pipas para intentar hacerme enfadar.
—¡Napoleón! ¡Llámame Napoleón! ¡Y quédate quieto bola de grasa o te convertiré en mi próximo aperitivo!
Al oír la palabra aperitivo, el loro abrió la puerta de su jaula y salió volando hasta la alacena. Del último cajón, sacó una bolsa de ganchitos que empezó a devorar.
—No pienso perderme el espectáculo.
—Así que quieres volver a escuchar mi discurso de investidura como Señor del Mundo. He de admitir que he repetido demasiado la palabra amo y especie suprema pero me gusta más que las acepciones de jefe y dechado de la naturaleza. Quizá dándole más énfasis a lo de amo y llevando una corona de laurel aparente ser más espectacular ¿Qué opinas bola de grasa?
El pajarraco agarró un ganchito y lo devoró mirándome fijamente. Luego picoteó los restos de suciedad que quedaron adheridos a sus patas.
—En vez de un discurso de dominación mundial deberías hacer un acto de despedida de tus pelotas.
—¿MIS QUÉEEE?
—Ya sabes, tus canicas Tu carnet de padre El ama va a llevarte hoy al veterinario.
Lancé una mirada furibunda a la criatura insolente acompañada de un bufido. El pájaro diabólico volvió a sus chucherías sin inmutarse.
—Bola de Grasa tienes suerte de encontrarme de buen humor, pues la Era de los Gatos se acerca, pero el día que ascienda a mi trono tú serás el platillo principal
Bola de Grasa hizo caso omiso. Guardó los ganchitos en su lugar y regresó a su jaula. La puerta de la sala se abrió de par en par, dejando paso a mi esclava de sesenta años. Vestía el traje azul de los domingos y portaba la cestita de viaje. Con una alegre sonrisa se acercó a rascarme tras las orejas.
—¡Estás aquí Misifuz! ¡Mi querido Misifuz, lo siento tanto! Hoy te llevaré al veterinario, pero cuando volvamos abriré esa latilla de caviar que tanto te gusta.
Al escuchar la palabra veterinario tragué saliva y ericé el lomo de terror. El maldito pajarraco tenía razón.
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Los amos del mundo
HumorYo, Napoleón, soy el amo supremo de la especie suprema, o lo que viene a ser lo mismo, soy un gato. En este día de hoy la especie suprema, o lo que viene a ser lo mismo, nosotros los gatos, hemos abandonado las sombras para demostrar a la humanidad...
