Viernes, 7 de la mañana, sólo llevaba dos semanas y cada día se me hacia más difícil levantarme temprano, era un enfrentamiento entre dormir más o disfrutar mi nueva y temporal rutina.
Mientras tomaba las fuerzas para dirigirme a la ducha recordaba esa palabra, "Injusto" lo primero que se me vino a la mente al escuchar como con tanta autoridad mi papá decía "tienes vuelo el 11 de julio" la vida ya me estaba preparando para un nuevo camino con drásticos cambios y para mi desgracia los cambios no eran algo que me apasionara.
Ahí la primera novedad, madrugar, luego de haber estudiado casi dos años después de las 2 de la tarde era una de esas mezquinas consecuencias de los cambios.
Pese a mi molestia, ahí estaba, manteniendo la compostura y la voluntad camino al instituto, mientras trataba de no odiar el mundo, las alarmas y el transporte público. Mientras trataba de mantenerme de pie en el tren, pensé que madrugar no era tan malo si iba a ver a ese definitivamente no guapo pero particularmente embeleso Árabe, que por cierto ni su nombre conocía, pero que sin embargo, al ser la primera sonrisa adolescente que me fue brindada en ese desconocido e intimidante lugar, me cautivó. Reí al darme cuenta lo sarcástica y egoísta que era al pensar en lo poco que me importaba mi noviazgo con Samuel "Sin importar la distancia y todas las adversidades que nos traería el estar separados por tanto tiempo", ya me estaba gustando alguien más, ya me estaba dando cuenta que no iba a dejar mis andanzas y desafortunadamente otra vez me había equivocado al pensar que él era el hombre de mi sueños y mi principe azul, no estaba enamorada y me divertía saber que el amor seguía batallando con mi hostil, egoísta, vago, negligente y nada serio corazón. Disimular la risa no es uno de mis talentos.
"Quiero bailar con el bigotes" le dije entusiasmada a mi ya querida amiga Barbara, al enterarme que saldríamos de fiesta esa noche. Una luz en medio de mi desgracia, salir de fiesta y embriagarme si que era una de mis putas pasiones, los cambios no son tan malos cuando de cambiar de discotecas se trata.
Esa noche estaba segura de lo mucho que me divertiría, después de esperar en la línea, al fin me encontraba con mi nueva pero muy conocida zona de comfort.
Para mi desgracia, el alcohol no me fue permitido debido a mi edad, sin embargo, no fue algo que me detuviera para tener la primera mejor noche de mi estadía en este país, conocí más personas increíbles. Admiraba como a Valery le importaba poco la opinión de los demás y bailando con varios chicos, gozaba cada segundo de la noche.
Y ahí estaba bigotes, con unos bueno movimientos que llamaban la atención de cualquiera que pasara a su lado, después de un buen rato se acercó.
¿Cuál es tu nombre?, preguntó. Sentí cómo me erizaba su cercanía pero sin rechistar, respondí casualmente, "Dakota, ¿que hay de ti?"
"ABDULLAH" así, con mayúsculas, pensé, este chico iba a ser alguien único en mi vida.
Mientras bailábamos, se acercaba poco a poco, de repente me tomó de la mano y me llevo al centro del club, me sentía diferente, única, sentía que con él a mi lado resplandecía, en ese momento solo pensé en nosotros, solos en un lugar especial; pero para ser honestos, estábamos siendo apachurrados por cientos de personas muy ebrias y sudadas.
Besó mi mejilla y como era de esperarse, se acercaba cada vez más a mi boca, lo deseaba pero como si fuera una bofetada por parte de mi sentido común, algo de realidad vino a mi mente y pensé en Samuel, no merecía que le hiciera algo como eso, así que esquivé a bigotes y sorprendido por mi reflejo, me miró atónito con sus bonitos ojos negros y largas pestañas.
"Hey no, te acabo de conocer y así no funcionan las cosas" mentí.
"Lo entiendo, tienes razón, lo siento en serio" Sonrío apenado y me ahogué con su perfume mientras me abrazaba.
No pude dejar de pensar en bigotes ese domingo, nunca antes había estado tan ansiosa de madrugar y llegar al instituto.
Llego el lunes y finalmente, muy entusiasmada, estuve esperando la hora del almuerzo para así poder verlo, sin embargo gracias a mi suerte no había señales de Bigotes a la hora del almuerzo.
En las últimas 3 horas de clase no pude concentrarme, fantaseaba con Abdullah y eso me dolía un poco al pensar que iba a lastimar a Samuel, quien realmente no se lo merecía.
"Dakota, deja tu traga, ya se termino la clase, nos quedaremos sin boletos" decía Barbs haciendo que reaccionara.
Al día siguiente habría una pequeña fiesta en la playa para recaudar fondos, todo el instituto iría y los boletos no eran muchos, así que Barbie muy entusiasmado, corrió a comprar los tickets.
Me sentía de mal humor, siendo honesta estaba muy confundida, mis sentimientos hacia Samuel había sido muy puros hace dos semanas y ahora todo lo que proviniera de él me molestaba. Mientras bajaba escuché a mi amiga gritar al final de la escalera "Daks nos falta un dólar, apúrate"
Cuando llegue al vestíbulo, donde estaban vendiendo los boletos, lo ví, ahí estaba bigotes, siendo gracioso, encantador y muy coqueto. Aunque me derretía y me moría por besarlo, lo único que salió de mi boca fue un simple y nada amistoso hola, por otro lado el fue un poco más dulce pero tímido "¿Cómo estás hoy?"
Estaba a punto de contestar cuando mi amigo me interrumpe pidiéndome el puto dólar faltante.
"Barbs abre mi mochila, tengo un montón de monedas" le dije sin perder el contacto visual con Abdullah.
La secretaria interrumpió nuestro momento, debíamos firmar una planilla de asistencia, era mi turno, estaba muy nerviosa, garabateé mi nombre y entregué la hoja.
"Linda letra" su voz era tan hermosa, ese acento tan particular me tenía en las nubes.
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Elevada
RomanceViviendo una realidad llena de sorpresas y muchas nuevas experiencias
