Sé que la vista se te nubla en las mañanas y que acá el frío sabe amargo, pero ¿quién es parte de lo que el viento deja atrás para amargarle la vida a un inquilino?
Inquilinos éramos dos, ahora tres, más tarde serán cuatro. Bajo el techo de la madriguera duermen los incautos. Y es que no existe amistad si no hay incautos. Desconocidos, nos encontramos de sorpresa, y recuerdo que nos robábamos el cariño cuando compartíamos la vida, el vino y el pan en la misma mesa.
Y ahora volvemos a pisar tierras extranjeras, y a mares de kilómetros, nos encontramos con otros tantos incautos buscando ocultas las verdades bajo las piedras.
Deseo que la tierra del desierto que ahora pisas sepa que el viento también acarició tus cabellos allá en el sur. Que la brisa esculpió el silencio con la forma de una melodía en cromatismos de luz.
