Capítulo I

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La calle se extendía a lo largo de mas de cinco cuadras, completamente vacía al igual que sus miles de fabricas abandonadas, donde  alimañas se escondían destrozando lo poco que quedaba del lugar.

Toda aquella zona había perdido su esplendor, destrozada por una época de mala economía y la creciente tecnología. Pocas personas estaban dispuestas a gastar su dinero comprando alguna propiedad en aquel sitio, simplemente no había manera de invertir en un lugar tan peligroso.

Sin embargo, en aquel lugar se encontraban algunos bares entre otros negocios del bajo mundo, donde pocos eran los que acudían.


Judith dio un empujón a la puerta trasera tropezando con el barandal medio ebria. Elián —su tutor desde hacía algunos meses— la había invitado a beber para celebrar su acelerado avance a pesar de ser una novata, pero al final la había dejado esperando en la barra de bebidas por una chica de cabello plateado.

El clima frío acariciaba sus piernas mientras se envolvía un poco mas en su gabardina. La calle estaba húmeda por donde se miraba, el cielo gris y encapotado le decía que llovería pronto si no se apresura.

El ruido de sus zapatos se escuchaba en todo el lugar. Como una película policial en la parte en la que una chica sola en una calle a medio iluminar es perseguida hasta su muerte por un hombre no identificado. 

La poca luz solo lo hacía mas vivido todo, pero no tendría por que temer...

¿No?

Siente su corazón acelerado pero se mantiene impasible, como su madre cuando la miraba mientras lloraba.

Su madre. Aquella mujer tal vez ahora esté más tranquila, con toda su enorme casa solo para los gemelos. Aun puede verla sentada en su jardín con sus amigas comiendo galletas rancias.

El rostro de su abuela venia a su mente entonces. Desapareció antes de que pudiera contarle aquel primer sueño extraño. Pero claro, aquellos sueños extraños la habían llevado ahí desde el principio.

Todo había comenzado aquella noche que se acostó en su cama y sintió las frías sabanas contra su piel, simplemente aquel día estaba vacío, nada durante el día había sido demasiado relevante para seguirla en sus sueños. Por eso, aquel sueño era del todo extraño, sudaba y corría por calles que jamás había visto ni se parecían a cualquiera que hubiera visto, mientras su corazón acelerado le pedía que se apresurara un poco más, sentía el miedo palpable en sus venas y todo alrededor parecía apagado, pero era difícil percatarse de que ni la luna ni las estrellas ni la oscuridad del cielo eran como siempre. 

Un único pensamiento recorría su mente, luchar o huir.

Por eso se escondía entre las casas, buscaba ropa extraña y reía en silencio con sus compañeros que huían al igual que ella. Aunque jamás se pregunto porque lo hacían y de quien, ni tampoco quienes eran ellos y porque no eran de la misma edad nunca. Parecían constantes aventuras con desconocidos y poco a poco era divertido. Ahí podía agudizar sus sentidos, correr, mantener la calma y aprender a usar todo como un arma.

Poco a poco se había acostumbrado, en ocasiones podía arrebatarles aquellas armas extrañas, era mas rápida y diestra mientras recordaba mas detalles vívidamente, aunque nunca terminaba de despertar dentro de ellos. Nunca podía ser sueño lúcido. 

Solo podía describir todo aquello con una sola palabra.

Extraño.

Una noche lo comprendió todo. Era un sello, aquel detalle se hizo más claro en un sueño. En aquel gato de aspecto extraño que la miró fijamente mientras sus pupilas se derretían y caían como ácido verde al suelo, a esas alturas ver cosas así de extrañas era sumamente normal pero había despertado jadeando, eso era lo mas extraño. Entonces la palma de su mano izquierda ardía en sobremanera, aquel símbolo se quemaba en su piel en un tono rojo traslucido.

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⏰ Last updated: Jun 24, 2021 ⏰

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