Prólogo

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A Kizoku parecía gustarle la tormenta que azotaba esa noche en el templo, a pesar de ser una recién nacida ya encontraba fascinante la furia que desprendía el carácter de la naturaleza, era simplemente hermosa, su madre no hacía más que admirar la belleza que emanaba de su pequeña creación, lo hacía a pesar de que el ruido que venía de los truenos, la lluvia y las goteras parecían querer silenciar el llanto de la bebé que yacía en los brazos de su madre, una sacerdotisa a la que habían abandonado nueve meses atrás, no es tan curioso cuando comprendes la preciosa deshonra que esta había cometido, la muerte sonaba mejor castigo que perder la flor de castidad de una mujer, aun habiendo sido una violación por parte de un militar que engañó a la pobre joven para robarle la pureza y abandonarla en su propio templo, agonizante, avergonzada, triste y sola, y aun después de tan terrible acto aquella mujer seguía teniendo un inocente brillo en los ojos suplicantes de clemencia y perdón. Aun con su niña en brazos la madre no paraba de pensar en la noche en la que fue concebida, y mientras más la miraba más tenía claro el significado del nombre de la pequeña, Kizoku significa nobleza, la virtud de ayudar a otros sin un fin de propio interés. “Te quiero bendecir con el milagro de la vida Kizoku, quiero que aprendas sobre la pureza de las acciones de una sacerdotisa, quiero que a mi edad sigas siendo un lirio en la castidad que te mereces, me aseguraré de que crezcas dedicada al significado de tu nombre, mi amada Kizoku.”

El tiempo fue fluyendo y Kizoku dominaría el arte de los augures y las sacerdotisas con mera rapidez, leía el fuego a los tres años y con nueve ya purificaba hogares malditos, cumplía con el deber de la madre y maduró muy deprisa admirando a los dioses y a los espíritus de la naturaleza tal y como le habían enseñado, creció sin amigos y solo hablaba con su madre, era una chica tan ensimismada que parecía no darle importancia, además se dedicaba día y noche a meditar y a entrenar para convertirse en una médium de categoría, parecía ser la única ambición que rondaba su cabeza. Poco después de cumplir los veinte años una noche tranquila se convertiría en la causante de su segundo llanto después de su nacimiento, Kizoku se levantó del futón inquieta, en su rostro la única señal de esto era una palidez propia de un muerto, corrió hasta la cascada cercana al templo y contempló a su madre muerta al lado del agua, las lágrimas corrían a través del rostro de Kizoku a la vez que observaba como la sangre de su madre teñía las aguas de un color bermellón oscuro, la mujer emanaba un aura maligna que hizo que Kizoku convocara un grito ahogado que quería silenciar al resto del bosque, fue la última vez que lloró, dejó que su madre fluyera con la corriente hasta encontrase con el mar y así, con la paz que se merecía, rezó por su alma y volvió al templo, derrotada por un demonio de identidad desconocida. Desde aquel día ha vivido sola en el templo perfeccionando con más ahínco sus habilidades de médium para honrar la existencia de su madre.

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⏰ Last updated: Aug 30, 2018 ⏰

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