Prólogo.

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El invierno había llegado a Japón y el cielo aún frío se miraba espléndido. Las noches eran cómodamente frescas y la luna gélida comenzaba a mostrarse más seguido. La ventisca natural cual oleaba los cabellos a más de uno podía hacerse notar rápidamente. Además de que las nevadas no tardarían demasiado en arribar el país, pues se había anunciado que un tosco invierno llenaría la región.

Por esta razón, un pequeño albino caminaba tembloroso hacia su casa con pasos de prisa. Pensando que no quería quedar atrapado en la blanquecina escarcha si esta llegaba a presentarse de imprevisto, pero por alguna razón, el chico quién festejaba mentalmente por estar a pocos metros de su acogedora vivienda, paró curiosamente.

Se detuvo para observar una caja, caja cual se veía demacrada y mojada. Ese pedazo de cartón ya no servía para nada, pero el chico no paró solo para observar aquello. Había escuchado algo dentro de esta, algo que llamó su atención.

Con prisas abrió la caja y, tal como el supuso, lo que se hallaba en esta era un gato. Aquél pequeño parecía haber estado allí un largo tiempo, temblaba sin cesar y maullaba por consuelo cuando vió que el de pelos blancos le tendía su mano para acariciarlo. Su pelaje era de textura suave y de color blanco, sus ojos eran de un carmesí que brillaba a toda luz y, lo que más se destacaba, era la cicatriz que en su ojo encontrabas.

Mafumafu estaba perplejo por la belleza del animal, por lo que decidió agarrar a este y llevarlo a su casa para que pueda tener algo que lo caliente. 

–Descuida pequeña, ahora tendrás un nuevo hogar. Ya no pasarás frío...– Soltó el peliblanco de sus amables labios y, con una cálida sonrisa, lo acurrucó entre su polar mientras caminaba hacia su vivienda.

Cuando este ya había arribado a su morada, dejó cuidadosamente al animal en el sofá a cuadros que veías a penas entrabas a la casa. La decisión de Soraru de comprar aquél no fue la mejor.

El albino se desvistió de las ropas polares y fue derecho a su habitación, encontrándose con su pareja haciendo algún live que tenía programado.

–¿Soraru-san, podemos hablar un poco?– Preguntó en un tono bajo desde la puerta luego de tocar esta, procurando que solo él mayor lo haya escuchado.

El susodicho se sorprendió por un momento y luego volteó la cabeza para ver al menor. Este asintió y dió una seña de que en cinco minutos terminaba el Live, mafu asintió de igual manera y se fue a donde la pequeña se encontraba.

Mientras Mafumafu esperaba se sentó al lado de su nuevo amigo y lo miró detenidamente, era muy hermoso veas por dónde lo veas. Pues ese pelaje sedoso y de colores pastel resaltaban mucho en el animal, además de sus grandes ojos cuales brillaban.

Luego de unos cortos cinco minutos, el de oscuros cabellos azules ya había concluido su live, por lo que se dirigió con su compañero a penas apagó la PC.

Con pasos calmados llegó a la sala principal y se recostó en aquél sofá  junto con Mafu, quién en esos cinco minutos había caído dormido. Cosa que era de esperarse ya que se había despertado muy temprano.

Cuando el mayor intentó tocar suavemente la mejilla de su pareja, una pequeña garrita se asomó y rasguñó a Soraru. ¿Qué era lo que había traído? Se preguntó mientras acariciaba su mano adolorida.

La pequeña criatura se dejó ver por completo cuando se posó sobre mafu a la defensiva. Pues el gato parecía haberle tomado cariño al peli blanco.

- T-Tranquilo pequeñita, no le haré nada malo.- Dijo levantando sus manos ante la enojada gata que lo miraba asesinamente.

En ese momento, Mafu se despertó por el movimiento de la felina encima de él.

- ¿Hmm? ¿Soraru-san?- Masculló el albino adormilado e intentó buscar al nombrado con la mano.

-Ah, Mafu. Buenos días...- El peli azul levantó a este suavemente y lo posó en su regazo para esperar un poco a que se despertara.

Mientras tanto, la minina solo veía con enojo a soraru desde una parte del sofá, estaba claro que no le agradaba en lo más mínimo.

-Buenas~... ¿Ah...? Hm, ¿Y Mahiru?- Preguntó aún dormido y frontando sus ojos.

- Si te refieres a la pequeña gata que me está mirando con odio, pues está a tu lado.- Rió un poco al decir aquello.

- ¿Eh? ¡Ah! So-Soraru san, esto...- Por lo repentino de la situación, Mafu no encontraba las palabras para explicar lo sucedido por lo que se escondió en el pecho de su pareja.

- ¿Estás enojado conmigo...?- Levantó la cabeza y miro a Soraru con ojos cristalinos, pues pensó que se enojaria con el por traer a Mahiru.

Soraru rió nuevamente y suspiró, ese pequeño era muy impredecible con lo que podía hacer.

El azul levantó una mano y palmó la cabeza de Mafu mientras sonreía un poco.

- Tranquilo, no estoy enojado. Estoy seguro qué la trajiste porque estabas preocupado. ¿No?-

El albino asintió sonriendo de punta a punta, estaba feliz de que Soraru lo haya entendido.

- ¡Sí! Y Hm... ¿Po-Podemos cuidarla hasta que encontremos a su dueño?- Dijo algo nervioso, no quería que le dijera que no.

El mayor lo pensó, la gata tenía un collar por lo que seguro tenía dueño, mantenerla hasta encontrarlo no era mala idea.

- Está bien, pero hay que asegurarnos de cuidarla bien e imprimir carteles para pegarlos en las calles ¿Está bien?-

-¡Unn!- Dijo emocionado, junto con un "Meow!" Por parte de Mahiru.

Tiempo después, los dos fueron a comprar lo necesario para la gata y empezar a cuidarla juntos. Una vida algo desastrosa les esperaba a los dos...

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¡Hola!

Gracias por pasarte a leer esto . ^^

Los capítulos serán cortos pero serán muchos, ...o al menos esa es mi idea. (?)

Todavía no soy muy buena escribiendo, pero espero que les haya gustado.~

Seguiré actualizando si esta mini historia les agrada, comenten si es así.

De nuevo, gracias por leer, chao.~ <3

¬A problematic kitty.¬Stories to obsess over. Discover now