Sesion I

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Siempre la veía.
Se recostaba en el mismo árbol rugoso. Su cabello dorado caía por sus hombros y sus palidas manos sostenían un libro.

Desde hace 10 años que la veia a hacer eso. Siempre iba sola, nadie la acompañaba. Una vez pensé que no la iba a ver más, pero la vi pasar con su bufanda roja y su mochila de cuero marrón.

Los días que llovia, se la podia ver desde el cafe de la esquina. Se sentaba en ese árbol con un paraguas negro y comenzaba a leer.

La primera vez que la vi pensé que me estaba volviendo loco, pero decidí evadir ese pensamiento. Comencé a venir todos los sabados a la plaza. Solo con verla sentia que estaba seguro.

No me pregunten el por que de esa sensación, pero se habia vuelto una necesidad y una costumbre. Me trasmitia seguridad, esa seguridad que hace mucho no sentía.

Cuando la semana comenzaba estaba tranquilo porque la habia visto hace poco, pero los miércoles la desesperación comenzaba a crecer.

Nunca le hable de esto a nadie. Ni siquiera a mi esposa o mis amigos. Era algo mio, algo que solo yo sabia.

El día que pensé que no la iba ver más, sentía que lo había perdido todo. Alguna vez, ¿ sentiste que haciste todo mal? Bueno, yo tenía esa sensacion, pero multiplicado por diez mil.

Recuerdo todavia que conté hasta cincuenta. Cada vez que sentia que iba a tener un ataque, comenzaba a contar. Pero ese día no tuve un ataque, cuando llegue al último número, la vi pasar. Su cuello estaba envuelto en su bufanda roja, su mochila tenía algunas gotas encima y en su mano se sostenia un paraguas.

Estaba igual que siempre.

El día que me entere de mi enfermedad, fue un sabado a la tarde. Recuerdo haberme levantado a la media noche e ir hasta la plaza. Me sente en una banca, y mire el árbol. Ella no se encontraba allí.

Estuve ahi unos minutos, en el momento que me estaba por ir escuché pasos. Al voltearme, ella pasaba por mi lado en direccion al árbol.

Cuando se sentó estiró sus piernas, saco de su bolso un libro, acomodo algún mechon por detras de su oreja, recosto su cabeza en el árbol y puso su mano arriba del paraguas. Era lo mismo todos los sábados, pero ese momento eran pasadas las doce y ya no era sabado.

Esa noche, ella antes de prestar atención al libro me vio. Me miraba inspeccionando cada detalle de mi rostro.

En un momento, su vista se quedó fija. De su cara broto una sonrisa y abrio la boca.

Pensé que nunca más volvería a escuchar esas palabras. Senti como que si el corazón se me estrujara. Me sentia lleno de culpa.

Comencé a llorar, no podia evitarlo. Habia añorado por mucho tiempo escuchar esas palabras. Alguna que otra vez me desperté gritando por miedo. Por miedo a olvidarla a ella y a su voz.

Esa noche, termine en el hospital. Fue la noche que casi caí en coma.

Nunca me voy a perdonar, no haber ido a abrazarla y haberle pedido perdón. No haber corrido y decirle lo que la amo.

-Frederick, ¿Qué fue lo que le dijo?

-Sus palabras fueron claras.

-¿ Cuáles fueron?

-"Hola papá"

FreddWhere stories live. Discover now