Capítulo XV

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Me desperté al día siguiente abrazada a... José? Joder, él no, pensé. No conseguía recordar nada. Malú no aparecía por ninguna parte. Pregunté a todo el mundo, bajé a recepción hasta que me dijeron que ya se había ido del hotel. Le dije a José que me llevara a Barcelona de inmediato. Fuimos en su coche, pero esta vez sí tuvimos conversación.

-Oye, qué pasó anoche? Dime la verdad, porfavor.

-Veras... bebiste mucho y discutiste con Malú. No quisiste dormir con ella, tan solo querías meterte en mi cama. Ella se fue enfadada con los dos. Estabas muy cariñosa, pero no pasó nada más, aunque ella no piensa lo mismo.

-Joder José, lo siento de verdad. Llévame con ella, que estúpida soy. Lo siento.

-Tranquilízate, ahora ni quiere verte a tí, ni a mí. Te llevaré a tu casa y mañana los dos hablaremos con ella.

-No, quiero ir a su casa. Aunque no quiera verme, esperaré lo que haga falta.

-Estás segura de lo que dices?

-Vamos.

Llegamos a su casa, llamé y llamé. Sabía de sobra que era yo y no abría. Ni siquiera tenía fuerzas para gritar por su ventana como la última vez, tan solo me limité a esperar. No paré de llamar a su teléfono, sabía que seguía estando allí. Empezaba a hacerse de noche, pero no iba a moverme de ahí por nada del mundo. José me llamó, cuando le dije que llevaba más de siete horas frente a esa puerta quiso venir a por mí, pero me negué rotundamente. Estaba dispuesta a esperarla el tiempo necesario. A la hora que era hacía ya frío, parecía que iba a llover. Y así fue, cada vez iba a más. Volví a llamar a su puerta, llamé muy fuerte.

-Vete de aquí, está lloviendo.

-Me da igual, perdóname.

-Te perdono, pero vete.

-Abre, que hace frío.

-Vete.

-Sácame una manta para esperarte agusto, al menos.

Entonces abrió la puerta y me vió tiritando y completamente empapada, pero sin intención de marcharme de allí. Iba ya en pijama y su cara era de odio, de enfado con pinceladas de pena.

-Pasa.

Sonreí, agaché la cabeza y entré. Pasé al salón, pero ella no vino conmigo. Al momento bajó con una manta en sus brazos.

-Duermes aquí, buenas noches. Cualquier cosa, bueno, sabes dónde está todo.

-Espera. -Ni siquiera se giró, se quedó quieta bajo el marco de la puerta. -Tu hermano me lo ha contado. -No dijo nada y continuó caminando. No iba a molestarla más. -Mañana me iré pronto, tengo clase. -No respondió. Me puse la alarma y me dormí, bueno, lo intenté.

Cuando me levanté a la mañana siguiente ella ya estaba en la cocina, haciendo su desayuno. Me acerqué y saqué algo para comer yo.

-He hecho café, quieres?

-Sí, porfavor.

Nos sentamos las dos en la mesa, cara a cara. Se notaba la tensión entre ambas.

-Hace mucho que estás despierta?

-A penas he dormido.

-Yo tampoco. Quieres hablar ya?

-No hay nada que hablar.

-Sí, sí que lo hay. Bebí demasiado, sé que no es excusa, pero no era consciente. Le prometí a tu madre que jamás te dejaría, porfavor Malú.

-Mira, puedes venir aquí siempre que quieras, pero de momento lo dejamos estar así.

-No puedo verte y pensar que no puedo tenerte en mis brazos, lo siento pero no puedo. Cuando quieras volver llámame, estoy esperando desde ya la llamada. Por cierto, tu hermano no tuvo la culpla, habla con él.

Con lo puesto me fui. Pasé por mi casa y las cuatro juntas fuimos a la universidad. De momento no quise contarles nada, no tenía ganas.

Pasó un mes y dos semanas hasta que la esperada llamada entró en mi móvil. Se me hizo eterna la espera, aunque esperaría toda la vida. Fue directa, me dijo que quería verme. Quedamos a las cinco en su casa. Llamé a José por si sabía qué iba a decirme, al parecer sí se lo había contado pero me dijo que era mejor que me lo contara ella.

Agua de mayoWhere stories live. Discover now