Respira

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Como todos los lunes, levantarse de la cama era un gran reto para todo el mundo, pero aun más si tenías que cuidar de tu hermano pequeño y trabajar hasta las tantas de la noche. Aquel lunes, no fue normal para Martina, no se encontraba muy bien debido a la noche del sábado anterior que pasó junto a sus amigas. Muchas veces se repetía a ella misma que no volvería a probar ni gota de alcohol, pero llegado el momento con el auge de la fiesta siempre se tomaba alguna que otra copa demás.

La cabeza le iba a explotar en cualquier momento, pero sabía muy bien que tenía un largo día por delante. Después de estar un gran rato arreglándose y preparar el desayuno, se dirigió acompañar a su hermano al instituto. Aquel instituto era de esos donde van los "niños ricos" que por fortuna, su hermano consiguió una de las tres becas que ofrecían para los mejores estudiantes. De camino al trabajo, compro como de costumbre uno de esos cafés que le devolvían a la vida, pero una vez llegó a aquella humilde oficina se encontró con un ambiente muy alborotado que no le dio muy malas vibraciones. No le esperaban buenas noticias, por eso decidió ir en busca de su amiga Verónica, la cual no tenía muy buen aspecto pero ella no sabía si era por lo sucedido o por la resaca.

Verónica con cara de pocos amigos, le explico lo sucedido. Que ni más ni menos, la empresa había quebrado y que ninguno de sus empleados iba a cobrar el finiquito. Aquello dejo a Martina estupefacta ya que tenía muchas cosas con las que lidiar todos los meses y sobretodo cuidar de su hermano. A partir de ese preciso momento, empieza un largo camino que deberá recorrer para poder sobrevivir a muchas injusticias, tomar grandes decisiones y no perder a su hermano.

Los buenos días no son tan buenos, cuando te levantas sin trabajo, con un hermano adolescente del que cuidar y muchas facturas que pagar a final de mes. Varios días después de la mala noticia de su antiguo trabajo, Martina se decidió encontrar un trabajo en el cual ella tenía mucha experiencia, pero no dieron frutos sus búsquedas, así que decidió buscar empleos en los que la suma total del mes seria mucho inferior a la que ella había cobrado anteriormente durante tres años, en los que había llegado a ser una de las mejores de aquel pequeño buffet.  Efectivamente, como podéis ver, es abogada. Toda su vida luchó por llegar a serlo, era su mayor sueño. Aquellos años en los que estuvo en la universidad fueron los mejores de su vida, pero también los más duros.

Después de hacer una reflexión mental para sí misma, cogió la carpeta  donde tenía todas sus hojas bien ordenadas y salió en busca de un nuevo trabajo, después de haber acompañado a su hermano. Cuando salió para ir directa al coche, iba tan ensimismada que no se dio cuenta y casi se la lleva por delante una moto, el susto fue monumental, por ello que cuando llego al coche se permitió unos minutos de relajación en los que poder centrarse y tomar su rumbo de nuevo. Una vez se incorporó al tráfico, la cabeza le iba a mil por hora, pensando en todo lo que podría perder si no encontraba un trabajo de inmediato. Alejada del mundo con sus propios pensamientos, no vio un semáforo que acababa de cambiar a rojo, con tan mala suerte que le dio un fuerte golpe al coche que tenía delante. El golpe no fue muy fuerte, pero el airbag llegó a salir. No sabía que había ocurrido y al bajar la vista y ver sus manos temblando, volvió a la realidad y notó como algo liquido resbalaba por su frente y tenía un buen arañazo en el brazo izquierdo. Aún con la vista un poco borrosa, se centró en el coche de delante y comprobó que tenía varios rasguños que costarían bastante dinero en arreglar. Entonces se percato que había un hombre al lado de la parte delantera observando lo mismo que ella. Al analizar varios minutos los rasguños que tenía su caro coche, se giró hacia ella muy furioso. Martina, asumiendo todo lo que acababa de pasar, no deparó de que había alguien al lado de su puerta, con lo que al coger un poco de aire y soltarlo, para poder tranquilizarse y acabar con esto cuando antes, abrió la puerta y se topó con unos ojos azules que en ese preciso momento, todo lo cambiaria o eso pensó ella al menos. Pero cuando se fijo en la expresión de su cara, no sabía que decir ni que hacer. Esto es algo normal, que suele pasar alguna que otra vez, por ello que  ella no esperaba esa reacción. Estuvieron unos minutos mirándose sin saber que decir, ella lo analizó de pies a cabeza sin encontrar ningún tipo de magulladura, como las que tenía ella. El hombre al darse cuenta de que ella no iba a articular palabra decidió hablar sin pudor. Y mirándola como si fuera el propio demonio le dijo:

-Dame los papeles del coche y así zanjaremos esto cuanto antes.

Martina sin articular palabra, algo confusa y mareada, buscó los papeles y se los entregó. A la velocidad de la luz, es decir poco, aquel extraño  cogió los datos y le devolvió los papeles de mala gana. Se volvió hacia su coche y se marcho a toda velocidad, sin despedirse y ni siquiera preocuparse por el estado de ella.

Martina como pudo condujo hasta el hospital más cercano, algo mareada y aturdida. Al llegar a la puerta de urgencias, unas enfermeras la miraron con cara de terror y fueron en el momento justo hacia ella, antes de que se desplomara en sus brazos. Cuando por fin pudo abrir los ojos de nuevo, no recordaba donde estaba ni él porque. Entonces vislumbro una pequeña figura sentada al lado de la ventana, pero con la poca luz que había en la habitación no sabía reconocerla. Fue justo en el momento, cuando aquella figura se levantó y se acerco a ella, y sin decir una palabra ella reconoció aquel rostro juvenil que tanto quería, era su hermano Pablo.

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